EUROPA PRESS - PALMA DE MALLORCA
La zona conocida como Es Portixol, que forma parte de la barriada costera palmesana de El Molinar, se levantó ayer con una normalidad relativa, ya que se percibía una "calma tensa" tras los atentados de ETA. Los numerosos restaurantes abrieron entre algunas cancelaciones de reservas, que sólo empiezan a repuntar para el miércoles y días siguientes.
Así lo confirmó el propietario del Restaurante Sa Roqueta, Antonio Serapio, quien precisó que su establecimiento se encontraba cerrado el domingo por descanso del personal y que hasta ayer no empezó a constatar, mediante intercambios de impresiones con otros restauradores, los efectos de las bombas colocadas en la Pizzería La Rigoletta y el Restaurante Enco, que se encuentra a tan sólo 50 metros del suyo. Serapio precisó, no obstante, que la terraza que se encuentra ubicada junto al Enco "está llena" de gente.
La propietaria del Bar Club Náutico "Es Portixol", Conchi Lorente, aseguró que aunque ayer parecía un día de lo más normal para esta época del año, todo el mundo hablaba "de lo mismo". El establecimiento se encuentra a medio camino entre los dos que resultaron afectados por los atentados.
Según expuso la hostelera, el domingo miraron en los lavabos y no vieron "nada extraño". Una acción que se vieron obligados a realizar los propios responsables del establecimiento, ya que allí, no entró la Policía.
"Unos municipales nos dijeron que no estábamos en el conflicto", mientras en el interior la gente se aglomeraba tras la explosión de las bombas, recordó Lorente.
La hostelera consideró que, en Palma y en esta época del año, es «muy difícil» controlar toda la gente que entra y sale de un establecimientos o de sus lavabos, el lugar donde fueron colocados todos los artefactos que explotaron el domingo en la capital balear.