JULIO PÉREZ - VIGO
La guerra de ofertas en los supermercados, la caída en picado de la cotización de los pisos, las gangas en los coches, los saldos adelantados entre los comercios del textil y el calzado... Uno a uno, prácticamente todos los sectores vinculados al consumo se han puesto de rebajas para paliar la pérdida de clientes, atemorizados por la crisis o simplemente con el bolsillo vacío tras engrosar las largas listas del paro o tocar techo con las deudas acumuladas tras años de créditos fáciles. Ni en los registros más antiguos del Instituto Nacional de Estadística constan precedentes de un Índice de Precios al Consumo (IPC) negativo. Hay que remontarse a la década de los 50 para encontrar una situación similar, con tres meses con una inflación por debajo de 0 y que en el caso de Galicia llegó al -1,3% el pasado mayo, uno de los peores datos entre las comunidades españolas, precisamente en una economía, la gallega, que sufriría con especial intensidad el azote de la temida deflación.
Pero, ¿qué es realmente la deflación? ¿Por qué suscita más miedo todavía que la inflación? Lo que en principio puede parecer un guiño al comprador, con los precios tirados por el suelo, a cortísimo plazo acaba echando el cierre a las empresas y destruyendo empleo. El mercado sufre un desajuste entre oferta y demanda. Hay más productos y servicios de los que se adquieren. Como una pescadilla que se muerde la cola, como muchas otras de las preocupaciones de la economía. Los precios se reducen tanto, en el límite para cubrir los costes y evitar los stocks, que el consumidor se convence de que todavía pueden caer más y frena el gasto a la espera de una mejor ganga todavía. El dinero deja de circular, la industria no da salida a sus artículos y la economía se derrumba.
¿Estamos o no en deflación? Según el Fondo Monetario Internacional, oficialmente, cuando la caída se prolongue durante dos trimestres seguidos. A partir de ahí, el debate. “Siempre hay miedo a contar las noticias negativas, pero debemos hablar clarísimamente, y sí, estamos en deflación –apunta Francisco Sánchez, director de Renta 4 en Galicia–. Hay muchos riesgos, realmente no sabemos la profundidad de esta crisis, no vemos el final del túnel ante esta coyuntura que viene en parte de fuera y otra es interna, de nuestro país”.
“La sombra”
Desde la Confederación de Empresarios de Galicia (CEG) hablan también de “la sombra que planea”. La tendencia a la baja en el IPC “parece que no se va a rectificar en breve”. Ni siquiera –admite la patronal– con el reciente repunte en el precio de los combustibles, que podría “amortiguar” la desaceleración. “Una perspectiva que puede desembocar en una delicada coyuntura”, avisan los empresarios gallegos.
Porque uno de los lastres de la economía gallega es, precisamente, la elevada dependencia del exterior a la hora de la compra de materias primas. Sólo estarían a salvo aquellas empresas que pudieran colocar mejor sus productos, apunta Maica Bouza, economista y secretaria de Emprego de CC OO en Galicia. De ahí la importancia del cambio del modelo económico, “de apostar por la inversión y el valor añadido de las empresas como ventaja competitiva”. El sindicato es prudente. “Hay que esperar un poco antes de hablar de deflación, de cómo evolucione finalmente el precio del crudo y los derivados energéticos. Lo que muestra ahora el IPC es que existe una crisis en el consumo”, asegura.
“Es difícil saberlo a priori”, explica Xavier Vence. El catedrático de Economía Aplicada de la Universidade de Santiago de Compostela señala la incertidumbre sobre los efectos todavía por ver de la “inyección de dinero demasiado intensa” de los bancos centrales al sistema financiero, que han abaratado el dinero, y de los “nuevos movimientos especulativos” en el mercado del petróleo, “un imput básico” en la economía y del que dependen luego todas las tarifas de las empresas que echen mano en alguno de sus procesos a la distribución. Por eso de momento Vence habla de “moderación en los precios”. “Obviamente, si el crudo se disparara –añade– complicaría la salida de la crisis para los sectores productivos. Es fundamental actuar en los mercados de futuro y poner límites”.