AGENCIAS - MADRID
El político democristiano Joaquín Ruiz-Giménez, primer Defensor del Pueblo de España en la democracia y después representante de nuestro país de Unicef durante trece años, falleció a los 96 años de edad, según confirmaron fuentes de la institución, que destacó su “lucha por la defensa de los Derechos Humanos y de los más desfavorecidos”.
Ruiz-Giménez ejerció cinco años como Defensor del Pueblo, desde diciembre de 1982 hasta diciembre de 1987, y le tocó iniciar el desarrollo una institución prevista en la Constitución e impulsada con el primer Gobierno socialista de Felipe González.
Ruiz-Giménez nació en Hoyo de Manzanares (Madrid), el 2 de agosto de 1913, hijo del que fuera ministro de igual nombre de Gobernación e Instrucción Pública y alcalde de Madrid durante el reinado de Alfonso XIII.
Doctor en Derecho por la Universidad de San Bernardo de Madrid, inició estudios de Filosofía y Letras, que tuvo que abandonar en 1936 por la Guerra Civil. Detenido varias veces al inicio de la contienda, estuvo encarcelado en Madrid, aunque consiguió trasladarse a Marsella (Francia), desde donde regresó para incorporarse al ejército del bando nacional.
Nombrado concejal del Ayuntamiento de Madrid tras la Guerra, fue también profesor ayudante de Derecho en la Universidad de Sevilla. En 1945 fue uno de los encargados de redactar el Fuero de los Españoles, y en 1947 designado para la cátedra de Relaciones Iglesia-Estado de la Facultad de Ciencias Políticas y Económicas de Madrid.
Ruiz-Giménez fue presidente de la Organización Internacional de Estudiantes Pax Romana (1939-1946), embajador en el Vaticano (1948-1951) y ministro de Educación Nacional (1951-1956), etapa en la que intentó una reforma interna del sistema educativo y creó un juzgado de rehabilitación para reponer a maestros y profesores apartados por el régimen franquista.
Designado por Franco consejero nacional, en 1957 formó parte de las Cortes, donde se opuso al proyecto de ley sobre el juramento de los funcionarios y la ley de asociaciones. Finalmente apartado del régimen, dimitió en enero de 1965 para dedicarse al Derecho.
Tras fundar y presidir del Consejo de redacción de la revista Cuadernos para el Diálogo (1963-1977), Ruiz Giménez trató de asentar en España una opción democristiana en las primeras elecciones de junio de 1977, pero no llegó a ser elegido diputado por lo que abandonó la política. Después de su paso por el cargo de Defensor del Pueblo, fue designado presidente del Comité Español de Unicef (1988-2001).
Ruiz-Giménez es autor de los libros, entre otros, ‘La concepción institucional del Derecho’ (1944), ‘Introducción a la Filosofía Jurídica’ (1958), ‘La propiedad’ (1961), ‘Del ser de España’ (1962) y ‘El Concilio y los derechos del hombre’ (1968).
“Profundo dolor”
Tras conocerse la noticia, la presidenta de Unicef en España, Consuelo Crespo, manifestó su “profundo dolor” por el fallecimiento de Ruiz-Giménez, del que destacó su “lucha por la defensa de los Derechos Humanos y de los más desfavorecidos”.
Crespo indicó que este político democristiano, que de forma voluntaria dirigió a esta organización al servicio de la infancia a lo largo de tres legislaturas, introdujo en España “la conciencia de que el mundo en desarrollo nunca llegaría a alcanzar sus objetivos de bienestar, dignidad y justicia, si desde los países ricos no se cambiaban actitudes y la visión que tenían del mundo”.
En este sentido, subrayó el “empeño”, durante años, de Ruiz-Giménez por la constitución de un tribunal penal internacional de carácter permanente encargado de perseguir y condenar los más graves crímenes, cometidos por individuos, en contra del Derecho Internacional.
“Estaba convencido de que había problemas globales que no se podían resolver desde un sólo país, sino que era necesaria una política y autoridad global para condenar asuntos como la explotación sexual de los niños o su utilización en conflictos armados. Son problemas que tienen muchos países y que hay que gestionar de forma global”, indicó.
Para la actual dirigente de Unicef, Ruiz-Giménez, al que calificó de “gran amigo y gran político”, hizo de su trayectoria vital “un camino en favor de la concordia, la paz y la promoción de la infancia”. Asimismo, explicó que representar institucionalmente a esta organización significa “una gran responsabilidad y un gran privilegio”, porque, a juicio de crespo, “te permite conocer la cara más amable de este mundo, como es la infancia, pero también al cara más dura, fruto del egoísmo y la injusticia”.