Vinculado a la figura de San Ero, el cenobio de Armenteira, en Meis, es una obra cumbre de la época cisterciense
Tere Gradín
La joya del conjunto es la iglesia, terminada de construir hacia 1225
En el monte Castrove se ubica uno de los cenobios cistercienses más simbólicos de Galicia, el de Armenteira, vinculado desde siempre a la figura de San Ero,conocido por ser uno de los personajes de la leyenda medieval del monje visionario. El concello pontevedrés de Meis conserva además numerosas joyas que hablan de un esplendoroso pasado artístico. San Ero quedó extasiado escuchando a un pajarillo y cuando despertó habían pasado trescientos años. En realidad, el abad estuvo tres siglos en el Paraíso. Agradeció a la Virgen el milagro y desde entonces se celebra en la explanada del cenobio la Festa de San Ero,en el mes de agosto,y la romería das Cabezas, de propiedades milagrosas para curar las migrañas. Al monasterio se accede atravesando un arco que desemboca en una plaza con cruceiro.Pero la joya del conjunto es la iglesia, terminada de construir hacia 1225. Destaca por su sencillez y austeridad. Dirigida hacia el oriente, busca siempre la primera luz, aguardando la llegada del sol naciente, metáfora de Cristo. El rosetón de la fachada es de una belleza singular,caracterizado por una labor calada a base de formas lobuladas y cambiantes, dispuestas en anillos. Bajo un macizo baldaquino de granito del templo se encuentra la imagen de Nuestra Señora, que aquí lleva el título deVirgen de la Cabeza. La fachada del monasterio, de fines del siglo XVIII,da entrada a la vivienda de las hermanas y al claustro. Desde 1989 una comunidad de monjas de Alloz han vuelto a dar fulgor a estas piedras seculares donde llevan una vida de oración. Oirlas cantar durante los oficios de vísperas en el suave silencio de la tarde es una experiencia irrepetible.