caso prestige

El capitán que perdió el mando

Apostolos Mangouras se negó al remolque y desoyó las indicaciones de Marina Mercante

 
Apostolos Mangouras, acompañado de dos guardias civiles tras su detención.
Apostolos Mangouras, acompañado de dos guardias civiles tras su detención. 

JULIO PÉREZ - VIGO Con el retiro provisional de las imputaciones que pesaban sobre el ex director general de la Marina Mercante, José Luis López-Sors, los únicos que siguen acusados en el caso Prestige tras el cierre de la instrucción son el capitán del buque, el primer oficial y el jefe de máquinas. Los responsables últimos del mantenimiento de petrolero y los únicos que quedaron a bordo después de la evacuación. Sobre los tres pesa un delito contra el medio ambiente y dos de ellos arrastran además otro por desobediencia. El auto de la juez de Corcubión que lleva el proceso es una ajustada crónica de aquellos fatídicos días en la costa gallega, de lo que ocurrió en el barco y de la actitud de estos tres personajes a los que, parece, no les gustaba demasiado las órdenes que llegaban desde las autoridades españolas.

La primera señal de socorro desde el Prestige llegó al Centro de Coordinación de Salvamento Marítimo y Lucha contra la Contaminación Marítima de Finisterre a las 15.15 horas del 13 de noviembre. Con el Plan Nacional de Contingencias activado, se movilizan tres helicópteros, cinco remolcadores y se lanza una llamada de alerta a todos los buques que estaban en la zona. Sólo unos minutos después, una segunda comunicación desde el petrolero, avisando ya de “una gran escora” y de la posibilidad inmediata de volcar. Pedían el rescate de los 27 tripulantes. El Pesca I y el Helimer Galicia recogen a 24 de ellos. Apostolos Mangouras, el capitán, y los otros dos imputados, Ireneo Maloto y Argiropoulos Nikolaos, toman su primera decisión. Se quedan por voluntad propia.

El Prestige ya estaba a la deriva y derramando su veneno. Durante más de tres horas, según figura en la resolución de la juez, desde el Centro de Finisterre se ordenó a Mangouras que dispusiese todo para el remolque. “Reiteradamente”. El capital se negó primero amparándose en que dependía de las órdenes de su armador y después en que necesitaba más gente en el barco porque los tripulantes rescatados no habían dejado tendido el remolque de emergencia pese a que las autoridades lo ordenaron antes de la llegada de los helicópteros. El primer oficial y el jefe de máquinas se negaron también a colaborar con la disculpa de que las decisiones tenían que venir de los dueños de la embarcación. Según consta en el auto, ante la negativa de obedecer, en el Puerto de A Coruña se llegaron a preparar un equipo de amarradores y miembros de la Guardia Civil para ser trasladados al barco.

Fracaso del remolque

No hizo falta. A las 21.02 horas, Mangouras acepta el remolque, pero las maniobras fracasan una y otra vez mientras sigue el vertido de fuel hasta que al día siguiente, a las 13.40 horas, el Ría de Vigo y el Sertosa 32 consiguen engancharse al barco.

Antes de que los trabajos fructificaran todavía hubo otro gran momento de tensión entre las autoridades españolas y los tres tripulantes que estaban a bordo. Ante el riesgo de embarrancamiento del Prestige en la costa, López-Sors envía al inspector marítimo de A Coruña al petrolero para que arrancase la máquina. Con él iban cinco de los tripulantes filipinos rescatados el día anterior. “El inspector percibe que no existe disposición alguna para arrancar la máquina por las constantes obstrucciones y dificultades opuestas por el jefe de máquinas y del capitán”, señala el auto. Hasta el punto de que el funcionario llamó la atención a Nikolaos, imputado también por desobediencia, por su “comportamiento lamentable” y le amenazó con llamar a la Guardia Civil. Pero no le quedó otro remedio que ponerse él a la faena y arrancar el motor.

Durante la travesía que en los dos días siguientes mantiene el Prestige a 120 millas de la costa, el rumbo lo marca Mangouras. Él es el que ordena, según el auto, el cambio de rumbo al sur. La armadora tenía intención de llegar al Puerto de Vigo, pero Fomento le niega el acceso al puerto. A las 18.02 horas del 15 noviembre llega la última evacuación. Los 5 reembarcados, 9 técnicos de la empresa contratada para el rescate y los tres imputados. Mangouras se fue como llegó. Incumpliendo órdenes, dice la juez. Pese a las advertencias “reiteradas” de que cogiese el cuaderno de bitácora y el diario de navegación –donde debían figurar todas las revisiones del barco– llegó al aeropuerto de Alvedro con las manos vacías.

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