Su vida es un cómputo de exilios. A Francia por la guerra civil española, a Argentina por la II Guerra Mundial... Escritora, traductora, periodista y actriz, fue nombrada hace poco presidenta de la Fundación Galega contra a Impunidade, respaldada por Manuel Rivas, Manuel Beiras, Méndez Ferrín, Antón Patiño, Manuel Bragado, Neira Vilas, César Portela, Pepe Cáccamo o Fernán-Vello. Considerada la voz de los exiliados galegos represaliados, comunista en 1962, dirigió junto a Arturo Cuadrado el periódico Galicia en Argentina. Hija de Elpidio Villaverde, primer alcalde republicano de Vilagarcía y diputado en Cortes en la Segunda República y viuda del galleguista y comunista Ramón de Valenzuela, compañero de cárcel en 1936 de Camilo Díaz, padre de Isaac Díaz Pardo. Mariví Villaverde regresó a Galicia en 1966, después de "tres exilios e unha vida marcada".En 1962 escribió "Tres tiempos y la esperanza", testimonio apasionante de la guerra a través de su propia vida.Un libro, "Dos vidas y un exilio", dirigido por Carmen Mejía y Xesús Alonso Montero, aborda a través del trabajo de cinco filólogas (entre ellas Ana Acuña, Universidad de Vigo) su vida y la de su marido. En Galicia investigaron sobre ella Marga do Val, María Laxe, Anxos Sumais, Xoan Carlos Garrido (director de Terra e Tempo)...
>> La infancia . "De aquella infancia en la Vilagarcía en que nací en 1922 -recuerda ella- , guardo muy gratos recuerdos y solo el de un martirio: las clases de piano a que mi madre me obligaba cuando las demás niñas se iban a jugar (risas). Viví una infancia feliz propia de familia acomodada. Tenía 8 años cuando se proclamó la República y, a pesar de mis corta edad, comencé a vivir esa etapa con apasionamiento, quizás porque mi padre, que antes había sido presidente de la Cámara de Comercio, después era el alcalde; y porque en Vilagarcía empezó una transformación urbana con la inauguración de la playa de Compostela, un Grupo Escolar con todos los adelantos, dos cines nuevos, el Fantasio y el Cervantes, una escuela de Artes Gráficas, una de música... Tuve como profesores a Aquilino Iglesias Alvariño, Núñez Búa... incluso me acuerdo del banquete que le ofrecieron a Lorca cuando vino con su Barraca. Pero aquella Arcadia feliz de mi niñez se truncó en 1936 con el levantamiento militar, a mis 14 primaveras. Ese mismo año mi padre, que había militado en las Irmandades da Fala y en la ORGA antes de entrar en Izquierda Republicana, fue electo diputado nacional por este último partido en la candidatura del Frente Popular. Justo así le cogió la guerra. y eso supuso un cambio radical en la vida mía y de mi familia".
>> Primer exilio. "Mi padre tenía una fábrica de salazón y los primeros días pidió que le prepararan uno de los barcos pequeños de que disponía para la sardina, con el que estuvo varios días de aquí para allá por las rías con otros dos amigos dificultando su localización. Cuando vieron que empeoraba la situación cogió un barco más grande y, con otra gente como el alcalde de Boiro, Somoza, pusieron rumbo a Portugal. Allí les detuvo el régimen de Salazar pero Sánchez Albornoz, embajador aún de España allí, intervino para que les dejaran marchar a Francia. Mi madre, yo y mis hermanos nos refugiamos en casas de familiares pero aún tengo el recuerdo indignado de mi tía Julia Villaverde rapada y marcada en la frente con nitrato de plata la sigla UHP o de mi tía Argentina encarcelada. A los 6 meses conseguimos salir nosotros con pasaportes falsos desde Vigo, en un carguero inglés. El mar era entonces la esperanza. Tardamos ocho días de miedo y mareo para llegar a Marsella, donde nos esperaba mi padre, para ir de allí a Paris y luego establecernos en Burdeos tres años. En nuestra casa se acogía a todo el que llegara de España; a veces éramos 20 en la mesa y repartíamos los pocos recursos que teníamos".
>> Ramón de Valenzuela, un amor de novela.Una historia de amor de novela. Así se podría calificar su encuentro con Ramón de Valenzuela, otra figura como su padre aún no reconocida suficientemente en Galicia. "En Burdeos-cuenta- conocí a Ramón al final de la guerra, tras militar él con Castelao en el Partido Galeguista,huir a Francia con los restos del ejército republicano, salir del campo de concentración de Argelès... Me lo presentó mi padre pero solo pudimos vernos unos días porque comenzaba la II Guerra Mundial y mi padre decidió que huyéramos a Buenos Aires, iniciando nuestro segundo exilio. Cuando yo sentía por vez primera la llama del amor otra vez se truncó mi vida teniendo que embarcarme con no poca rabia. Ramón, aunque tuvo billete para huir también, se quedó para volver a luchar en España cuando aún se creía que Franco caería por la presión de los países aliados. Antes lo detuvo la Gestapo, le envió a España y empezó su itinerario por las duras cárceles de la posguerra española. Aunque yo en Argentina y él encarcelado, conseguimos escribirnos durante cuatro o cinco años utilizando los más novelescos recursos, una vez que conseguí enterarme en qué cárcel estaba. Tengo en una libreta pequeña anotadas las fechas de envío y recepción de sus cartas, que los dos escribíamos a una prima mía de Vilagarcía. Desde luego, fue un amor arriesgado en el que, durante los 5 años que tardé en volver a verle, en 1944 tras darle libertad vigilada, yo me mantuve al otro lado del océano fiel a ese flechazo negándome a cualquier otra relación aunque tuviera amigos tan atractivos como el actor Alberto Closas".
>> Segundo exilio: Buenos Aires. "En 1939 nos embarcamos en Francia en el Massilia, un barco de exiliados en el que iba también Arturo Cuadrado. ¡Qué horrible travesía! Yo no comía nada salvo una naranja que me traía un camarero cada día. De noche no podía haber ninguna luz porque podíamos ser atacados por submarinos alemanes. Fueron 18 días de travesía hasta Montevideo. Luego pasamos a Argentina, donde iniciamos una nueva vida y mi padre se dedica a los negocios, regentando el restaurante "La Casa de la Troya". Pero a los 15 días de llegar me detectaron una tuberculosis, lo que en aquel tiempo era poco menos que una sentencia de muerte. Tuve la suerte de que me atendiera en el Centro Gallego un médico formidable también huido de España, Sánchez Guisande, el mismo que atendió a Castelao hasta su muerte y que, con su hijo, embalsamó el cadáver del egregio gallego. Le debo la vida. Esos años primeros en Argentina, entre mis 17 y los 22, fueron para mí de obligado reposo: yo estaba presa de mi enfermedad en Argentina y Ramón, en las cárceles de España".
>> Vuelta a España. Cuando Ramón Valenzuela, al que solo conocía físicamente de unos días en Francia pero carteado años, consiguió la libertad condicional, me pidió que volviera y, sin dudarlo, regresé, de nuevo, por el mar, separándome por vez primera de mi familia. Mi madre me pidió por favor que volviera en el siguiente barco si no era el hombre que esperaba. El encuentro fue en la estación de Redondela el día de Fin de Año de 1944 y en febrero de 1945 nos casamos en Vilagarcía. Vivimos casi 5 años en aquella Galicia huérfana de libertades, de justicia, de cultura, y llena de represión, de hambre, de angustia, de miedo. Me sentí, paradójicamene, exiliada en mi propia tierra pero al menos con Ramón a mi lado. Entretanto, en Buenos Aires, mi padre había acompañado a Castelao a Montevideo para fundar el 15 de noviembre de 1944 el Consello de Galiza, junto a Ramón Suárez Picallo y Antón Alonso Ríos, al que perteneció hasta su muerte en 1962. Fue el orador en el acto de constitución representando a Galicia".
>> Vuelta a Buenos Aires, tercer exilio. "Una vez conseguido por Ramón el indulto no aguantamos más tiempo e iniciamos un nuevo exilio. Esta vez juntos, con dos hijos y, de nuevo, el mar como camino. Por fin el barco, ya estábamos en él como unos emigrantes más. Vigo se achicaba en el horizonte. ¿Hasta cuando? nos preguntábamos. Hasta que recuperemos la esperanza, nos respondíamos. Allá en Buenos Aires, entre 1949 y 1966 que volveríamos a España, fueron años de intensidad política y cultural en la colectividad gallega con gente como Blanco Amor, Laxeiro,Cuadrado, Seoane, Dieste, Marcos Ana, Nuñez Búa, Lorenzo Varela, Antón Alonso Ríos, Leopoldo Novoa... muy cerca. A los 3 meses de llegar moriría Castelao, con quien habían trabajado tanto mi padre como mi marido, que portó su ataúd, y recuerdo que poco después recibiríamos en Buenos Aires a Valentín Paz Andrade, con el que también habían trabajado los dos, y a su mujer, Pilar. Pero aún nos quedaba mucho por vivir, además de volver otra vez a España".