"Tenía un gran sueño: el fin de la corrupción"

Juan Mouriño, tío de Juan Camilo, y su mujer, Nancy, cuentan a FARO las ilusiones del político de origen gallego y el impacto que para toda la familia ha supuesto la tragedia que se llevó su vida el martes

07.11.2008 | 08:19

Mira, es la misma sonrisa que tenía de pequeño, la que tuvo después en la adolescencia, la sonrisa de ahora...", cuenta Nancy, mientras echa un vistazo a las muchísimas fotografías de Juan Camilo Mouriño que durante loso dos últimos días ilustran las portadas de los periódicos de México y las crónicas internacionales de medio mundo. La tía de Iván, como todos le llamaban en casa, tiene los ojos brillantes. Emocionados. Como su marido Juan, hermano de Carlos Mouriño, presidente del Celta y padre del fallecido secretario de Gobernación mexicano, que todavía no puede creer lo que ha ocurrido. Lo que está ocurriendo mientras hablan con FARO, con la celebración al otro lado del Atlántico del funeral de Estado por la muerte de su sobrino y de las otras trece personas que perdieron la vida tras estrellarse el jet en el que viajaban el joven político de origen gallego y el ex fiscal antinarcotráfico, José Luis Santiago Vasconcelos.

"La política era su pasión", afirma Juan, al que muchos todavía conocen también como Iván. "De hecho, a él le llamaban así por mí -se ríe- y por un libro sobre la lucha contra los campos de concentración nazis protagonizado por un hombre que se llama Juan y que iba cambiando de nombre para adaptarse a los diferentes idiomas de los países que iba pasando". Toda una metáfora de la vida que tendría después Mouriño, un aventurero "sensible, cordial, correcto, con sentido del humor, pero siempre en su sitio". "Y -insiste su tía Nancy- sin negarle nunca una sonrisa a nadie".

Seguramente, Juan Camilo Mouriño era muy consciente de su atractivo físico y de todas las armas que una buena presencia, un look siempre impecable, podría reportarle como político. Pero si lo sabía y lo usaba, "nunca lo demostró". "Estaba por encima de todo eso, de la imagen, de su belleza", afirma Nancy. "La lucha era su ideal", continúa su tío. "Y tenía ideales muy fuertes, quería hacer un México mejor, pero...". Pequeños silencios, momentos para el recuerdo, van salpicando la larga conversación.

-¿Hasta qué punto le influyó el secuestro que vivió durante la adolescencia, una semana entera, en esa aspiración de construir un país más seguro?

-Juan: No lo creo. Ésa fue una etapa diferente. Posiblemente pudo influirle inconscientemente, pero no fue el detonante de su entrada en política. Simplemente, era una persona altruista, empecinado en las cosas bien hechas.

-Nancy: No quería... ¿Cómo decirlo? ¿Cómo lo diría él?

-Juan: Él no quería estar por figurar.

-Nancy: Eso. No quería ser un figurante, quería ser activo, participar, meterse hasta el fondo... Y ahí está.

El silencio lo rompe esta vez el teléfono móvil. Es Merchi, hermana de Juan y de Carlos Mouriño, que acaba de hablar con Geli, la madre de Juan Camilo, tras la ceremonia oficial. "Están muy mal", dice Nancy.

Cuando tu sobrino es el número dos de un importante Ejecutivo como el mexicano, corres el riesgo, como le ocurrió a Juan y Nancy, de enterarte por la prensa antes de que por tus familiares de su fallecimiento. "Estábamos escuchando la radio, con los resultados de las elecciones de Estados Unidos. Hubo un corte para dar una última hora desde México". Y llegó el "impacto bestial" de una noticia que, sin esperarla, tampoco les sorprende. "Es que estaba ahí, es que hasta él era consciente de lo que le podía pasar", asegura Juan. Aunque no lo dijera. "Para temas de seguridad era muy discreto".

Ninguno de los dos quiere entrar en las especulaciones. ¿Un accidente? ¿Un atentado? "Todo el mundo está haciendo cábalas, es normal", sostiene Nancy. "Sea lo que sea, eso no nos lo va a devolver".

"Era un político de verdad", reitera su tío. "Con todos los negocios que tenía su padre en México podría haber optado por una vida más sencilla, pero no". El dolor de Nancy y Juan aflora cuando hablan de todo lo que le quedaba por hacer. "Sí, hubiera sido un buen presidente", dicen. Pero ese no era su gran meta. "Su sueño -cuenta Juan-, el que le quedaba, era acabar con la corrupción".

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