ANA NARVÁEZ - VIGO
"Imagínate que es un jardinero el que da clases a los futuros conductores o una peluquería la que monta el negocio", plantea Antonio Bugallo, presidente de la Asociación de Autoescuelas de Pontevedra. Los profesionales de la educación vial se oponen tajantemente a la posibilidad de que se permita a otros centros que no sean autoescuelas y a personas no profesionales impartir las lecciones teóricas del carné de conducir.
El Gobierno plantea la liberalización del sector en el marco de la implantación de una directiva europea que pretende "acabar con la cultura de autorizaciones para todo", en palabras de la Vicepresidenta, María Teresa Fernández de la Vega. De este modo los centros de enseñanza teórica podrán funcionar con una simple comunicación de inicio de actividad.
El decreto ley llamado Omnibus afecta a la flexibilización de protocolos administrativos en el sector servicios, a nivel general. Lleva en trámite parlamentario desde que fue aprobado el 12 de junio. Al sector de aprendizaje automovilístico les ofende que "no se haya hecho, como en otros países europeos, una consulta a los expertos y los profesionales que se verán afectados", lamenta Bugallo.
La reacción de la Confederación Nacional de Autoescuelas (CNA) es tajante: "Con el problema de la crisis, si encima se quita una parte del trabajo a las autoescuelas, van a peligrar bastantes puestos laborales", asegura su presidente, José Miguel Báez. La implantación de esta Directiva de Servicios en la calidad de la enseñanza en la conducción, que pretende liberalizar el negocio de las autoescuelas, es "innecesaria", añade Báez, porque en España hay unas 9.000 que ya "compiten fieramente entre ellas".
"¿Qué garantías ofrecerían los nuevos conductores si se permitiese formar teóricamente a academias y otros centros no profesionales?", se cuestiona Bugallo. "¿Quién se hará responsable de las muertes en carretera? Queremos reducir la mortalidad, pero a la vez tirar a la basura todo el camino que hemos hecho para mejorar la seguridad vial", reflexiona. Y es que los últimos años se ha puesto en marcha una serie de medidas, como el carné por puntos, más radares de control de velocidad o la reforma del código penal, cuya eficacia podría peligrar con "un sistema deficiente en formación, lo cual sería tirar piedras contra nuestro propio tejado", alerta el portavoz de las autoescuelas de Pontevedra.
Respecto a la flexibilidad en la docencia que pretende imponerse, Bugallo no duda: "Pese a que la asistencia ya no es obligatoria, el 90% de los alumnos acude a clases presenciales antes de presentarse al test de la Dirección General de Tráfico (DGT)". Así, la media de intentos en España es de dos, mientras que en otros países de la Unión Europea, donde se apuesta más por la formación teórica por libre, los futuros conductores se presentan hasta 15 veces al examen teórico, según la CNA. "Esto demuestra que vamos por el buen camino, y que internet no podrá sustituir en ningún caso al profesor, que resuelve dudas. Además el aprendizaje colectivo es más eficaz", asevera Bugallo.
"La DGT ya se queja de problemas burocráticos ante la cantidad de autoescuelas y de alumnos, si se amplía el número de centros no podrá haber inspecciones ni garantías", advierte. "Todo el sector está en contra porque una flexibilización incontrolada va a perjudicar a nuestro trabajo, pero también la protección y seguridad al volante de la ciudadanía en general", añade. Así que Bugallo no descarta que los profesionales y empleados de autoescuelas se movilicen para defender sus "puestos de trabajo". "No queremos hacer un escándalo, pero si el Gobierno no cuenta con nosotros para establecer la directiva tendremos que hacernos oir en la calle", advierte. Además tiene claro quién sacará provecho de esta "liberalización": "Serán las academias en manos de sindicatos los interesados en dar las clases, si no, ¿con qué objetivo no se nos avisa con tiempo a las autoescuelas?".