José Carrillo, rector de la Universidad Complutense

"Supe que Carrillo era mi padre a los once años cuando lo anunciaron en un acto en la Unión Soviética"

"Vivíamos en Francia con pasaporte falso y un día vi en un libro de London una foto de mi padre jovencito y entendí que no tenía que saber quién era"

10.06.2014 | 09:02
José Carrillo, en la Complutense.

José Carrillo n Rector de la Universidad Complutense, matemático e hijo del ex secretario general del PCE

José Carrillo (París, 1952) vivía en la capital francesa como apátrida y desconocía que su padre, un contable llamado Jacques Giscard, era el secretario general del PCE, hasta que un día vio su foto en un libro de Arthur London con su nombre real. Tenía once años y no dijo ni una sola palabra en casa hasta que todo se desveló meses después en un acto político en la Unión Soviética. El matemático y catedrático Carrillo, hoy rector de la Universidad Complutense, lo está pasando mal por los problemas surgidos con el apilamiento poco digno de los cadáveres donados a la ciencia en la Facultad de Medicina, se declara socialista y republicano aunque no atisba un cambio de la forma de Estado de hoy para mañana y se muestra muy orgulloso por haber podido demostrar varios teoremas, algo que puede ser más gozoso que un orgasmo. De vez cuando tiene que reprimirse cuando le insultan por la calle con ataques contra su padre y gritos de "¡Viva Franco!"

- Señor Carrillo, ¿cómo ha permitido usted que los cadáveres donados a la ciencia se amontonasen de forma tan poco digna en la Facultad de Medicina?

- Le puedo asegurar que los cuerpos donados a la ciencia son tratados en esta universidad con todo el respeto que se merecen. A los alumnos se les ha prohibido hasta hacer bromas durante el proceso docente o de investigación con esos cuerpos. Lo que ha sucedido es que hubo unos problemas de gestión del crematorio y se atrasó la incineración.

- Pues las fotografías de esos cuerpos seccionados y amontonados son espeluznantes.

- Es el peor trago que he pasado en estos tres años como rector. Las fotos son impactantes porque fueron tomadas en el pudridero en el que se secan los cadáveres antes de su incineración.

- ¿Ha pedido disculpas a los familiares?

- Por supuesto. Entiendo la desazón de las familias a las que les he prometido un trato aún más decoroso de los cadáveres. Algunos han querido recuperar esos cuerpos pero es muy difícil porque no se mantienen enteros. La verdad es que me siento muy mal por lo que ha sucedido.

- Y ¿cómo se siente usted, que es por lo menos medio francés, respecto de los españoles?

- Soy totalmente español y más patriota que muchos de los que enarbolan la bandera española porque yo decidí ser español. Nací en París y viví en Francia hasta los 24 años, pero en casa siempre se hablaba español y de España. A los 20 años, en 1972, logré mi primer pasaporte y me vine de vacaciones a Madrid, Asturias y Levante.

- ¿Fue entonces usted apátrida hasta los 20 años?

- Así es. Hasta los 20 años no tuve pasaporte español y nunca lo tuve francés. Insisto: soy muy español y un gran defensor de Cataluña. Mi madre Carmen nació en Barcelona aunque es de procedencia asturiana, como mi padre.

- ¿Entiende que en Cataluña sea difícil estudiar en castellano?

- Lo mismo que nosotros pedimos que nos enseñen en castellano o en inglés, entiendo que en Cataluña tienen derecho a estudiar en catalán sin desatender al que quiera estudiar en castellano.

- El problema es que hay quien no tiene esa opción.

- Eso lo pongo en entredicho. No he visto a ningún catalán que hable mal en castellano y sí he visto a algunos castellanos que hablan castellano bastante mal. Solo hay que escuchar a los políticos. Pujol, Mas y Pere Navarro hablan perfectamente castellano.

- ¿Qué cree que le han aportado esos 24 años de vida en París?

- Tengo una formación muy francesa, cartesiana y laica.

- ¿Qué es lo que más le sorprendió cuando aterrizó en España?

- El retraso. Era octubre de 1976 y me dio la sensación de llegar a un país más atrasado que Francia, cosa que hoy ya no ocurre.

- ¿Se sintió decepcionado?

- En absoluto, yo sabía que España no era Francia ni Alemania. Sabía a dónde había llegado y que era todavía en cierta medida una dictadura.

- ¿No era en 1976 ya una monarquía?

- Bueno, una monarquía de aquella manera. Los partidos aún no estaban totalmente legalizados.

- ¿Cuáles cree usted que son nuestras fortalezas y nuestras debilidades respecto de los franceses?

- La estructura industrial de España no es nada comparable a la francesa. Nosotros somos más pobres y esa es nuestra mayor debilidad. Sin embargo, nosotros somos capaces de hacer lo mismo que otros con menos recursos y más imaginación.

- ¿Somos los españoles imaginativos?

- Solo hay que mirar a la universidad española que en 35 años se ha puesto al nivel de las mejores universidades europeas a pesar de tener menos presupuesto.

- Perdone, pero, ¿no están las universidades españolas a la cola en las listas de prestigio?

- Eso es lo que nos quiere vender el ministro Wert para cambiar el sistema universitario. La universidad española es eficaz, eficiente y con un nivel mundial muy bueno de producción científica. Tenemos la fama en Europa de trabajar poco y eso no es así. Somos imaginativos y grandes descubridores.

- ¿Cómo descubrió usted la actividad política de su padre?

- Vivíamos en Francia con nombre falso y un día, viendo un libro de Arthur London que se titulaba "España, España", me topé con una foto de mi padre jovencito. En el pie de foto ponía Santiago Carrillo, secretario general del PCE. Yo tenía once años.

- ¿Se lo dijo usted a su padre?

- Yo no sabía quién era Santiago Carrillo porque mi padre se hacía llamar Jacques Giscard y era contable. Me daba cuenta de que vivíamos con muchas contradicciones, pero como eran mis padres les creía todo: era francés, hablaba español y viajábamos a la Unión Soviética. No le dije nada a mi padre porque entendí que yo no tenía que saberlo.

- ¿Cuándo lo pudo saber?

- Meses más tarde, en la Unión Soviética, visitando un campamento de pioneros, el presentador de ese acto dijo: "Ahora va a intervenir don Santiago Carrillo". Así es como nos enteramos mis dos hermanos y yo.

- ¡Menuda liberación!, ¿no?

- Mis padres nos dejaron bien claro que teníamos que mantener el secreto. Ese día se cuadraron todas las piezas de mi puzle. Mantuvimos el secreto en París hasta 1968, cinco años más, hasta que los hijos tuvimos que legalizar nuestra situación por los estudios. Nos dieron una tarjeta de estancia porque éramos apátridas y en 1972 tuve mi primer pasaporte español, anteriormente había tenido uno de Naciones Unidas para refugiados.

- ¿Cómo era Santiago Carrillo como padre?

- Muy atento a pesar de que la dedicación a su trabajo era total. Era un hombre tan abierto que sus hijos nunca tuvimos una crisis de adolescencia. Carrillo era como padre un modelo, un ejemplo y un apoyo en todo.

- Le agradecería que me hablara de sus recuerdos de la vida de su familia en París.

- Lo que más recuerdo son las cenas que hacíamos todos juntos y lo mucho que hablábamos de política. Tampoco puedo olvidar el día que se presentó mi padre con la famosa peluca.

- ¿Qué ocurrió ese día?

- Hizo la prueba de la peluca en casa. Vino Arias, el peluquero de Picasso, para colocársela y nos llamaron a mis hermanos y a mí. Lo primero que nos preguntamos era quién coño era ese señor. ¡Menuda pinta tenía! Empezó a hablar y nos dimos cuenta de que era papá.

- ¿Cuántas veces viajó su padre con esa peluca?

- Santiago Carrillo entró y salió muchísimas veces de España con la peluca. Esa peluca y el pasaporte que llevaba le ayudaron mucho a pasar a España antes de 1977. Ni el pasaporte ni la peluca eran muy auténticos pero colaban.

- ¡Qué vida más apasionante!

- Con mi padre la vida era apasionante y divertida. La peluca se la quitaron cuando lo detuvieron, en diciembre de 1976. Más tarde, Jaime Mayor Oreja se la quiso devolver pero se descubrió que era una imitación.

- ¿Cómo vivió la entrada clandestina de Carrillo en España y esa detención de la que habla?

- La vivimos con mucha preocupación y con el temor de que algún grupo ultra lo matase. Respiramos cuando supimos que el Gobierno había puesto un grupo especial para detenerlo.

- ¿Se refiere a la "operación Captura"?

- Sí.. Fue bastante fácil detener a mi padre porque él hacía vida normal y una semana antes había dado la famosa rueda de prensa en un piso de Atocha. Para nosotros fue una noche de angustia, fuimos a la Puerta del Sol a buscarlo. El Gobierno quiso primero devolverlo a París, pero mi padre dijo que al día siguiente regresaría. Tras la detención vieron que el único delito de mi padre era ser secretario general del PCE, lo retuvieron una semana y lo soltaron.

- Usted acusó a un sector de la derecha de seguir odiando a su padre después de su muerte. ¿Por qué piensa que le odian tanto?

- Hay todavía una gran inquina contra mi padre. Él ha sido el diablo durante muchos años. En los años 70 apareció su nombre ligado a la causa Paracuellos y los investigadores que han investigado esa causa, como Paul Preston, lo único que dicen es que él no podía no saber.

- ¿Entonces él sabía de las matanzas de Paracuellos?

- Madrid del 36 no es el Madrid de hoy. Se ha ido montando el mito de Paracuellos, que es verdad que hubo fusilamientos, pero lo que no está demostrado es que la orden la diese mi padre. Hay aún gente que me ataca a mí por mi padre.

- ¿Le atacan?

- Me cruzo a veces con gente que me grita: "¡Viva Franco!" Me suelo contener pero a veces me pillan caliente.

- Debe de marcar mucho ser hijo de Santiago Carrillo.

- Sí, claro. Hace cinco años, yo iba con mi padre y un señor de unos 40 años que iba con su hija le llamó asesino.

- ¿Cómo lo encajó su padre?

- Tenía la conciencia absolutamente tranquila. El no perdía la compostura, tenía asumido que iba a recibir insultos y le puedo asegurar que murió tranquilo.

- Y fumando, ¿no?

- Mi padre se murió fumando. Nunca lo dejó. Murió un martes y yo le vi fumando el domingo. Yo dejé de fumar hace 10 años.

- ¿Cómo vivió usted el 23-F aquel momento cuando Santiago Carrillo siguió sentado en su escaño a pesar de la violenta entrada de Tejero y sus guardias armados en el Congreso de los Diputados?

- Fue una congoja para mi familia, pensábamos que esto se acababa y además éramos incapaces de saber qué pasaba con mi padre. Cuando lo vi sentado en su escaño me llenó de orgullo. Otros le decían: "¡Santiago tírate, que nos vas a dejar en ridículo!". Él tenía muy claro que si le iban a matar era por ser Carrillo y que poco les iba a importar que estuviese sentado o tirado en el suelo y pensó: "Si me tiran un tiro que me lo tiren de pie". A mi padre no le pilló por sorpresa ese golpe de Estado porque era consciente del movimiento de sables tras la "operación Galaxia" y era previsible.

- ¿Cuál ha sido en su opinión la principal aportación de Santiago Carrillo a la historia reciente de España?

- Su apuesta por la reconciliación nacional que significa que hay que superar las divisiones de la Guerra Civil, no olvidar. También su decisión en la política de la Transición: los acuerdos tácitos y explícitos que dieron lugar a la Constitución y los Pactos de la Moncloa que sellan en principio el PCE y la UCD. Esos no son solo pactos económicos, sino también políticos.

- ¿Es usted tan juancarlista como lo era su padre?

- Mi padre no era juancarlista, fue republicano hasta la muerte. Lo que sí vio en Don Juan Carlos fue un elemento de equilibrio entre sectores progresistas y democráticos y los involucionistas en un momento de la historia de España muy complicado. Yo tampoco soy monárquico porque creo que la república es una forma de Estado más avanzada y estoy convencido de que la monarquía desaparecerá por sí sola, aunque no sea de hoy para mañana. España acabará siendo una república, es la dirección de la historia.

- ¿Dónde se sitúa usted políticamente?

- En la izquierda. Soy afiliado del PSOE aunque mantengo en muchos aspectos una posición independiente y crítica.

- Pues estará decepcionado con los resultados del 25-M, ¿no?

- Nos los esperábamos. Tenemos que cambiar y recuperar un discurso que suponga una alternativa a la crisis económica que preconiza la señora Merkel. El PSOE sigue siendo un partido que para muchos no es de fiar. De ahí que surjan partidos como Podemos, que ya veremos si se mantiene.

- ¿No se ha planteado usted dar el salto al ruedo político?

- Creo que en el PSOE hacen falta primarias y secundarias, pero sobre todo afirmar un nuevo liderazgo. Yo no me he planteado dar el salto a la política. Soy un profesor universitario, investigador y docente y ya he dado un salto a la política universitaria, que es donde estoy.

- ¿Le ha podido su vocación política al dejar de lado, al menos parcialmente, una brillante carrera como investigador y como docente para dar el salto al Rectorado de la Universidad Complutense de Madrid?

- No es tanto vocación política como vocación de servicio público. Me presenté a rector porque creí que las cosas con el anterior equipo de gobierno no seguían el cauce que debían seguir. Me dejaron una deuda de 151 millones de euros.

- ¿Cuándo y por qué decidió usted dedicarse profesionalmente a las matemáticas?

- A los 12 años descubrí las matemáticas gracias a un gran profesor. Luego estudié en la Universidad de París Matemáticas y Física y a los 21 años opté por las matemáticas.

- ¿Qué le han aportado las matemáticas a su vida?

- Demostrar varios teoremas y le puedo asegurar que un teorema es para siempre. Un matemático de Oxford me dijo un día que demostrar un teorema es más gozoso que un orgasmo. Yo no llego a tanto, pero creo que demostrar un teorema es ver la luz.

- Al final, y a pesar de su progresismo, hasta usted ha tenido que llamar a la Policía para que entrara en la Complutense a poner orden. ¿Se arrepiente?

- En absoluto. Fue necesario tras una semana en la que se intentó dialogar con los estudiantes encerrados en lugares en los que se guardan los datos de todos los alumnos que tienen que estar protegidos. No vi más solución que pedir el desalojo que se hizo sin violencia.

- Pero hubo 53 detenidos.

- De los cuales solo ocho eran estudiantes. He llamado en dos ocasiones a la Policía para desalojar a personas que tomaron las facultades. En el desalojo de la Facultad de Políticas la Policía detuvo a 13 personas. No me arrepiento porque lo que hago es defender lo público.

- ¿Que habrá que hacer para recuperar el esplendor de la Transición, tan alabado con motivo de la reciente muerte de Adolfo Suárez, el gran cómplice de Carrillo en aquel trance?

- El esplendor de la Transición es difícil de recuperar cuando falta una izquierda con un programa de izquierdas y mientras tengamos una derecha poco avanzada y anclada en el nacionalcatolicismo.

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