jesús peón - Propietario del Restaurante Polígono, en Santiago

´El mes que viene prescindiré de un trabajador y me duele, pero tengo que recortar´

26.05.2013 | 04:12

"Todo son trabas, mala gestión y, cuando tienes un problema, nadie te escucha". Así resume los problemas que le ocasiona la burocracia a un autónomo Jesús Peón, propietario del restaurante, "Polígono", ubicado en la zona empresarial del Tambre, en Santiago. Allí, en la primera línea, Peón es testigo de cómo van muriendo empresas derribadas por el fuego enemigo de la crisis.
Con ellas, se van también sus clientes, ya que ese es su público. "En el Tambre existían unos 6.000 trabajadores y ahora quedan unos 4.000, lo que supone un 30 por ciento menos que repercute directamente en el negocio ya que en torno a unas 300 personas menos consumen en el negocio diariamente", explica.
Los primeros efectos se notaron ya en los esfuerzos que está haciendo Peón para forzar el encaje de ingresos y gastos. Pero el mes que viene llegarán más lejos. "Será la primera vez que prescinda de uno de mis 8 empleados porque hay que recortar. Alguien de la plantilla tiene que caer porque he hecho muchos ajustes desde notar el bajón, en octubre, pero no llegan", explica. No obstante, admite que le "duele el corazón" al tener que tomar esa decisión porque "en una empresa pequeña, un trabajador es un amigo, alguien cercano, cuyos problemas te interesas, con el que tienes una afinidad muy grande. Por eso, en una decisión así tienes que hilar muy fino porque afecta a alguien que se queda sin trabajo", señala.
Además, podría evitarse "si la Administración hiciera las cosas de otro modo". "Porque todo es un cúmulo de despropósitos en la Administración, de los concellos para arriba; no nos dan facilidades de ningún tipo; todos son impuestos y recargos, y nosotros tenemos que aguantar subidas, como la del IVA, que luego no podemos aplicar", protesta. Y encima "pierdes una mañana para arreglar papeles y el funcionario está de vacaciones o de baja, como si no hubiera parados para sustituirlos y nosotros no pagáramos impuestos para mantenerlos".
Entre otros agujeros negros, están, aparte de las cotizaciones a la Seguridad Social, que no hay flujo de crédito. "Si no te juegas tu patrimonio personal, no hay nada que hacer, y eso es inviable. Y lo mismo ocurre con esos créditos del ICO o del Igape, que en los panfletos están muy bien, pero tienes que avalar igual", lamenta.
"A veces", reconoce, "piensas en vender todo y marcharte a Cuba. Allí al menos, con cuatro duros, te sientes como un millonario, porque llevar un negocio es duro; te sientes agobiado y solo". Antes, concluye, "la tarta daba para todos, pero ahora las raciones están muy contadas".

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