P. PIÑEIRO - VIGO
“Estamos mal, muy mal, y con la moral por los suelos; porque cuando no es por una cosa es por otra, el caso es que cada día aparecen con algo nuevo y así llevamos ya cinco meses y seis días”. Este era el estado de ánimo que ayer trasladaba desde el puerto mauritano de Nuedibú Santiago Iglesias, armador del pesquero de Marín “Bahía de Portosanto”, retenido desde que el pasado mes de agosto después de que un choque accidental causara el hundimiento de un buque chino de capital mauritano.
El motivo de la última desesperación de Iglesias era la exigencia por parte de las autoridades mauritanas del pago de 13.800 euros por una multa del pasado año que el armador cuestiona. Pese a ello, Iglesias aseguró a este diario que “sólo para poder salir de una vez por todas”, ayer mismo ordenó una transferencia de la cantidad reclamada que, según su versión, no es aceptada por Mauritania si no es en efectivo y en divisas.
Iglesias daba cuenta de tales detalles desde el propio buque, donde, según explicó, también había dos militares para impedir su salida de puerto.
“Ya no podemos más”, aseguraba el empresario marinense quien, además, se mostraba casi convencido de que detrás de esta nueva exigencia podrían venir otras con el único objetivo de evitar la salida del barco debido a la presión social.
Así, recordaba que aun el pasado lunes y cuando tras cinco meses de negociaciones lograba que tanto el Tesoro como la Justicia mauritana aceptaran la garantía de pago de la fianza impuesta al buque a la espera de juicio por el accidente del pasado verano, cuando llegó al puerto se encontró en el muelle con más de una veintena de mauritanos, tripulantes del buque chino hundido, tratando de impedir la salida del barco.
Ayer por la tarde y con las esperanzas casi del todo perdidas en poder salir esa jornada del puerto, Iglesias sólo quería pensar en que la liberación definitiva del buque pudiera llegar hoy.
Listo para salir
El barco está completamente preparado para salir al mar, ya aprovisionado y con toda la tripulación lista desde el lunes. En cuanto el barco sea liberado, su destino será el puerto canario de Las Palmas, donde se realizarán las reparaciones y las labores de mantenimiento necesarias tras varios meses de inactividad, y poder comenzar de nuevo su actividad pesquera para tratar de equilibrar las elevadas pérdidas económicas –más de 360.000 euros– ocasionadas desde la retención de agosto, según el armador.