P. PIÑEIRO - VIGO
Luis Gameiro, nacido en 1962 y trabajador de la construcción desde hace 20 y antes en el sector del transporte, es uno de los cotizantes de la Seguridad Social a los que toca de lleno la propuesta de retrasar la edad de jubilación hasta los 67 años. Ayer recibía molesto la iniciativa del Gobierno. “Es horroroso y me parece que es reírse de los trabajadores; más aún en un sector como la construcción, con un trabajo muy penoso, de mucho deterioro físico y cuanta más edad se tiene cuesta más hacer determinados trabajos. Por eso me parece fatal que gente con 30 o más años en una profesión tan dura aún tenga que seguir en activo dos años más y, además, se pierden facultades que pueden suponer un riesgo para uno mismo y para los demás”.
A Luis le resulta difícil entender “qué pretenden con esto como no sea meter miedo a los trabajadores para que se hagan planes de pensiones privados; admito que sea voluntario retrasar la jubilación, porque hay trabajos en los que se puede estar más de los 65, pero como medida general no lo admito y la jubilación a los 65 es un derecho”. Además, reflexiona que “es injusto que presenten algo así cuando le están dando tanto dinero a la banca”.
También Luciano Valencia trabaja en la construcción, desde hace 15 años. Antes lo hizo en una empresa cristalera y en el sector naval. En ambos casos vio como decenas de sus compañeros eran prejubilados con menos años que los suyos en la actualidad.
Empleo para jóvenes
Él, casi con 60 y con problemas físicos –hernia discal e inguinal y artrosis cervical– intenta una jubilación parcial, la única vía de anticipar el retiro que se presenta en su sector y se opone radicalmente a que se retrase a 67 el fin de la vida laboral. “Es una burrada y un paso atrás para los trabajadores”, sentencia el hombre, que dice no entender “qué hacen esas cabezas pensantes para proponer algo así y, como no hay trabajo para los jóvenes, van a obligar a los hijos a vivir de sus padres, que tendrán que seguir trabajando hasta cerca de los 70, hasta que puedan vivir de sus propios hijos. Lo que tienen que hacer es dar empleo a los jóvenes para que puedan cotizar”.
También insiste Valencia en la enorme diferencia de seguir trabajando hasta los 67 en su sector que en otros “porque no es lo mismo estar en una oficina que a la intemperie en una obra, verano e invierno”.
También es objetivo de la reforma de las pensiones que ayer presentó el Gobierno Pilar Barciela, de 42 años y en la actualidad desempleada. Ayer relataba que, pese a llevar ya 22 años trabajando sólo cuenta con cotización por “siete u ocho años”. Limpieza, conserva, transporte y “lo que hiciera falta” fueron sus ocupaciones pero las contrataciones temporales mediante empresas de trabajo temporal de las que dispuso le impiden equiparar sus años de trabajo con los de su cotización.
Críticas a la propuesta
“Dudo que ni con 65 ni con 67 me toque más pensión que una no contributiva porque tal como está el mercado laboral, me pregunto cuándo tendré suficiente antigüedad de cotización para cobrar”, señala.
Pilar se mostraba también muy crítica con la propuesta del Gobierno porque, aseguraba, “no veo lógico que jubilen con 45 años a trabajadores de los bancos, por ejemplo, y pretendan que trabajadores de oficios muy duros, como albañiles, el metal o las conserva tengan que aguantar hasta los 67”. Y ofrece como primera solución “eliminar todas las empresas de trabajo temporal, que te tienen trabajando para la misma empresa con varios contratos, te echan a la calle cuando quieren y así no hay manera de sumar años de cotización y sin derechos; yo, por ejemplo nunca supe lo que son vacaciones ni pagas extraordinarias”.
Por su parte, Jesús Rodríguez López, de 55 años y trabajador del sector del metal también recibió con muchos desagrado la propuesta de retrasar la edad de jubilación a los 67.
Jesús lleva desde 1974 en la misma empresa y antes había trabajado en talleres, en muchos casos sin cotizar a la Seguridad Social. “Esto es un duro retroceso en los derechos de los trabajadores y, una aberración para los que tienen empleos de mucho desgaste físico”. Para él, además, “los más afectados van a ser los jóvenes, que deberían luchar para que esto no salga adelante”.
Entre las alternativas que ofrece a la propuesta del Gobierno está la lucha contra el fraude, crear empleo para que los jóvenes puedan cotizar e, incluso, recurrir a impuestos para equilibrar las cuentas de la Seguridad Social y “que los que más tienen paguen más para evitar que gente que ya tuvo una vida laboral muy dura tenga que seguir trabajando más años”.
Prejubilada
Finalmente, la de E.L.C. –prefiere no ser identificada– es una historia que, desde ayer, casi suena a pasado,ante la propuesta de reforma del sistema de pensiones que presentó el Gobierno y que, al margen de retrasar dos años la edad de jubilación, prevé también restringir las prejubilaciones a las que desde hace años se acogen miles de trabajadores que, en muchos casos, no alcanzan ni los 50 años.
Aún sin cumplir los 51 años, lleva ya dos prejubilada. Trabajó durante casi 20 años en el sector bancario hasta que un reajuste en su entidad, puso su departamento en manos de una empresa externa. Las alternativas que le ofrecieron a ella y a sus compañeros fueron integrarse en la nueva empresa cambiando de actividad para realizar una para la que no contaban con formación o la prejubilación. La oferta económica para esta última posibilidad se cifró en unos 40.000 euros y un salario anual similar al que percibía hasta la edad de jubilación, sólo actualizado anualmente en función del IPC.
A ella, como a las decenas de compañeros que se acogieron a la prejubilación “cuando estábamos en los mejor de nuestra vida profesional, con más experiencia y conocimientos”, no le va a afectar el posible retraso en la edad de retiro porque en las cláusulas del suyo ya figura un blindaje ante tal posibilidad. “Eso demuestra que en mi entidad algo se debían barruntar de que podía pasar esto y que a mí me parece una barbaridad aunque yo personalmente esté contenta con mi situación”.
Ella, sin embargo, precisa que “aunque en principio pueda parecer muy atractivo poder vivir sin trabajar, al cabo de poco de tiempo te sientes extraña y un poco inservible”. Además, considera que “prejubilaciones como la mía no deberían existir como norma porque no es que falte trabajo sino que el nuestro ahora lo hace gente muy joven a la que pagan muchos menos y trabaja en condiciones que la empresa diga y sin protestar; es lo que se pretende”.
Ella califica de “tremendo” que “mientras ocurren a miles casos como el mío, se pretenda que la gente trabaje más allá de los 65 años y me parece más grave aún para quienes tengan una profesión de mucho esfuerzo; es una vergüenza”.