JULIO PÉREZ - VIGO
A Benito, uno de los mejilloneros pontevedreses a los que el Instituto Galego de Promoción Económica (Igape) adjudicó una ayuda de 27,64 euros para la financiación de la venta de su producción a las depuradoras y transformadoras a través del descuento bancario de la letras de cambio con las que se emiten las facturas en el sector, la noticia le cogió por sorpresa. Nadie le avisó, más allá de la publicación el pasado lunes en el Diario Oficial de Galicia (DOG) de la resolución, aunque tiene una idea más o menos vaga de dónde vienen este tipo de subvenciones, de cómo funcionan y, sobre todo, del la cantidad que realmente se podía cubrir por parte del brazo inversor de la Xunta y que en su caso supera los 5.000 euros. Él es uno de los cientos de ejemplos del curioso reparto de los fondos del Igape en los primeros tres meses del año. "Ese dinero –cuenta– adelanta el cobro de lo que nos deben y que podía demorarse cuatro, cinco o seis meses". Efectivamente. La línea de ayudas recoge los recibos emitidos desde el 1 de enero de 2008 hasta el 30 de abril de 2008. "¿Cuánto dijiste?", pregunta. Una subvención de 27,64 euros y otra de algo más de 107 euros. Benito no hace comentarios.
La historia se repite en otro de los productores de mejillón que recoge la lista de beneficiarios. En su caso, las ayudas son ligeramente más elevadas. Pero muy poco. De 63,54 euros y 177,05. A este vecino de Sanxenxo la interrogante sobre sus subvenciones le recuerda que hace "tres o cuatro años" se dirigió al Igape para "otro asunto". "A mí no me ingresaron nada", asegura. Con lo que recibe, "poco puedo hacer". Sólo una caja de red para encordar los mejillones cuesta 200 euros. "De todas maneras, las ayudas clave son las que tienen que ir destinadas a las reformas de las bateas para mejorar la seguridad o el rendimiento. Ésas son las importantes", explica.
A la vista de las innumerables pequeñas cantidades repartidas hasta el pasado mes de abril por el Igape y, sobre todo, la diferencia abismal en la mayoría de los casos entre el importe subvencionable y la cuantía finalmente aprobada, todo apunta a que la demanda se disparó tanto –impulsada por los problemas que las pequeñas y medianas empresas encuentran para financiarse a través de las cajas de ahorros y los bancos– que la oferta se quedó muy por debajo de las expectativas. Una subvención de poco más de 400 euros cuando la Administración reconoce que podía llegar a casi 20.000 euros. Otra de 7.000 frente a una petición de medio millón de euros. Algo más de 600 para una empresa a la que se le admitió una solicitud de 51.700. Ni las grandes compañías con expedientes de más de dos millones de euros reciben más allá del 0,5% en ayudas.
De los casi 24.000 euros reconocidos por el Igape a una firma gallega de bienes de equipo, la subvención se queda en menos de 300 euros. Uno de sus directivos se echa a reír con la resolución de su solicitud. "Eso no nos da ni para pagar a la asesoría que tenemos –se queja–. Para 200 y pico euros ni me molesto en los trámites". Que en su caso, como en algunos otros de los beneficiarios consultados, no fueron precisamente fáciles. Ni cortos. La petición acumula un año desde la presentación. El pasado agosto, "el mes en el que para la industria", se detectó un problema en los trámites de muchas solicitudes y el organismo obligó a aportar más documentación. "Estoy convencido –afirma– de que el verdadero problema es que se presentó todo el mundo, se quedaron sin dinero y en vez de poner más, optaron por poner trabas administrativas". De hecho, empresarios como él están todavía esperando a que alguien les explique qué criterios se siguieron en las notas de corte y el resultado "para ser tan cicateros como han sido".
"¿Qué inversiones puedo promover yo con 400 euros?", plantea otro empresario que aparece en la lista. En su caso, una sociedad vinculada al sector turístico. "Si dependiéramos del Igape –señala–, estaríamos listos".