Polémica por los matrimonios gay

Díaz, el ministro que encontró a Dios en la ciudad del pecado

Jorge Fernández Díaz abrazó la fe católica en 1991 tras un viaje a Las Vegas

08.03.2013 | 12:27
Jorge Fernández Díaz, ministro del Interior
Jorge Fernández Díaz, ministro del Interior

"Digamos que mi plan de vida es muy próximo a la espiritualidad del Opus Dei: ir a misa todos los días, rezar el rosario, hacer un rato de oración, otro de lectura espiritual... ". Palabra de Jorge Fernández Díaz, ministro del Interior. Hombre de la máxima confianza de Rajoy, que ha originado una gran polémica al rechazar los matrimonios homosexuales con el argumento de que esas uniones "no garantizan la pervivencia de la especie".

El que fuera gobernador civil de Asturias con la UCD a principios de los años ochenta del pasado siglo es hoy un hombre de profundísimas convicciones cristianas que sobrepasan el ámbito de lo privado.

Cree en la providencia y ve la política como un "magnífico campo para el apostolado". Sin embargo, Fernández Díaz no siempre fue un católico tan convencido y alineado con las tesis más conservadoras de la Iglesia española. Así lo atestiguan quienes lo trataron durante su estancia en la región, hace treinta años. "Era buena persona, pero un viva la Virgen en el buen sentido de la palabra, y ha cambiado radicalmente", afirma uno de ellos. El titular de Interior no esconde que, en materia religiosa, es un converso.

Fernández Díaz (Valladolid, 1950) descubrió a Dios en Las Vegas, sin duda uno de los grandes epicentros mundiales del pecado, cuando atravesaba una difícil etapa personal, en la que no faltaron los problemas familiares. Corría 1991 y ya era diputado popular por Barcelona.

Hasta entonces no se consideraba ni ateo ni agnóstico, simplemente «vivía de espaldas aDios, como si no existiera, y sólo me acordaba de él en los momentos difíciles», según confesó el hoy ministro en una entrevista con el semanario 'Alba'. Todo cambió en la capital del juego. Invitado por el Departamento de Estado, Fernández Díaz viajó a Estados Unidos y pasó un fin de semana de visita en Las Vegas. "Allí, por medio de un gran amigo, que, sin duda, fue un hombre de la providencia de Dios, Él salió a mi encuentro", relata. Sin embargo, la suya no fue una conversión inmediata, al estilo de San Pablo y su caída del caballo. Hubo una resistencia personal, que, finalmente, quedó vencida en 1997. «Fue el año en el que el Señor dijo: "Hasta aquí hemos llegado. O Caixa o Faixa "", expresión que se usa en Cataluña cuando alguien tiene que tomar una decisión arriesgada.

Y Fernández Díaz tomó partido, con la convicción de que su vida "sólo tenía sentido a la luz de Dios", al que ve "muy presente" en el Congreso. "Las Cortes son el órgano legislativo del Estado y Dios es el gran legislador del Universo", apuntó en la misma entrevista en la que daba cuenta de su proceso de conversión. Sus colaboradores diseñan la agenda de cada jornada tratando siempre de que no se salte la misa diaria. El ministro del Interior, que se hizo 'fraguista' convencido tras el naufragio de UCD, mantiene una gran relación con el cardenal Antonio María Rouco Varela, presidente de la Conferencia Episcopal Española, y también con el ex ministro socialista José Bono, con el que comparte creencias.

Ingeniero industrial, casado y con dos hijos, Fernández Díaz inició su carrera política en UCD. En julio de 1980, cuando era delegado de Trabajo en Barcelona, se convirtió en el gobernador civil más joven de España, al ser nombrado para esta responsabilidad en Asturias. En la región coincidió con Rafael Fernández, que presidía el preautonómico Consejo Regional. Posteriormente ensalzó el comportamiento del histórico socialista, y también el del dirigente comunista Gerardo Iglesias, durante la asonada golpista del 23-F, a la que Fernández Díaz hizo frente desde su despacho de la plaza de España de Oviedo.

El ahora ministro estuvo poco tiempo en el Principado. En 1981 fue nombrado gobernador de Barcelona. Un dirigente asturiano de la UCD que conoció a Fernández Díaz durante su etapa en la región no reconoce en el actual ministro del Interior a aquel joven líder centrista que llegó a Oviedo hace tres décadas para iniciar una brillante carrera política. Y lo explica así: "Jorge era un hombre normal, sin ese gran componente religioso de ahora. Su evolución resulta sorprendente: cuando llegó aquí era del ala socialdemócrata de UCD".

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