César Antonio Molina - Ex ministro de Cultura que abandona el escaño para regresar a la Universidad
RUBÉN GARCÍA - A CORUÑA
César Antonio Molina cierra el círculo y regresa a sus orígenes. Da carpetazo a la política, tras ser ministro de Cultura, para recorrer el camino inverso, para estar en su “casa”, en la Universidad Carlos III de Madrid e impartir clases en las facultades de Periodismo y Humanidades. El próximo lunes formaliza su salida del Congreso y firma su nuevo contrato. El miércoles, 16 de septiembre, volverá a sentirse profesor. Lejos quedan ya sus visitas oficiales a la Torre de Hércules o al castro de Elviña en A Coruña. Ahora, podrá pasear sin los flashes de las cámaras.
Deja la política, su escaño en el Congreso, para volver a las pizarras de la Universidad Carlos III de Madrid y explicar a los alumnos qué es, para él, el periodismo. Se marcha porque, tras su cese como ministro de Cultura, César Antonio Molina quería “trabajar”. Ahora, tendrá más tiempo para sus libros.
–Empieza una nueva etapa, alejada de los micrófonos y de los escaños, aunque en realidad es más bien un regreso al pasado, a la docencia.
–Siempre he hecho compatible la Universidad con mi actividad como periodista, escritor y gestor cultural. Hay muchos grandes periodistas que fueron alumnos míos. Antes de ser nombrado director del Instituto Cervantes, dirigía el Círculo de Bellas Artes y era profesor de Humanidades y Periodismo en la Carlos III, exactamente igual que ahora. Estuve diez años. Me despedí del rector, que en aquel momento era [Gregorio] Peces-Barba, con la idea de volver. Regreso a mi casa, a enseñar mis materias: historia del periodismo universal, los géneros literarios, los géneros periodísticos... Para mí será mejor que estar en el Parlamento sin ninguna función, para mí era inconcebible. Nunca he dejado de trabajar y de ganarme mi sueldo.
–¿Impatirá muchas clases y muchas horas a sus alumnos? ¿Más que en el Congreso?
–Las clases me ocuparán varios días por la mañaña, lo haré compatible con la escritura.
–¿Cuándo se sube a la tarima para explicar a sus estudiantes qué es el periodismo?
–El lunes [el 14 de septiembre] tengo que firmar mi contrato, porque hasta el lunes no me dan de baja en el Congreso de los Diputados. Tendré clases el miércoles y jueves [los días 16 y 17].
–¿Va a tener muchos alumnos en clase?
–En periodismo tengo muchísimos alumnos, a lo mejor, treinta, cuarenta o cincuenta, hay menos en la factultad de Humanidades.
–¿Qué les dirá a sus nuevos pupilos cuando llegue a la facultad? A lo mejor, durante los primeros días, aún lo vean más como ministro que como profesor.
–Creo que muchos alumnos, afortunadamente, no sabrán que he sido ministro, por lo que no les voy a causar ninguna impresión. Sólo espero darles impresión con buenas clases, como siempre, leyendo buenos textos y compartiendo con ellos el amor a la lectura y a la escritura, que es lo primero que debe tener un periodista.
–¿Algún proyecto en macha en su faceta literaria?
–Sale en octubre, en la editorial Destino, un libro que se llama Lugares donde se calma el dolor, es una especie de microlugares del mundo donde ha sucedido algo, donde ha sufrido gente. Es un libro del que he estado escribiendo en los últimos cuatro años, en el que habló de India, China, Europa, América... Tengo casi terminado un libro de poemas en castellano, que se llama Cielo azar, que lo entregaré antes de que acabe el año a la editorial Pre-Textos. Círculo de Lectores también prepara un tomo con mis ensayos de literatura. También me voy a ir a finales de octubre a Belgrado, porque publican en serbio mi libro Fuga del amor; este mismo libro se publicará en italiano y en francés; y luego, escribir, escribir y escribir.
–Dejar de lado la vida política, por lo menos, le va a favorecer a la ahora de escribir.
–Nunca he dejado de escribir y publicar mis libros.
–Pero mi imagino que sí tendrá más tiempo ‘libre’.
–Evidentemente. La vida que he llevado durante los tres últimos años ha sido muy complicada, de dedicación diaria, continua. Ahora podré hacer algo que siempre he querido hacer y no podía: dar conferencias en universidades americanas y europeas.
–¿Ha pensado ya si publicará un libro con sus memorias, en concreto, sobre su etapa como ministro de Cultura y lo que ha significado para usted, como hombre de letras, la política?
–Creo que tengo cosas más importantes que escribir que eso, lo cual no significa que no lo pueda hacer en algún momento. Lo que tengo pensado es escribir un libro sobre el poder y la cultura, a través de Séneca, Cicerón, Platón, Kant, Spinoza... sobre cómo los intelectuales se han relacionado con la política. Es verdad que me lo han pedido muchas editoriales, pero tengo cosas que escribir antes y que me van a alegrar más.
–¿Guarda un buen recuerdo de su etapa política o, en el fondo, prefiere olvidarse de los últimos años?
–Yo guardo buen recuerdo de todo. Soy una persona optimista y que cree en la bondad del género humano. Tengo un buen recuerdo de la política, de estos tres años. Ayer [por el lunes] el presidente del Gobierno me devolvió la llamada, fue algo muy simbólico y afectuoso para mí. Cuando uno va a jugar a un campo de rugby sabe que se va a llevar algún golpe y pensar que va a salir indemne es que esa persona no tiene ni idea, entonces es mejor que no vaya a jugar, o si va a jugar que vaya preparado. Yo iba preparado, aunque algunas cosas sí que me sorprendieron más de lo que me esperaba, pero estoy contento y creo que a medida que pase el tiempo tendré un mejor recuerdo.
–¿Entonces, está satisfecho?
–Sí, tanto en el Cervantes como en el Ministerio de Cultura.
–Supongo que su deseo es que los coruñeses le recuerden como ministro de Cultura por los proyectos que impulsó en su ciudad.
–Hay muchos proyectos que espero que continúen adelante. El más importante es el Centro Internacional de Recursos de las Culturas Europeas (CIRCE), una idea mía que para la ciudad sería importante porque nos pondrían en Bruselas, nos conectaría con Europa. Y lo de la Torre de Hércules... si yo no hubiera sido ministro jamás la Torre de Hércules hubiera sido patrimonio de la humanidad, jamás.
–¿Tendrá más tiempo ahora para visitar la ciudad y darse un paseo por el faro (Torre de Hércules)?
–Siempre he tenido tiempo. Ser ministro de Cultura no alteró mi manera de ser. Creo que he sido siempre el mismo y lo seguiré siendo.