ANTONIO TOURIÑO - AROUSA
Manuel Antonio Pérez, de 34 años, vecino de Boiro (A Coruña) se reconoce “desbordado por las circunstancias” tras 47 días de secuestro a punta de rifle y metralleta en el “Alakrana” pero muy emocionado tras el reencuentro con toda su familia y muy en particular, con su hija de 2 años. Durante la entrevista admite que ha soportado mucha angustia y miedo por el comportamiento de los “piratas” que iban armados “hasta los dientes” con fusiles, metralletas y lanzagranadas. Él formó parte de la terna de mandos “elegidos” para las más duras negociaciones de liberación del barco, en las que se produjo “esa pantomima de llevarnos casi hasta la playa”. De hecho fueron apartados del resto de la tripulación durante nueve interminables días.
–¿Desde cuando forma parte de la tripulación del “Alakrana”?
–Desde mayo de 2006, prácticamente desde que salió el barco del astillero, en el que ya entré como oficial electricista.
–¿Cuándo presintió que los piratas podrían abordar el barco?
–Momentos antes, el radar del barco detectó la presencia de varias embarcaciones pequeñas y que iban a mucha velocidad. El patrón del barco dio aviso pero al final consiguieron entrar en el barco.
–Una vez que están dentro, ¿qué hacen con ustedes?
–Hubo distintas fases en el secuestro. Primero nos llevaron al comedor, donde estuvimos amontonados día y noche; después nos trasladaron a los camarotes de marinería, que se encuentra en la parte más baja del barco.
–Usted fue uno de los rehenes elegidos como “moneda de cambio” e incluso llegaron sacaron del barco. ¿Cómo recuerda esos momentos?
–Los piratas seleccionaron a tres marineros y nos aislaron durante nueve días. Fue con ocasión del amago de llevarnos a tierra [el 5 de noviembre].
–¿Por qué cree que se fijaron en usted y sus dos compañeros?
–Ellos buscaban oficiales o personas que tuvieran la mayor responsabilidad en el “Alakrana” y no podían prescindir de los dos oficiales de máquinas ni de los dos del puente. Por ello me seleccionaron a mi que soy oficial electricista, un oficial del puente (vasco) y un marinero (Joaquín Fernández, de A Ramallosa).
–¿Realmente llegaron a bajarles del “Alakrana”?
–Si. Nos subieron en un bote y nos llevaron casi hasta la playa, aunque es cierto que el buque ya se encontraba muy cerca de tierra, quizás a unas cinco millas.
–O sea que ustedes tres, quizás sea quienes peor lo pasaron durante el secuestro del buque. ¿Llegaron a temer por sus vidas?
–No me atrevo a decir que nosotros hayamos sido quienes estuvimos peor, porque todos han sufrido muchos momentos de tensión que, la verdad, no me apetece recordar en estos momentos.
–¿Llevaban mucho armamento los piratas?
–Iban armados hasta los dientes. Portaban pistolas, rifles de escolta K-47 Kalasnikov, ametralladores de gran calibre, lanzagranadas. No sé especificarle más porque no soy experto en armamento.
–¿Y llegaron a disparar?
–Sí, en varias ocasiones.
–Después de esta experiencia, ¿volverá usted a enrolarse en un buque atunero?
–Todavía no lo sé. Tengo 34 años y una niña de 2. No sé si volveré a trabajar o no. Tengo que meditarlo mucho todavía. Es demasiado pronto.
–Habrá celebrado la vuelta con una gran fiesta. ¿Cómo ha sido su primer día de regreso a casa?
–Todavía no me lo creo, pero fue un día especial en el que nos reunimos todos. Estuve en casa de mis padres con la familia al completo donde se hizo, claro, una comida especial.
–Vamos que se desquitó del hambre y la sed que pasó durante los 47 días de secuestro...
–De esos temas escabrosos prefiero no hablar. Quizás cuando pasen unos días podré contar con más detalle todo lo que pasamos en el Índico, pero ahora no me encuentro con el ánimo suficiente para ello.
–Pero el miércoles tendrá que contarlo todo al juez Pedraz.
–Sí. Estamos citados para el miércoles, pero ahora prefiero descansar y disfrutar de la familia y los amigos. Olvidarme un poco de todo lo que pasó, que fue interminable.