PILAR PALAZUELOS - SANTANDER
Dos matrimonios británicos acaban de vivir 340 millas al noroeste de Galicia una experiencia en alta mar que bien podría servir para una ficción de aventuras, con naufragio y rescate incluidos, y de la que regresan sin más equipaje que la alegría de sobrevivir y toda clase de palabras de agradecimiento.
Aunque ya han transcurrido cinco días desde su naufragio, David y Angela Johnson, de las Midlands, aún tenían ayer el susto en el cuerpo. Ahora, junto a sus amigos, Mike y Barbara Arnold, de Devon, sólo quieren llegar a su país: Inglaterra.
Los cuatro han pasado en Santander la última etapa de su odisea marítima, porque, tras un accidentado rescate, han desembarcado en el puerto de la capital cántabra con el "MTM Pricess", el mercante de las Islas Marshall que los recogió en pleno temporal.
Los Arnold son veteranos en el mar, llevan doce años navegando en su yate "Octagon". David y Angela Johnson volaron a su encuentro en las Azores, desde donde se disponían a realizar una placentera travesía hasta Inglaterra.
El pasado 3 de junio, las dos parejas zarparon de las Islas Azores. David Johnson explica que en los primeros días la navegación se presentaba tranquila, aunque el tiempo fue empeorando: el viento cada vez era más intenso y el oleaje arreciaba con fuerza.
El barco se quedó sin dirección y a la deriva y, ante esas circunstancias, quedaban dos opciones: intentar esperar a que el temporal amainara o pedir ayuda. Ésa fue la decisión por la que se decantaron los tripulantes del "Octagon": la previsión meteorológica no era halagüeña, en el yate había comenzado a entrar agua y las dos mujeres no se encontraban bien. "Continuar el viaje era peligroso", recuerda David Johnson.
El que era el capitán del yate, Mike Arnold, lanzó entonces un mensaje de socorro, que fue recogido por el Centro de Rescate Marítimo de Falmouth (Reino Unido). Desde allí, se trasladó la posición del "Octagon" al buque "MTM Princess", que, casualmente, pocos días antes se había adherido a un sistema de salvamento de embarcaciones en apuros por el que se contacta con los barcos que están más próximos y disponibles.
El "MTM Princess" hizo un primer amago de rescate, pero el vaivén de las olas impidió amarrar al yate con los cabos que habían lanzado desde el buque.
"Estábamos muy preocupados y pensamos que no íbamos a poder sujetarnos al barco", señala Angela, la esposa de David.
En una segunda intentona, los tripulantes del "Octagon" se las arreglaron para colocarlo lo más cerca posible al "MTM Princess", se pudo atar el yate, y uno a uno, fueron subiendo a sus tripulantes al otro barco con cuerdas.
Barbara Arnold cuenta emocionada que cuando ya todos estuvieron a bordo se produjo una explosión de alegría en la cubierta del "MTM Princess".
Afortunadamente, tras esta aventura, todos están sanos y salvos, y pueden decir que "sólo" perdieron el yate, que quedó a la deriva, a merced de las olas.