XERARDO PORTO - SANTIAGO
El poder omnímodo del líder. Tanto en la presidencia de la Xunta como al frente del partido. Ése al que todos se mueren por abrazar en los pasillos de un congreso, por su poder, pero también por su cercanía. "Seguiré siendo uno más", dijo a los 2.000 compromisarios en el Congreso de A Coruña. Ése que lleva personalmente las negociaciones para fichar a un secretario xeral para Cultura. O el que se entrevista personalmente con casi dos docenas de candidatos a conselleiros, y no desvela el nombre de los elegidos ni a ellos mismos hasta la noche anterior, como reconoció Beatriz Mato en el Parlamento.
"Feijóo manda más que Fraga", reconocen varios cargos del PP hablando sobre las formas de su líder. En una entrevista premonitoria en FARO, justo el día en que accedió al cargo de presidente del PP gallego, el 15 de enero de 2006, Feijóo avisaba: "Las competencias de presidencia del partido no las voy a delegar" o "El tema de las cuotas territoriales no las voy a seguir". Dicho y hecho.
Los presidentes provinciales (Baltar, Louzán y Barreiro ya estaban cuando llegó, sólo Negreira relevó a Juncal) venden "la unidad" del PP y la inexistencia de cuotas territoriales. No hacía falta. El subidón de la victoria sorprendente del 1-M ha dado vía libre a Alberto Núñez Feijóo para hacer y deshacer entre las filas populares.
Primero fue con el tema de las listas, de donde desaparecieron todos los ex conselleiros menos Pilar Rojo, ahora presidenta del Parlamento. Después, a la hora de formar Gobierno, con su apuesta por Pontevedra y A Coruña, dejando de lado a Ourense y Lugo. Y ahora en la renovación del Comité Directivo de su partido, donde han aparecido hasta 32 personas nuevas en la dirección, y donde se ha sacado de la manga al número tres y portavoz, Antonio Rodríguez Miranda, hombre más cercano a Alfonso Rueda que a José Luis Baltar, por mucho que éste le llame "Toñito".
Pero el PP está de subidón y nadie se atreve a toserle a Feijóo, que además mantiene una perfecta sintonía con el presidente nacional, Mariano Rajoy. Todo depende del líder. Hasta tal punto, que su candidatura del domingo en A Coruña cosechó un 99,1% de apoyos. Ni en los mejores tiempos de Manuel Fraga se alcanzaban semejantes registros. En el décimo congreso, en octubre del 99, el león de Vilalba se quedó en un 94% de apoyos; en la siguiente cita, en marzo de 2002, subió hasta un 98,6%; y en el último de Manuel Fraga, en octubre del 2004, un 95%, modesta cifra que alcanzó Feijóo en su consagración en enero de 2006.
Este fin de semana, en A Coruña, sólo hubo 17 en blanco y uno nulo. Y eso que la cifra de compromisarios populares ha crecido hasta 2.100 desde los 800 que aclamaban a Fraga en los noventa. Con tal nivel de apoyos, no es de extrañar que haya algún sorprendido de lo rápido que fue el recuento. En la votación de las ponencias, a mano alzada, no hizo falta ni contar: sólo se veían "síes" y Pilar Farjas abrevió: "Por unanimidad".
Para lo bueno y para lo malo, en el PP gallego actual no hay fisuras. Feijóo acumula todo el poder, secundado por Alfonso Rueda, pero después no hay apenas nada. Pone a unos en el Gobierno y a otros, distintos, en el partido. Una apuesta valiente pero arriesgada. Cuando vengan mal dadas, toda la responsabilidad caerá sobre él. Por ahora todo son aplausos en el PP. Pero después de Feijóo, ¿qué?