C.V. - SANTIAGO
La Xunta ha descubierto el cuento de "A galiña azul", escrito por Carlos Casares en 1968. El nuevo logotipo de la red de escuelas infantiles de Galicia está inspirado en el personaje que creó el escritor para que una niña que él conocía "nunca" olvidara que era gallega. No obstante, la gallina es azul y pone huevos de colores, pero no huevos de oro, así que de momento las consellerías de Benestar, de las que ahora dependen las guarderías, y la de Educación, de la que dependerán en el futuro, tienen que apretarse el cinturón y por eso el único cambio que notarán los niños en el mes de septiembre serán los carteles que identifican estos centros.
Esta primera partida ha costado al Gobierno 22.000 euros, aunque la Xunta argumenta que, con el cambio de denominación, era necesario también el cambio en la cartelería. El resto de los materiales, no obstante, tendrá que esperar. Los niños de 0 a 6 años seguirán viendo a la casita diseñada bajo el mandato de Anxo Quintana como protagonista de los mandilones, baberos y edredones.
Beatriz Mato aseguró que responde a la política de austeridad del Ejecutivo "no gastar ni un euro más" del necesario. Aunque confesó que le gustaría que el cambio fuese ya, de entrada, total, indicó: "No vamos a desaprovechar nada. Se va a aprovechar todo lo que sea aprovechable, como mandilones o edredones, y todo lo que esté aún almacenado". "No nos podemos permitir el lujo de malgastar dinero", reiteró la titular de Benestar. No obstante, Anxo Louzao, de la CIG, considera que una nueva imagen corporativa resulta un "despilfarro".
La elección de la "galiña azul", que fue diseñada por Europublic Marketing a partir de la descripción de Carlos Casares –aunque sin las cinco plumas rojas que el autor imagina en el ala derecha del personaje–, responde, según la conselleira, a que el texto defiende valores como la solidaridad y, entre otras cosas, incluye la siguiente frase: "Para gustos fixéronse colores", lo que, a su juicio ejemplifica el "proyecto educativo" de esta etapa escolar.
La viuda de Carlos Casares y presidenta de la fundación que lleva su nombre, Kristina Berg, recordó que el cuento fue escrito durante la dictadura y que respondía a la preocupación del escritor por la "democracia".