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SELINA OTERO - VIGO
"Viven una situación crítica, realmente devastadora para la salud del individuo. No hay fortaleza mental que soporte ese grado de tensión". Expertos en psicología y psiquiatría comparan el cautiverio que sufren los tripulantes del Alakrana con la de los presos sometidos a pena de muerte, con escenarios vinculados en su día a las celdas de Guantánamo a través de imágenes de tratos vejatorios o con secuestros practicados por grupos terroristas.
"Físicamente están en un espacio muy reducido y en alta mar, similar a una prisión. En estos momentos pesa sobre ellos la amenaza de muerte; es la misma situación de indefinición e incertidumbre que la cadena perpetua, sin saber cuándo va a acabar el drama ni qué va a pasar con sus vidas", explica la catedrática de Psicología de la Universidad de Santiago, Ángeles Luengo.
La fortaleza y el espíritu de lucha de los rehenes del Alakrana se ha convertido en llanto, impotencia y desesperación, tal y como muestran sin tapujos en las escasas conversaciones telefónicas con los suyos. Noches en el suelo, agotamiento físico y mental, falta de higiene tras días sin ducharse, la miseria humana de obligarles a hacer sus necesidades in situ, hambre y desgaste. Gritos y fusiles en la sien. Y no sólo eso: el terror de soportar el ruido de los tiros al aire, la amenaza de poder morir de tres en tres mientras aguardan ansiosos noticias de España, la única esperanza porque su futuro está en manos de otros.
¿Cómo soporta la mente humana una odisea así durante 37 días? "Unos mejor que otros. Podemos hablar del término resiliencia, que procede de la resistencia y la fortaleza de los metales, y se traduce en la capacidad que tiene una persona o un grupo para recuperarse frente a la adversidad y seguir proyectando su futuro. Algunos pueden quebrar más fácilmente. En estos momentos, al agotamiento y a la vulnerabilidad se suma la amenaza a la integridad física (amenaza de muerte), sin duda una situación de estrés agudo", argumenta Alejandro Torres, psicólogo clínico de la Unidad de Salud Mental del CHUVI. Para Torres, la mente humana sigue un esquema de reacciones, por regla general, en una situación de secuestro con amenazas: "Al principio se produce un embotellamiento, se bloquea el razonamiento y se da un desorden de ideas. Con el tiempo puede derivar en un cuadro de estupor (parálisis y colapso) o en un estado de agitación, ansiedad y pánico, con necesidad de lucha y huída. Lo ideal es que aparezca un líder que mantenga la comunicación, la esperanza y sostenga al grupo. Una vez liberados, tendrán el síndrome del superviviente, con cefaleas y tristeza y, meses más tarde, el trastorno de estrés postraumático, en el que reviven lo sufrido en imágenes", sostiene Torres, quien subraya que el peso de la amenaza de muerte "aniquila la mente". Cuando regresen a sus domicilios necesitarán tratamiento, reordenar ideas. "Será difícil que quieran volver al mar", añade.
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