R.G.- VIGO
Emilio Pérez Touriño lleva camino de convertirse en el Pepito Grillo del Partido Socialista. Curioso papel para un político que durante sus cuatro años de mandato no toleró la menor crítica interna y fomentó el presidencialismo como forma de gobernar, dentro y fuera del partido. Aquel Touriño que se rodeó de un grupúsculo de leales, trató de silenciar las escasísimas voces heterodoxas y críticas del PSdeG y eludió enfrentarse a Madrid, adopta hoy el rol de martillo pilón del Gobierno de Zapatero. Sus recientes declaraciones exigiendo al ministro de Fomento, José Blanco, que justifique su cambio sobre los planes y los plazos del AVE a Galicia son el último episodio de una historia de orgullo y vendetta que promete nuevos capítulos y que está causando un hondo malestar tanto en Fomento como en el PSdeG.
Las manifestaciones demuestran que Touriño va por libre y no se siente atado a nada ni a nadie, y mucho menos a un partido que, debe pensar, le ha dado la espalda. Por ello el ex presidente no comunicó al líder socialista gallego, Manuel Pachi Vázquez, ni por supuesto al grupo parlamentario su intención de replicar una propuesta de Blanco sobre el AVE, que se sintetiza en dos ideas: se sabía desde hacía tiempo que era imposible acabar la Alta Velocidad en 2012; ahora sí que se dirá la verdad a los gallegos con un calendario realista. Touriño debió encajarlas como un ataque a su crédito político, pues el ministro admitía, quizá con poco sutileza, que se había engañado.
Lo curioso es que mientras la Xunta del PP parece dispuesta a estudiar la propuesta de Fomento, no sin enfatizar su desconfianza, Touriño dispara contra Zapatero y Blanco, al advertir que éstos le prometieron personalmente que el AVE se concluiría en 2012 y por tanto debe cumplir; o, en caso contrario, justificarlo ante la opinión pública. Vamos, que si alguien engañó, fueron ZP, Blanco y cia.
A buena parte de los diputados socialistas gallegos se les atragantó ayer el desayuno. "Me quedé perplejo; no me lo creía. Pensé: ¡otra vez!", admite uno. "En estos momentos, de Emilio se puede esperar cualquier cosa, así que por una parte me sorprendió y por otra confirmó lo que muchos sospechamos: que le ha sentado fatal la derrota; no la asimila. Cuando lo veo o lo escucho, pienso: ´Tenemos un problema´", explica otro.
"Emilio no es consciente, o quizá sí, de que aún está en política, que es diputado y que lo que diga va a afectar al liderazgo de Pachi, fomentando una bicefalia. Porque, a quién escuchar: ¿a Pachi o a Emilio? Y, además, se lo estamos poniendo a huevo al PP. Feijóo se puede preguntar: si ni siquiera es capaz de convencer a Touriño ¿cómo me puede pedir, señor Blanco, que le crea yo?", cuestiona un dirigente socialista, que, como los anteriores, pide el anonimato.
Los consultados entienden que el ex presidente se pueda sentir "dolido", pero recuerdan que "Blanco está buscando una salida airosa a un grave problema y Emilio le está achicando el margen de maniobra. Resulta que aquel jefe que nos exigía disciplina y aplastaba el mínimo gesto de crítica, ahora le ha entrado vocación de mosca cojonera", ironiza un diputado.