A. OTERO
A bordo del Artza reinaba ayer la calma. Después de la tensión vivida el sábado tras repeler a tiros el intento de secuestro de un grupo de piratas, los 32 marineros –11 de ellos gallegos– de este atunero vasco continúan con la campaña de pesca en las controvertidas aguas del Océano Índico. Su capitán, José Antonio Muñoz, está convencido del acierto de su armador al contratar personal armado, "porque de no ser por ellos, ahora estaríamos navegando hacia un puerto de Somalia secuestrados". El Artza fue uno los primeros barcos en contratar agentes privados de seguridad gracias a navegar bajo bandera de Seychelles. Muñoz relata el momento del ataque y la situación que sufre casi a diario el resto de la flota por el hostigamiento de los corsarios.
–¿Cuándo se dieron cuenta de que los piratas acechaban su barco?
–Estábamos navegando a unas 250 millas de distancia de la costa. El personal armado que llevamos a bordo se encarga ya de estar atento al mar por si vienen los piratas. Pero también el patrón está muy pendiente, y fue éste quien dio el aviso.
–¿Cuál fue la reacción a bordo en ese momento?
–Tenemos un protocolo de actuación para estos casos. De inmediato, todos los tripulantes, salvo el personal del puente, se dirigieron a la sala de máquinas, la zona más segura y protegida del barco en caso de que comenzaran a disparar. Aunque estaban a unos 1.000 metros pude contar hasta unos cinco piratas en un esquife, y otros tantos en los los otros dos botes. Está claro que venían a por nosotros, y no llevaban precisamente escobas en la mano.
–¿Cuántos disparos fueron necesarios para ahuyentarlos?
–No sé cuántos, pero algunos y al aire. Todos eran de advertencia, sin otra intención, pero fueron suficientes. Por lo menos ya saben que no somos una presa fácil. Es que esta gente no entiende otro lenguaje, y así fue cómo se dieron media vuelta, y según nuestras informaciones, lo intentaron horas después con otros buques que también los repelieron a tiros.
–¿Llegaron a temer por sus vidas?
–Está claro que nunca sabes cómo acabará un ataque procedente de estos piratas. Sin embargo, en nuestro caso, y al contar con personal armado, no hubo una situación de riesgo real aunque sí de nerviosismo.
–¿Son conscientes de que en cualquier momento pueden volver a intentarlo?
–Por supuesto. Aunque para mí sea el primer ataque de piratas que vivo, creo que ellos no son estúpidos, y si ya saben que eres capaz de defenderte, dudo mucho que lo intenten. Pero es que después también hay que tener en cuenta las condiciones en las que vive esta gente. Además, según nuestras informaciones, cuando salen a la mar a protagonizar un secuestro, suelen tomar una droga, que la llaman algo así como Cat, que les hace perder el temor y la razón.
–¿Perjudica ese hostigamiento la campaña de pesca de los atuneros?
–Hombre, cómo no va afectar. Es que ya no se trata de un ataque puntual, sino que se produce todos los días. Nosotros estamos trabajando de forma lícita, en zona teóricamente segura, y ya se ve. Estamos rodeados de piratas, por eso todas las precauciones son pocas. Hay que estar siempre pendiente. Aquí venimos a pescar para ganarnos la vida, mientras que ellos se dedican a ganarse la vida secuestrando.
–¿Qué tipo de armamento llevan los agentes que van en su barco?
–No me permiten dar ese tipo de detalles.
–¿Su presencia a bordo ha generado alguna incomodidad al resto de la tripulación?
–Para nada. A nadie le agrada que haya armas a bordo, pero como saben de su utilidad, ninguno protesta. Y yo estoy convencido de que si no fuera por estos agentes armados, ahora mismo estaríamos navegando hacia un puerto somalí secuestrados por los piratas.