La iglesia de San Nicolás o la de San Pedro son algunos de los monumentos más interesantes
Tere Gradín
Es una de las rutas más importantes del Camino de Santiago
Su historia está indefectiblemente ligada a la Ruta Jacobea. En las riberas del Miño el viejo Portomarín quedó sepultado por las aguas del embalse de Belesar, construido en la década de los años sesenta. El antiguo pueblo aún se puede ver cuando baja el nivel de las aguas del pantano, pero los principales monumentos de esta hermosa villa lucense, declarada conjunto histórico-artístico, fueron trasladados piedra a piedra al Monte del Cristo, y ahí siguen, contando a cada paso el periplo jacobeo. Porque este burgo medieval fue y es una de las etapas más importantes de la ruta de peregrinación a Compostela.
La pousada de hoy evoca el recuerdo de los primeros caminantes –fue hospital de peregrinos– y, si el antiquísimo puente que utilizaban los devotos del Apóstol no existe ya –el Pons Minea citado en el Códice Calixtino–, sí se conservan los principales monumentos de esta histórica villa. Como la iglesia románica de San Pedro –que forma parte de un conjunto donde está el Palacio de Berbetoros y el del marqués de Paredes–, o la imponente iglesia fortaleza de San Nicolás, uno de los más bellos templos de este estilo artístico del Camino. Construida a finales del siglo XII por discípulos del maestro Mateo, la portada principal muestra precisamente la influencia del Pórtico de la Gloria de la catedral de Santiago.
De la vieja población también fueron trasladados piedra a piedra algunos de los antiguos palacios medievales, hoy situados en la plaza principal del concello, como el que ocupa la casa consistorial o el del Conde da Maza. Otra parada imprescindible en este jalón jacobeo es la capilla de la Virxe das Neves, destacable por la gran escalinata de época medieval para acceder a ella, y de donde arranca un arco del viejo puente usado por los peregrinos.