IRENE BASCOY - SANTIAGO
A un mes de que se enciendan las luces de alarma en la lucha contra el fuego, el nuevo Gobierno recuenta los efectivos para combatir los incendios y no le salen las cuentas. Le faltan un millar de brigadistas, y no hay recursos económicos para su contratación. "Estamos estudiando la posibilidad de incrementar el número de trabajadores, pero las posibilidades presupuestarias son mínimas, por eso estamos sobre todo reorganizando el personal", explica el director xeral de Montes, Tomás Fernández-Couto.
"Hay cincuenta brigadas menos que en 2005, (cuando el dispositivo antiincendios fue diseñado por el Gobierno de Manuel Fraga), y además los tiempos de descanso son nuevos (más horas y más días libres) y esto hace que las brigadas en comparación con hace cuatro años sean aún menores. Calculo que en número real son 150 brigadas menos, y cada una está integrada entre cinco y siete trabajadores", expone Fernández-Couto, que tras cuatro años de paréntesis, coge de nuevo las riendas de la batalla contra el fuego.
Sin margen de maniobra, pues regresó a la Dirección Xeral de Montes en abril y el uno de julio el dispositivo antiincendios debe estar en pleno rendimiento, Tomás Fernández-Couto ha decidido que "el despliegue" de este verano en los montes gallegos sea "similar al del pasado año", así "no habrá retrasos y estará a tiempo".
Las modificaciones que el nuevo Gobierno pueda introducir en esta campaña serán "menores", advierte. Además, sostiene que el BNG en su etapa al frente de esta área "no varió muchas las grandes líneas del dispositivo antiincendios" ideado por el Partido Popular, limitándose a cambios en las contrataciones o en la distribución territorial de los recursos humanos o materiales.
Pasado el verano, será cuando el nuevo Gobierno estudie posibles cambios en el modelo puesto en marcha bajo la batuta de Alfredo Suárez Canal. También actuó así el conselleiro del Bloque. Llegó en agosto de 2005 y precisamente dejó a Tomás Fernández-Couto al frente de la lucha contra el fuego para no arriesgar la supervivencia del monte en manos inexpertas y tampoco introdujo cambios precipitados en el modelo, a la espera de un análisis en detalle del sistema popular.
De vuelta a la Dirección Xeral de Montes, Fernández-Couto no se arriesga a adelantar las previsiones de tiempo que maneja su departamento para este verano, pues su experiencia le ha demostrado que las predicciones "difícilmente coinciden con la realidad". No obstante, deja entrever que si este verano es "un verano normal podremos contrastar la eficacia del modelo del BNG", pues en los últimos veranos llovió demasiado para meses tan supuestamente cálidos, y el riesgo de fuego se aminoró.
"Mi trabajo no es poner velas a un santo. No puedo presupuestar para el peor de los escenarios posibles, sino para uno razonablemente malo, y estar prevenido para si es necesario incrementar los medios con agilidad", argumenta el director xeral.
El riesgo de Klaus
El calor, la sequía, la frondosidad de los bosques y la acción humana son las preocupaciones de Fernández-Couto, pero este año se enfrenta a un problema añadido, los ochocientos mil metros cúbicos de madera tirada en el monte tras el paso del huracán Klaus el pasado mes de enero.
Se ha retrasado la recogida de madera, hay dificultades para su venta, y los troncos esparcidos por el monte son, admite el director xeral, "un riesgo añadido en el sentido de dificultar las labores de extinción de incendios, pero no tiene por qué ser un riesgo de más fuegos".
En todo caso, Fernández Couto ha dado orden de agilizar la concesión de las ayudas económicas para a partir en junio la mayor cantidad de madera posible, aunque advierte de que sus antecesores prometieron siete millones de euros para este programa, y en las arcas sólo hay reservados dos millones.