PILAR PIÑEIRO - VIGO
Esa noche, a sólo 48 horas de San Juan, había sido horrorosa en capturas. Las sardinas estaban casi desaparecidas al sur de la Ría de Vigo y la mayor parte de la flota local de cerco –una veintena de barcos– había vuelto a puerto casi de vacío. En la subasta de la mañana en O Berbés, poco más de 2.000 kilos de sardina, casi nada frente a otros años, cuando por las mismas fechas, las ventas superaron los 40.000 kilos.
A primera hora de la tarde del martes 22 de junio, los cerqueros se pertrechaban en O Berbés confiando en poder mejorar la pesca del día anterior para surtir el mercado de la especie más demandada ese día y darle una alegría a sus bolsillos, que no pasan por sus épocas más boyantes. Pero al pesimismo por la escasez del negocio se iba a sumar un sobresalto que aún tiene convulsionado a este sector de la flota más tradicional de Galicia.
Fue hacia las cinco de la tarde, cuando buques, marineros y personal portuario se vieron sorprendidos por un espectacular operativo de la Guardia Civil que, precisamente, tenía a varios cerqueros vigueses como objetivo de su investigación. Buscaban pruebas del uso de explosivos en la pesca, tras intensas y discretas investigaciones realizadas desde noviembre a raíz de varias denuncias recibidas en el juzgado de Cambados. Las acusaciones llegaban desde varias rías más al norte y avisaban de buques implicados en la pesca con dinamita al sur de Galicia. Hasta entonces se acotaban estas prácticas a puertos de la Costa da Morte como Camariñas, pero nunca se había puesto el foco en las Rías Baixas.
El calor era intenso y pegajoso en los muelles de O Berbés, y lo inusual del operativo hacía aún más denso el aire. El puerto pesquero vigués quedó completamente blindado durante más de seis horas y cada coche que accedía al recinto era exhaustivamente revisado por la Guardia Civil, que extendió su control también al mar, desde donde se seguía la pista a los barcos investigados.
Medio centenar de agentes de distintos grupos del instituto armado, algunos de ellos con pasamontañas para ocultar su rostro, se afanaron, ayudados por perros especialistas en la detección de explosivos, en cada centímetro de los barcos susceptibles de ocultar munición.
El dispositivo, denominado "Operación Abuelo" y dirigido por el titular del juzgado de Instrucción número 2 de Cambados, Juan Carlos Carballal, había comenzado y si se desencadenó ese día fue precisamente por sospechar que las buenas expectativas de venta de sardina en tales fechas podrían ser el mejor aliciente para el empleo de una de las técnicas de pesca más nocivas y denostadas.
Durante la operación, fueron registrados minuciosamente los cerqueros "Nueva Herminia Tres", "Andreu Tres" y "Nuevo Diego David". Otro barco matriculado en la cercana Cesantes fue también registrado pero pudo zarpar al no haber sido localizado en su interior ningún indicio de ilegalidad. Las pesquisas en naves de almacenamiento de redes y casetas móviles del puerto permitieron localizar depósitos de explosivo ilegal.
En paralelo, la investigación alcanzaba también a la Ría de Pontevedra. Las pesquisas permitieron hallar explosivos en un galpón de Montalvo (Sanxenxo), vinculados al armador del "Playa de Portonovo". El propietario del buque y dos marineros de su tripulación fueron detenidos.
El saldo del día que sobresaltó al sector pesquero gallego fueron 27 kilos de explosivos repartidos en cartuchos cargados con una media de 152 gramos de explosivo, 400 detonadores y 100 metros de mecha y una docena de detenciones. Asimismo, se localizó un cilindro metálico de un metro de largo y 20 centímetros de diámetro, supuestamente utilizado para guardar la munición y, por disponer de un tapón hermético, estaría diseñado para evitar la entrada de agua en su interior. La Guardia Civil sospecha que los implicados podrían guardar buena parte de la dinamita destinada a la pesca ilegal de sardinas en recipientes fondeados en las zonas habituales de faena, cuya localización se ha convertido en objetivo prioritario, lo mismo que la procedencia del explosivo, de fabricación española aunque pudo ser adquirida en Portugal.
Además de los tres detenidos en Portonovo, desde o Berbés tomaban rumbo a los calabozos José Antonio Tizón, armador del "Nuevo Diego David", patrón mayor de la Cofradía de Pescadores de Vigo y de la Asociación de Cerco; los armadores Jesús Sobral Andreu y José Carlos Castro, y seis tripulantes de los tres barcos retenidos.
La operación, sin embargo, estaba muy lejos de estar cerrada. Mientras desde el sector pesquero se alzaban voces casi unánimes contra el uso de estas prácticas ilegales y se atribuían a una minoría, el juzgado de Cambados, la Fiscalía y la Guardia Civil seguían sus pesquisas.
Así que, en paralelo con las declaraciones ante el juez de los detenidos y también como consecuencia de ellas, en la tarde del viernes se reeditaron las inspecciones en Vigo y Portonovo, mientras cuatro de los detenidos sabían ya que su destino inmediato es la cárcel, acusados de tenencia de explosivos y atentado contra el medio ambiente.
El saldo de las pesquisas del viernes fue aún más llamativo: 93 kilos más de dinamita y mil detonadores ocultos en una finca desde la que, probablemente, se distribuía el explosivo para la pesca ilegal. Mientras, en O Berbés se registraban dos casetas asignadas a otros dos barcos sospechosos. No hubo resultados positivos, aunque sí indicios de usos recientes como polvorín.
La declaración del patrón mayor de Vigo habría deparado también sorpresa. Según se supo, en su testimonio ante el juez habría asegurado que una cuarta parte de los cerqueros que trabajan entre Sálvora y A Guarda, es decir, unos cinco, emplean dinamita en la pesca de sardina.
Por su parte, el armador del "Playa de Portonovo", José Deza Castro, también habría declarado que lleva 14 años empleando explosivos.
La investigación sigue abierta y se ampliará a otros puntos de la costa gallega, a otros puertos de las Rías Baixas y de A Coruña.
Hasta el momento, el mayor golpe judicial y policial que se recuerda contra el uso de dinamita en la pesca de sardinas se ha saldado con cuatro pescadores encarcelados y otros cuatro libres, aunque también imputados en un caso que ha conmocionado no sólo al sector pesquero sino también a toda una sociedad ajena hasta ahora a las oscuras tramas que, en ocasiones, conviven con una de las pesquerías más emblemáticas de la costa gallega.
El esperado San Juan ha sido negro para la flota de cerco de las Rías Baixas. Las capturas han sido pobres pero más daño puede causarle aún el olor a dinamita que desde esta semana la rodea, envolviendo injustamente por la acción de unos cuantos a quienes tienen la pesca responsable como bandera.