REDACCIÓN / VIGO
Más de 136 días acumula el pesquero con base en Marín "Bahía de Portosanto" retenido por las autoridades mauritanas tras una colisión en la que se vio implicado un barco chino que finalmente se hundió. El armador de la embarcación, Santiago Iglesias, de 62 años de edad y natural de Poio, ha iniciado una huelga de hambre en el exterior de la sede del consulado español en Nuadibú donde permanece desde el pasado día 30.
Las autoridades mauritanas se niegan a aceptar las garantías del pago de un millón de dólares que se le impuso tras el accidente. "No saldré de aquí hasta que mi barco sea liberado, nos sentimos secuestrados", afirma Iglesias.
El patrón confiaba en que el caso se resolviese el pasado jueves, después de que el presidente del Tribunal Supremo fijase una garantía de un millón de dólares a cambio de la liberación del buque, pero "después de intentar por todos los medios que el tesoro público la aceptara", comprobaron "que no hay forma de que la acepten", criticó Santiago Iglesias.
Vista la situación, el armador decidió iniciar una huelga de hambre a las puertas del Consulado de España en Nuadibú, donde recibe el "apoyo incondicional" y la "solidaridad" de los españoles residentes en Mauritania y la comunidad de pescadores. Santiago Iglesias ha sido en este tiempo atendido en dos ocasiones por los servicios médicos ante ataques de ansiedad, que le han recomendado que sea evacuado a España para realizarle un reconocimiento.
Colisión fortuita
Esta situación está provocada, según el armador, por una "simple y fortuita colisión" entre dos embarcaciones que "en cualquier país se hubiese solucionado de forma rápida y efectiva" a través de "las mutuas de pesca y los seguros, en cumplimiento del derecho internacional".
Sin embargo, explicó Iglesias, en Mauritania "se ha transformado en un auténtico infierno para los pescadores españoles", que "no ven el momento en que finalice".
El armador del "Bahía de Portosanto" alertó de las "grandes y graves pérdidas" que supondrán los meses que el barco lleva sin faenar, tanto de salarios como de mantenimiento, gasóleo y deterioro de la embarcación, "sin mencionar las pérdidas de beneficios y la amortización de inversiones"
Iglesias ha adoptado esta actitud como último intento de presión y opción a la desesperada por poner fin a la pesadilla que sufre desde el 2 de agosto con la retención de su barco en Nuadibú.
La retención tiene como origen una colisión fortuita con un buque chino de capital mauritano que acabó hundiéndose. A raíz de aquel incidente, el buque de Marín tiene una causa abierta con la justicia mauritana, que le ha impuesto una fianza de un millón de dólares, de la que ha de hacerse cargo su compañía aseguradora a la espera de la celebración de juicio, donde la representación de los armadores del buque hundido lo han valorado en más de 3 millones de euros.