Más que palabras en el BCE

Los analistas esperan que el Banco Central tome medidas hoy contra el riesgo de deflación, pero ven remota la opción de una gran expansión monetaria

05.06.2014 | 02:26

Los mercados financieros y los gobiernos de medio mundo mirarán hoy hacia Fráncfort, donde el consejo de gobierno del Banco Central Europeo (BCE) analizará la adopción de medidas de política monetaria ante la baja inflación en la zona euro, a la postre un reflejo de la falta de empuje de la recuperación económica. La opinión más extendida entre los analistas indica que el sanedrín presidido por Mario Draghi pasará de las palabras a los hechos, con una nueva rebaja de los tipos de interés y otras políticas orientadas a estimular que el crédito llegue a hogares y empresas. Se considera en cambio más remota la posibilidad de que el BCE, cuyo mandato estatutario es la vigilancia de la inflación, vaya a una expansión monetaria de proporciones relevantes, como piden algunos países y defiende una corriente de economistas, para contrarrestar el riesgo de deflación y estimular el crecimiento.

Draghi ha sabido usar las palabras con pericia en estos años. A una frase suya pronunciada en julio de 2012 -"El Banco Central Europeo está dispuesto a hacer lo que sea necesario para preservar el euro. Y créanme, va a ser suficiente"- cabe atribuir en buena parte que se atemperara la crisis de deuda soberana y que las primas de riesgo de los países del Sur, España incluida, cambiaran de tendencia. Más recientemente, el banquero italiano pronunció otras palabras que hicieron subir la Bolsa: "El consejo de gobierno se ha comprometido por unanimidad a usar instrumentos no convencionales dentro de su mandato para hacer frente a los riesgos de un periodo demasiado prolongado de baja inflación".

Draghi repitió lo de la "unanimidad", para transmitir que el alemán Bundesbank está dispuesto a las "medidas no convencionales". ¿Tanto como para seguir los pasos de la Reserva Federal de EE UU y poner la máquina de imprimir dinero (mediante compras masivas de deuda pública o privada) a funcionar? Quienes defienden este camino argumentan que tendría efectos benéficos para el crecimiento: si el dinero llega a la economía real, estimularía el consumo y la inversión, la inflación repuntaría y ayudaría a que los países más endeudados (España entre ellos) pagaran sus deudas; y el efecto sobre el mercado de divisas, con una depreciación del euro, mejoraría la competitividad de las empresas en sus exportaciones fuera de la región de la moneda única.

Pero las medidas de expansión monetaria también tienen su reverso. Miembros del propio BCE han alertado sobre el riesgo de que se esté produciendo una burbuja con los bonos de deuda pública de los países europeos. Que el BCE comprara masivamente ese tipo de activos alimentaría ese riesgo. Y poner la máquina de imprimir dinero a funcionar penaliza a los países ahorradores, singularmente a Alemania, de momento con un crecimiento óptimo, aunque amenazado también por el débil pulso de la zona euro.

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