CÁNDIDO PAÑEDA - CATEDRÁTICO DE ECONOMÍA
A fines de la década de los sesenta del pasado siglo, reinaba la denominada "nueva macroeconomía clásica", que se diferenciaba de la macro anterior en dos aspectos clave: por una parte, en que tenía unas bases sólidas, al basarse en la conducta maximizadora de los agentes (en definitiva, en la microeconomía); por otra, en que, a la hora de explicar el desempleo y las fluctuaciones, había abandonado el supuesto entonces habitual de salarios monetarios rígidos y lo había sustituido por factores tales como la información imperfecta y las perturbaciones tecnológicas.
Al decir de Akerlof, la nueva macroeconomía clásica supuso un paso adelante al basarse en la conducta de los agentes, pero tenía un grave problema, cual era que no era capaz de explicar determinados fenómenos macroeconómicos, debido a que se basaba en supuestos muy elementales en lo que respecta a la conducta de dichos agentes. En este contexto, lo primero que hay que decir es que el ya clásico artículo de Akerlof de 1970 ("The Market for Lemons: Quality Uncertainty and the Market Mechanism", Quarterly Journal of Economics) probablemente sea, tal como se señala en el Informe Científico de la Fundación Nobel, "la más importante contribución individual a la literatura de la economía de la información".
Lo segundo que hay que decir es que, tal y como señala Akerlof en su discurso Nobel –"La macroeconomía conductual y la conducta macroeconómica"– el estudio de la información asimétrica "fue realmente un primer paso hacia la realización de un sueño: el desarrollo de una macroeconomía conductual, de acuerdo con el espíritu original de la Teoría general de Keynes (1936)". Se trataba, pues, de recuperar el espíritu keynesiano y, consecuentemente, de recuperar "los factores psicológicos y sociológicos resaltados en la Teoría general, tales como, por ejemplo, los sesgos cognitivos, la reciprocidad, la justicia, el comportamiento de grupo y el estatus social. Mi sueño era reforzar la teoría macroeconómica incorporando supuestos que explicaran tales conductas".
El desempleo involuntario
En el terreno de la ciencia, los sueños sólo se convierten en realidad cuando permiten explicar lo que hasta ese momento no tenía explicación. Por ello, la mejor forma de ver la importancia de la aportación de Akerlof quizás sea la de mostrar la forma mediante la cual explica algún hecho que no era capaz de explicar la nueva macroeconomía clásica. A este respecto, un candidato excelente es el desempleo involuntario. Y es que, tal como señala Akerlof, "la nueva economía clásica considera al desempleo involuntario como una imposibilidad lógica… ¿Acaso no podría encontrar trabajo un desempleado si simplemente estuviese dispuesto a reducir su salario de reserva? La respuesta de la nueva economía clásica es afirmativa: los trabajadores desempleados son aquellos que, buscando trabajo –por tanto son desempleados, no personas excluidas de la población activa–, rechazan los puestos de trabajo disponibles porque esperan recibir un salario mayor del que se les ofrece.
Es posible que los desempleados no estén satisfechos al no poder vender su trabajo a cambio del sueldo o salario que desearían, pero, con la excepción de aquellos afectados por el salario mínimo o las negociaciones sindicales, están desempleados voluntariamente, no de forma involuntaria. Todo el mundo puede encontrar un puesto de trabajo a cambio del salario que vacía el mercado". Llegados a este punto, la pregunta que cabe hacerse es: ¿cómo se explica, entonces, que haya desempleo involuntario?
La respuesta a la pregunta que se acaba de plantear la dan los, en términos de Akerlof, "macroeconomistas conductuales", a través de "las teorías de los salarios de eficiencia, que aparecieron por primera vez en los setenta y ochenta del pasado siglo (y que) llenan de contenido al concepto de desempleo involuntario. Estos modelos postulan que, por razones como la moral, la justicia, los grupos de presión internos o la información asimétrica, los empleadores tienen buenos motivos para pagar a los trabajadores más del mínimo necesario para atraerlos. Dichos "salarios de eficiencia" se sitúan por encima del nivel en que el mercado se equilibra, con lo que hay un racionamiento de los puestos de trabajo y algunos trabajadores no pueden acceder a ellos. Estos trabajadores están desempleados de forma involuntaria".
Así, pues, lo que, por decirlo con los términos de Kuhn, era una "anomalía" para los nuevos macroeconomistas clásicos, se convierte en algo predecible y esperable en un mundo en el que la clave está en lo económico y hay información imperfecta (y entonces iríamos por la explicación de Shapiro y Stiglitz de 1984, en la que el desequilibrio existente en el mercado de trabajo –la oferta es mayor que la demanda y, consecuentemente, hay desempleo– actúa como mecanismo de disciplina –como amenaza– para que sean eficientes –se espabilen– los que cuentan con un puesto de trabajo y no desean perderlo) o, alternativamente, en un mundo como el de Akerlof en el que importan los motivos no económicos.
A juicio de Akerlof, si bien es cierto que "el modelo de disciplina del trabajador se adapta mejor a la lógica estándar de la economía que los enfoques basados en la sociología y la psicología", también lo es el que "las explicaciones psicológicas y sociológicas de los salarios de eficiencia son, desde un punto de vista empírico, las más convincentes". Respecto a estas últimas, señala que "se deben considerar tres aspectos importantes: la reciprocidad (el intercambio de regalos de la antropología), la justicia (la teoría de la igualdad de la psicología) y la adhesión a las normas del grupo (la teoría del grupo de referencia de la sociología y la teoría de la formación de grupos de la psicología)". Se trata, pues, de incluir en el razonamiento económico conductas humanas que van más allá de los límites que se ha auto-impuesto la economía tradicionalmente. Así, por citar dos de los trabajos de Akerlof relacionados con estos aspectos no económicos, "en la primera versión "sociológica" de la teoría del salario de eficiencia basada en el intercambio de regalos, las empresas les dan a los trabajadores salarios superiores al de equilibrio y los trabajadores les corresponden con su compromiso hacia la empresa" (Akerlof, 1982). Por otra parte, y en lo que respecta a la psicología, "el pago de salarios por encima del nivel de equilibrio puede estar motivado también por consideraciones de justicia: de acuerdo con la teoría psicológica de la igualdad, los trabajadores pueden esforzarse menos en la medida en que su salario se aleje de lo que se considera justo" (Akerlof y Yellen, 1990). Y es que "las normas de grupo determinan, generalmente, los conceptos que tienen los trabajadores respecto a cómo deberían ser correspondidos los regalos y a lo qué es un salario justo".
Motivaciones perdidas
En un trabajo más reciente (2007, "The Missing Motivations in Macroeconomics", discurso presidencial a la Asamblea de la Asociación Americana de Economía, publicado en The American Economic Review), añade a lo ya señalado algunas ideas nuevas de gran interés. Así, enfrentándose a una serie de hechos que la visión establecida no puede explicar, señala que la causa de ello está en que las preferencias se definen de una forma muy estrecha, excluyendo "las normas de los que toman las decisiones".
En definitiva, "faltan causas" y entre las "motivaciones perdidas" están las normas, que son fundamentales, ya que "reflejan la manera en la que los respectivos tomadores de decisiones consideran que ellos y los demás deberían o no deberían comportarse, incluso en ausencia de fricciones". Como señala Akerlof, esto no es nuevo, pues ya lo había señalado Wilfredo Pareto en su "Tratado de sociología general" de 1916. Así, nos recuerda Akerlof, "Según Pareto, las personas tiene normalmente ideas respecto a cómo deben, o como no debe comportarse. También tienen ideas respecto a cómo los demás deben, o no deben, comportarse. Tales ideas se denominan normas y pueden ser individuales y sociales".
En síntesis, el sueño de Akerlof consiste en mezclar lo mejor de los dos mundos posibles: "las observaciones de los keynesianos con la intencionalidad de las decisiones económicas de los nuevos clásicos", enriqueciendo, de paso, el análisis económico con las aportaciones de otros campos del saber, que nos hablan, entre otras cosas, de la justicia, la reciprocidad y las normas; que nos hablan, en definitiva, de los "motivaciones perdidas", las cuales se asocian a esos "espíritus animales" de Keynes de los que hablará en A Coruña.