Juan Santodomingo - Experto en fusiones y vicepresidente del banco de inversión GBS Finanzas
L. PIÑERO - VIGO
Siete empresas conserveras galleas se encuentran inmersas en diferentes procesos corporativos. Uno de los principales grupos del sector está en proceso de analizar la entrada en su accionariado de algún fondo de capital riesgo. Otras seis firmas de tamaño mediano y pequeño están analizando posibles operaciones corporativas de fusión. El vigués Juan Santodomingo Díaz , vicepresidente del banco de inversión GBS Finanzas es un experto en fusiones y ha estudiado detenidamente la situación del sector conservero gallego.
–¿Cuál es el perfil de las empresas pueden llegar a fusionarse?
–Lo razonable es que lleguen a buen puerto aquellas operaciones que tengan, ante todo, sentido industrial. Es decir, que se integren compañías que sean complementarias desde un punto de vista de mix de producto, mercados geográficos, canales de distribución, estructura de producción y logística y estructura de capital. La estructura productiva y comercial de la industria conservera no facilita este tipo de integraciones por la escasa diferenciación de productos, de canales de comercialización y por la proximidad en las plantas de producción. Además, el carácter familiar de estas compañías y la elevada concentración de compañías en una misma comunidad autónoma hacen que, en muchos casos, se generen recelos a la hora de llevar a cabo estos procesos.
–¿Existe un tamaño idóneo para que una conservera se pueda considerar competitiva?
–El tamaño no es un elemento estrictamente necesario para que una compañía sea competitiva. Se puede ser un jugador de poco tamaño, con estrategia de nicho y un posicionamiento competitivo. Lo que está claro es que las compañías conserveras se caracterizan por un estrechamiento de márgenes constante y una incapacidad para invertir en I+D+i que les permita reposicionarse en productos de mayor valor añadido. En este sentido, los procesos de fusión, que tengan sentido industrial, permitirán a las compañías ser más eficientes, sólidas y con capacidad financiera suficiente para reinventarse y generar una verdadera ventaja competitiva que les permita consolidar su posición en el mercado.
–¿Se ha evaluado el coste de medio de una integración?
–Depende de muchos factores y es difícil definir un coste medio. Lo que está claro es que las sinergias originadas de un proceso de fusión deben ser superiores al coste de la integración, de otro modo, el proceso no tendría sentido. El coste principal en estos procesos, es el tiempo invertido por las personas y el coste de los asesores. Sobre estos últimos, está demostrado que el coste de no contar con asesores especializados en estos procesos es mucho mayor que el coste de contar con ellos.
–¿Qué papel pueden jugar las grandes firmas en estos movimientos?
–No se espera que su papel sea relevante. Para los grandes grupos con marca, por ejemplo Calvo, no tiene sentido la integración de compañías que únicamente aporten más volumen. Este tipo de compañías deben apostar por la diversificación en producto y de mercados geográficos. En este sentido, podría ser razonable que estas firmas realicen operaciones corporativas con grupos de otros sectores de la alimentación con bases de productos complementarios (platos preparados a base de pescado, verduras, carnes, etc.).
–¿Cómo afectará al empleo las posibles concentraciones?
–En este tipo de procesos se producen, en una primera fase, determinados ajustes en las plantillas de las organizaciones, para acometer posteriormente procesos expansivos y de crecimiento. Las operaciones de concentración tienen como objeto sanear determinadas situaciones empresariales que permitan situar a las compañías en una mejor posición para acometer procesos de crecimiento y consolidación. Si se observan algunos de estos procesos con perspectiva, se puede comprobar como en el largo plazo los grupos que se fusionan acaban generando empleo y valor para sus accionistas (Telefónica, Repsol, Iberdrola, Endesa, Santander, BBVA, etc.).
–¿Cómo ha repercutido en el sector conservero la crisis económica?
–Se ha visto afectado, como el resto de sectores, por la actual coyuntura económica. Algunos de los sectores más afectados por la crisis actual son los ligados al consumo, entre los que se encuentra el conservero, sin embargo las conservas se han demostrado como un producto refugio frente a otros productos de consumo que se han visto mucho más impactados.
–En todo este proceso, ¿cómo se contempla la internacionalización de las conserveras gallegas?
–Es un tema perfectamente compatible con la concentración del sector. De hecho, el éxito en la internacionalización de cualquier compañía será más probable cuanto más fuerte sea la compañía y más sólido su posicionamiento en el mercado.
–¿Existe el riesgo de deslocalización?
–La economía y los mercados son globales y todo empresario debe tener esta realidad en mente, bien por los riesgos que esto conlleva o bien por las oportunidades que se puedan plantear. El riesgo de deslocalización existe pero no creo que el sector conservero gallego vaya a ser un claro protagonista en él. Las compañías del sector tienen un importante mecanismo para ganar competitividad en Galicia, sin necesidad de deslocalizar producción de la zona. Lo que sí tiene sentido es que tras un proceso de saneamiento del sector algunos de los nuevos grupos se puedan plantear la inversión directa en países asiáticos como Tailandia.