Rescate a Chipre

Chipre, en compás de espera

El Gobierno ha decidido aplazar el debate parlamentario para defender la quita de los depósitos privados

18.03.2013 | 10:53

Chipre se encuentra en compás de espera tras la decisión del Gobierno de aplazar al lunes el debate parlamentario en el que el presidente, Nikos Anastasiadis, pretendía defender la polémica quita de los depósitos privados aprobada por el Eurogrupo, medida que ha desatado indignación en el país.

A la vista del revuelo político y social causado por las medidas, que prevén una quita a todos los depósitos privados en los bancos chipriotas, el presidente tuvo que optar por retrasar un proceso legislativo que se pretendía cerrar con máxima urgencia, para evitar un caos en el sistema financiero.

Además, y por orden del Banco Central, los bancos se mantendrán cerrados al menos hasta el martes, con la posibilidad de que la medida se alargue más días.

En un principio estaba prevista su reapertura tras la festividad del Lunes de Carnaval, que se celebra mañana.

La mayoría de los partidos políticos reaccionaron con indignación al programa del Eurogrupo, que contempla un impuesto extraordinario de un 9,9 % a todos los depósitos superiores a los 100.000 euros y del 6,7 % a los inferiores.

"La decisión del Eurogrupo no tiene precedentes y entierra definitivamente e irrevocablemente el fundamento básico de la UE que es el principio de la solidaridad", dijo el partido socialdemócrata EDEK en un comunicado.

"Rechazamos plegarnos a este chantaje", agregó EDEK, que pidió renegociar el acuerdo.

El proyecto requiere del voto a favor de 29 de los 56 diputados que forman el hemiciclo, por lo que Anastasiadis, cuyo partido conservador DISY tiene 20 escaños, necesita el respaldo de los nueve diputados del partido que le apoyó en las elecciones, el centrista DIKO, algo que no parece asegurado.

Según señalan varios medios, uno de los diputados de DIKO parece dispuesto a negarle el apoyo.

El resto de las formaciones han dejado entrever su rechazo, como es el caso del partido comunista AKEL, del último presidente Dimitris Christofias, que tiene en el parlamento 19 escaños.

Con toda probabilidad, se le sumará a este rechazo el único representante del movimiento de los ecologistas y los dos diputados del partido centroderecha EVROKO, aunque hoy su presidente, Nikos Siuris, evitó a dejar clara su postura.

El ciclón desatado el sábado por la decisión europea ha incendiado la ira de los habitantes de la isla.

"Despertarse y darse cuenta de que parte de tu vida, de tus fatigas y de tus sueños han sido robados, no es algo fácil de entender ni de aceptar", dijo a Efe Maria Filipu de 54 años, contable jubilada.

"Esto es un robo violento, insidioso, hecho de madrugada cuando la gente no estaba en condición de reaccionar", insistió la mujer.

"Los que hablaron en Europa nos dijeron que la decisión no es para castigarnos. ¿Y eso qué es entonces? ¿Acaso el premio a los mejores ahorradores?" ironizó Dora Nikolaidu, propietaria de un tienda.

A juicio del director de la "fábrica de ideas" "Thoukidis", Athos Kyranides, la quita no debe ser aceptada porque mina los principios democráticos y además destruirá la economía chipriota.

En declaraciones a Efe, Kyranides sostuvo que, a pesar de la ayuda que llegará desde el Banco Central Europeo, habrá un éxodo del dinero de los bancos chipriotas, lo que pondrá todo el sistema bancario en un aprieto.

Además, la quita chipriota influirá también en países como Italia, España, Portugal, porque llevará a una crisis de confianza, opinó.

Nada más conocerse la noticia en Chipre, la gente salió a la calle para retirar fondos de sus cuentas, pero se encontró con que los bancos cooperativos, los únicos que abren en sábado, habían recibido la prohibición de permitir transferencias bancarias.

Poco después, estos bancos cerraron sus puertas y las colas se mantuvieron ante los cajeros automáticos, donde los ciudadanos se aprestaban a sacar el máximo permitido por día, 1.000 euros.

El "corralito" parcial, que había sido posible gracias al fin de semana largo de Carnaval, con un lunes festivo, se convierte con la decisión de cerrar también el martes en un problema difícilmente comunicable a una población, que está fuera de sí y se siente engañada.

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