JULIO PÉREZ - VIGO
Tan importante es garantizar la financiación de los parques eólicos y un impacto medioambiental mínimo como su conexión al sistema eléctrico para evacuar la energía. Por eso los promotores no pueden plantarse donde quieran, en cualquier ubicación, por muy buena que sea la calidad del viento en esa zona. Es una de las pegas que el nuevo Gobierno gallego le puso al reparto impulsado por el bipartito y que ayer, oficialmente, derogó. Que no pocos de los proyectos ganadores carecían de enganche. La intención de la Consellería de Industria es sentarse a analizar todas las soluciones técnicas con quien mejor conoce el transporte de la electricidad, el dueño de la red, Red Eléctrica de España (REE).
De ese encuentro, al que REE acudirá con los datos que maneja sobre la capacidad de evacuación en cada uno de los nudos del sistema eléctrico gallego y la Xunta con sus planes de ejecución para el sector, saldrán las opciones para encajar los 2.300 megavatios (MW) de la polémica con los que alcanzar el objetivo de 6.500 MW. La postura del gestor del transporte de la electricidad sigue siendo la misma. El techo de potencia es factible siguiendo la planificación energética 2008-2016 que el Gobierno central diseñó en colaboración con las comunidades –un documento que recoge las inversiones en nuevas líneas y los plazos para ponerlas en marcha– y siempre que el reparto geográfico de los nuevos parques sea adecuado. Lo dijo el presidente de la compañía, Luis Atienza, en la última junta de accionistas, y en esa idea insistía ayer Carlos García Patiño, delegado en Galicia.
La radiografía de las posibilidades de la red, que se está reforzando con nuevas salidas hacia Asturias, la Meseta y en futuro con Portugal, permitirá a la Consellería de Industria establecer la distribución territorial de la potencia que se adjudicará de nuevo con pequeños concursos por zonas sin dañar la estabilidad del sistema eléctrico. La concentración de parques en determinados nudos –generalmente, en aquellos puntos donde las mediciones de viento apuntan a una mayor rentabilidad de las instalaciones– acabaría congestionando la red. Como si en una red de alcantarillado pensada para las aguas residuales de un edificio de 20 viviendas se engancharan el doble de pisos. Las líneas tienen una capacidad limitada y funcionan como un conjunto de vasos comunicantes que siempre tienen que estar equilibrados. REE reserva sus informes para la reunión con Industria. Son ellos, dicen en la compañía, los primeros que deben de saber las opciones que hay.