D. VÁZQUEZ - BAIONA
En el Val Miñor la angustia de los 47 días de secuestro todavía erizaba ayer la piel a los vecinos, muchos de ellos pescadores como los que permanecieron retenidos en el "Alakrana" más de un mes. Ayer, en el esperado día de la liberación, la comarca miñorana, en la que residen tres de los tripulantes secuestrados, uno de ellos el patrón del barco, respiró con alivio al conocer que la pesadilla había concluido y que la vuelta de los marineros es cuestión de días.
"Aunque lo intentes, nunca llegas a ponerte del todo en su situación, pero uno supone que han tenido que ser unos días terribles, tanto para los marineros como para sus familias", aseguró Ana Pousada, vecina de Baiona y mujer de un pescador jubilado, Juan Ramón Marcote. Él, que hasta hace bien poco se dedicaba a la pesca del atún, reconoce que el Índico "es un mundo distinto, en el que nunca sabes con seguridad lo que puede pasar". Ambos se mostraron contentos del feliz desenlace del secuestro, una pesadilla que compartieron en la distancia con sus convecinos "con los que nos hemos criado", apuntó Ana Pousada.
"Jundo" Carneiro también anduvo al atún "en un barco americano", recordó. Jubilado ya a sus 77 años, no concibe cómo en pleno siglo XXI "hay todavía piratas, como esos de las películas, que se dedican a asaltar barcos". Aunque aseguró no ser partidario de la utilización de las armas, "Jundo" Carneiro considera una buena noticia que se permita su uso en los barcos que se encuentran en aguas de Somalia, porque "es muy triste que te cojan y te tengan amenazado de muerte tantos días". "Ahora, con las armas a bordo, esperemos que eso se acabe", agregó.
Por su parte, Baltasar Ulbeira, al que todo el mundo conoce como "Pepe", aseguró ayer que había llorado al enterarse del final que tanto esperaban en su familia. Cuñado del patrón, "Pepe" indicó que han vivido "momentos muy difíciles" y que ahora sólo esperan el regreso a casa de los marineros "cuanto antes". Desde hace unos días sabían que el final se acercaba, pero su inminencia cogió a todos por sorpresa. "Lloré porque después de tanto tiempo era imposible contener más las lágrimas", añadió, emocionado aún, Baltasar Ulceira.
A Benigno Costas, otro marinero baionés, también se le humedecían ayer los ojos al pensar en el calvario que han debido soportar los tripulantes del Alakrana. "Me doy cuenta de todo lo que habrán pasado y sé que la herida seguirá abierta en el barco aún después del secuestro", apuntó.
Junto a él, José Luis Trigo, vecino de Baiona, contaba la experiencia de un allegado suyo que también faena en aguas somalíes y "se salvó por los pelos" del secuestro, puesto que horas antes del ataque de los piratas había estado dentro del barco.
Otros pescadores de la comarca aprovechaban la tarde para echar una partida a las cartas y celebrar entre mano y mano la liberación de sus compañeros. "Claro que los conocemos", señaló Fernando González, jubilado ya del mar. "Trabajé en altura y entiendo bastante bien lo que han tenido que pasar", aunque, precisó, "nunca me he visto en una situación similar".
Ahora, recién despertados del mal sueño vivido en el último mes y medio, los habitantes de la comarca del Val Miñor, al igual que los del resto de lugares con marineros en el "Alakrana" recuperan la calma y el aliento y cruzan los dedos para no volver a vivir con el corazón en un puño.