
Alejandra Simón tuvo que emigrar para perseguir su sueño. Desde que llegó al Xuvenil de Teis, con 13 años, los técnicos que asumieron su formación por aquel entonces enseguida se dieron cuenta de que destacaba por encima de sus compañeras por su "espíritu ganador" , comenta Juan Fernández, que la entrenó durante sus primeros pasos en el club de Teis.
La viguesa no olvida sus inicios en Vigo. Es más, sigue muy en contacto con sus ex técnicos y siempre que viene por la ciudad no perdona una visita a sus antiguas compañeras. Su proyección y talento saltaban a la vista desde sus comienzos. Celso Veloso, que la entrenó durante sus años de juvenil (de los 16 a los 19 años), la recuerda como una chica "perfeccionista y muy madura". "Alejandra es una persona muy trabajadora, con mucho carácter y es muy sacrificada", dice Veloso, que mantiene a día de hoy contacto periódico con su pupila.
Juan Fernández recuerda perfectamente el día en el que llegó al club. "Quería ganar siempre", indica, el técnico, que explica que la viguesa llegó al Xuvenil "con tres amigas, más. Llegaban del Niño Jesús de Praga, donde teníamos una escuela deportiva. Enseguida destacó y empezaron a llegarle ofertas de División de Honor". "La tentaron algunos clubes, pero ella prefirió quedarse un año más con nosotros", recuerda Veloso. "Después se decidió a dar el salto y se fue a Murcia, pero no tuvo muchas oportunidades y jugó poco", añade.
Su primer contacto con el vóley-playa llegó casi por casualidad. El año que se fue a Murcia disputó, junto a Elia González, otra jugadora gallega, el campeonato de España juvenil. Hasta ese momento nunca había jugado sobre la arena, y el resultado fue un brillante segundo puesto. "Por aquel entonces se estaba buscando una pareja de esa edad para ir al Mundial sub 20 que se disputaba en Madeira. Yo no había jugado al vóley en mi vida y en el Mundial no hicimos nada, pero supongo que se quedaron conmigo", recuerda Simón. Al año siguiente crearon un programa femenino en Tenerife de menores de 23 años y la llamaron.
La decisión de dar el paso de la pista a la arena llegó tras "un profundo proceso de reflexión", explica Veloso. "Ella es una persona muy reflexiva, para cualquier cosa hace su lista con los pros y contras antes de tomar una decisión. Se dio cuenta de que en el vóley-playa tendría más opciones de llegar lejos, de optar a disputar unos Juegos Olímpicos. Dadas sus condiciones físicas y sus calidad tenía claro que podía soñar con alcanzar grandes objetivos", dice. Por lo pronto parece que su decisión ha sido la acertada y el año pasado pudo lograr su primer gran logro internacional al conseguir la medalla de oro en los Juegos del Mediterráneo, disputados en Pescara.
La parte negativa es que para cumplir su sueño ha tenido que dejar su hogar, su familia, su tierra. Es gallega y lo grita a los cuatro costados. "Mi novio es gaditano y no sé dónde acabaré", bromea, pero no oculta su ilusión por regresar algún día a Vigo. "La selección española está aquí porque a lo sumo tendremos tres días de lluvia al año. Siempre hace buen tiempo, llueve poco; pero si en Galicia hubiera estas condiciones me iría pitando. Estoy aquí porque quiero jugar a vóley playa, sino me volvería seguro", dice resignada.
Es consciente de que el vóley-playa no le garantiza un futuro a largo plazo, por lo que durante su estancia en Tenerife ha intentado sacar la carrera de Fisioterapia. "Me queda media asignatura", dice orgullosa, mientras hace auténticos encajes de bolillos para afrontar los gastos del día a día. La federación española se encarga de los gastos de alojamiento y comida. A cambio debe empadronarse en las Islas para abaratar costes en los viajes de avión. Un requisito que pesa como una losa para la viguesa, ya que es el motivo por el que no puede optar a las ayudas de su ciudad. "De la federación no tengo queja porque gracias a ella estoy compitiendo y estoy viviendo, pero muchas veces te falta un porcentaje para terminar la temporada. A veces te faltan 6.000 euros y no te da para seguir. El vóley no te da para tener solvencia y si un mes te viene el pago de la facultad o incluso tienes que pagar la gasolina ya te vuelves loco", explica.
La crisis es otro problema. "Es difícil encontrar un patrocinador en los tiempos que corren. Tienes que mandar tu currículum deportivo a quinientas empresas para que te conteste una. Te escuchan pero luego, nada". "Una cosa es que te llamen deportista de élite, pero yo creo que un deportista de élite tiene que tener unas condiciones y yo ahora mismo, no sé, ahora mismo debo serlo por las horas que entreno", dice la viguesa.

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