NELI PILLADO - BAIONA
"Ellos se han llevado un buen susto, pero nosotros también estamos en un sinvivir", comentaba la esposa de uno de los marineros del Txori Argi ayer en su domicilio de Baiona. La localidad pontevedresa enmarcada en la comarca del Val Miñor, donde viven ocho de los tripulantes del atunero, revivió ayer la tensión con el ataque al pesquero. Los intentos de los piratas mantienen en tensión a la villa, cuna de cientos de hombres enrolados en la flota vasca del atún en el Índico. Tanto los familiares de los que ayer fueron atacados como los compañeros que se encuentran de vacaciones en tierra exigen al Gobierno central una solución para acabar "de una vez por todas con esta pesadilla".
Los baioneses Jesús Barra Leyenda, Miguel Piñeiro, Remigio Leyenda, Jorge Besada, José Leyenda Rodríguez, Felipe Silva y Francisco Javier Cedeira se encuentran a bordo, junto al gondomareño Javier Lourido y el contramaestre, natural de Panxón, en Nigrán. Todos ellos pudieron comunicarse vía telefónica con sus familias. Les aseguraron que estaban bien, tranquilos, y que navegaban hacia aguas seguras para volver a la pesca, pero que se habían llevado un gran susto. "No nos van a decir que están nerviosos", comentaba ayer la esposa de uno de ellos en su domicilio en el barrio baionés de A Laxe. "Desde allí nos animan a nosotros, pero yo sé que lo pasan muy mal y no es para menos", precisaba esta mujer visiblemente angustiada. Rechazó identificarse por "respeto a todos los tripulantes y a todas las familias que viven de esto en Baiona. Somos cientos de mujeres e hijos las que vivimos esto y yo no lo paso peor que las demás", explicaba. "Cada mañana al despertarme, lo primero que hago es coger el FARO y abrirlo por las páginas de Mar para saber cómo van las cosas por allá. Esto es muy difícil", añadía esta mujer a la que su marido telefoneó a media mañana. "No podía hablar mucho porque había compañeros esperando, pero me dijo que estaban bien y que no nos preocupásemos".
Nervios
El padre de otro de los tripulantes relataba también la llamada de su hijo. "Parece que dos esquifes se acercaron, pero enseguida repelieron el ataque y se marcharon. Todo bien", explicaba. Esta familia también se mantuvo en vilo durante la mañana. "Siempre te pones nervioso porque lo ves por la tele y hasta que te llaman del barco no sabes realmente lo que pasa. Está claro que hay que acabar con este asunto y endurecer las medidas contra los piratas", señalaba.
Desde tierra se ve el asunto con inquietud, pero el desasosiego no tiene límites cuando se trabaja a bordo. Alberto Rodríguez, marinero del Txori Argi de vacaciones en su casa de Baiona, explicaba ayer que la vida a bordo resulta "insoportable". "Esto no es normal, trabajamos en tensión. Tienen que facilitarnos las cosas. Tomar medidas para que podamos trabajar, sólo pedimos eso. Yo tengo 45 años y no puedo buscar otro trabajo porque mi vida es el atún", recalcaba.