REDACCIÓN - VIGO
La marcha de Pedro Solbes a Bruselas esta semana ha permitido visualizar con total nitidez la conocida acusación que se hace al presidente Zapatero, de quien se dice que no le gustan los políticos con experiencia y prestigio. La renuncia del ex responsable económico que Felipe González llevó por primera vez al Gobierno supone lo que se ha dado en llamar la "rebelión de los maduros", que ha supuesto en catorce días la fuga de tres ex ministros con experiencia, criterio y personalidad como, Solbes, Jordi Sevilla y César Antonio Molina.
El aviso de todo esto ya se hizo público el pasado 25 de agosto por parte de un socialista de largo recorrido: Gregorio Peces-Barba, uno de los padres de la Constitución y ex presidente del Congreso. Peces-Barba decía de Zapatero y su ejecutiva que "quienes mandan en el Partido Socialista suelen jubilar a la gente muy pronto. No les gustan nada los mayores. A unos los mandan a Europa y a otros, como el diputado Jesús Quijano, los tienen en papeles secundarios".
En una entrevista, publicada hace sólo tres semanas, Peces-Barba se lamentaba por un desterrado a Estrasburgo como Ramón Jáuregui, "uno de los grandes parlamentarios, que puede hacer mucho aquí". En Bruselas ejerce de comisario Joaquín Almunia, el ex ministro por el que González apostó en su marcha para la secretaría general.
Zapatero prefiere la juventud, el mérito y tanto en el Gobierno como en la ejecutiva, se rodea de políticos sin experiencia que no cuestionen su optimismo a prueba de crisis. Ahí están Bibiana Aído y Leire Pajín para corroborarlo. La marcha de Solbes a Bruselas ha sido paradigmática. Con él, se ha consumado el abandono de la política del equipo económico con que el Zapatero arrancó su primer mandato. El ex vicepresidente dejó el escaño cinco meses después de salir del Gobierno y lo hizo justo para no tener que votar los Presupuestos de la crisis que Zapatero prepara con Elena Salgado y con los que el Presidente pretende subir los impuestos.
Solbes se ha quitado del medio, en silencio y después de haber tenido que tragar la medida electoral de los 400 euros, oponerse a aumentar el gasto sin control y resistirse a ceder más dinero para la financiación catalana. El vicepresidente del superávit se ha ido en silencio.
Antes, se despidió otro desterrado a provincias, Jordi Sevilla, quien fue mano derecha de Zapatero para asuntos económicos cuando el ahora jefe del Gobierno era líder de la oposición. Sevilla pasa por ser otra víctima del Estatut y en los últimos años no se privó de criticar la gestión de quien fuera su presidente. En abril pasado quien hizo el equipaje fue David Vegara, ex secretario de Estado de Economía y hombre fuerte de Solbes que en su día sonó para sucederle en la Vicepresidencia. La designación de Elena Salgado y el nuevo rumbo de la política económica lo llevaron a renunciar a su cargo. Lo hizo al día siguiente de que su jefe se despidiera, dejando clara su mala relación con Zapatero.
Antes David Taguas, hombre de confianza del ministro de Industria, tuvo que abandonar la Oficina Económica de la Presidencia ante la exigencia de Solbes de que desapareciera esa asesoría de Zapatero, quien desairó a su entonces vicepresidente con la incorporación de Miguel Sebastián.