Julio Gómez Rodríguez - Presidente de ASIME (Asociación de Industriales Metalúrgicos de Galicia)
J. CARNEIRO - VIGO
Prudencia y trabajo. Éstas son las herramientas con las que Julio Gómez, el nuevo presidente de ASIME, se enfrentará a los grandes retos del metal en Galicia: la firma del convenio provincial de Pontevedra –que este año vivió ya veintiséis jornadas de huelga– y la salida a una crisis sin precedentes. Gómez comenta en exclusiva para FARO qué objetivos se ha fijado para este nueva etapa.
–Asume usted el mando en un momento complicado para el metal. ¿Qué metas se marca?
–Es verdad que no está en su mejor momento. Los que tenemos cierta experiencia recordamos otras crisis, pero ésta es diferente. Las anteriores habían sido domésticas, por así decirlo, nacionales, europeas, sectoriales... La actual, en cambio, es global. Debemos ser optimistas y esperar a que pase lo antes posible, aunque ese antes posible esta vez creo que durará un poco más de lo normal. ¿Objetivos? Si me permite la expresión, aguantar el chaparrón, que no es poco.
–La falta de financiación ha puesto contra las cuerdas al sector naval. ¿Teme que situaciones como las de MCíes, que ha solicitado un concurso voluntario de acreedores, se repitan?
–Es difícil saberlo. Lo de MCíes puede pasarle a cualquiera en cualquier momento. Si un cliente cancela un pedido cuando lo tienes construido al 70% te genera un problema muy difícil de resolver. Si a eso le sumas que dependes de la banca, en un momento de crisis como el actual, ese problema se multiplica.
–La banca, ¿ha vuelto a abrir el grifo?
–Si lo ha hecho, no lo he notado. Lo que sí se percibe es que no han ido más allá, no han cerrado más el grifo.
–La Xunta, y en concreto el Igape, ¿están dando la talla ante esta restricción del crédito?
–Creo que están teniendo un papel correcto.
–¿Qué ha supuesto para las empresas la huelga del metal?
–La mejor de las huelgas es mala. Para ambas partes. Nunca he visto que nadie haya salido beneficiado de un conflicto laboral. Si además la huelga se desarrolla en un contexto tan crítico como éste, esa repercusión es mayor. Porque la propia competencia se encarga de airear tus problemas, en nuestro caso difundiendo la idea de que Vigo es conflictivo.
–Los sindicatos mantienen una posición firme sobre la contratación en el naval. ¿Es negociable?
–No, y es lógico. Éste es el convenio del metal de la provincia de Pontevedra, no del naval. No tiene sentido que intenten introducir esa petición, salvo que ellos tengan algunas razones que a mí se me escapen.
–¿Y a nivel de retribuciones, mantiene la patronal los topes de subida salarial?
–Si es que no ha habido cambios. Las posibilidades de las empresas no han variado. Los topes no los marcamos por capricho. Las circunstancias no te permiten otra cosa. Las empresas, ya con el convenio actual, están con el agua al cuello. No se puede permitir ningún incremento más allá de los normales. La mayoría cree que deberíamos negociar a la baja. Para muchas un 1%, que puede no parecer nada, es una barbaridad. Tiene que entender que estamos conviviendo con un convenio –con unos costes– firmado en tiempo de bonanza, cuando las cosas iban bien. Y los brotes no los veo por ninguna parte.
–¿Cree que se resolverá pronto?
–Eso espero, por el bien de todos. Porque si no lo que se genera es una incertidumbre que no beneficia a nadie.
–¿Qué supondría otra huelga para el sector?
–Eso ni siquiera lo pienso. No puede haber otra huelga, sería el golpe de gracia para el sector. Porque fuera no se entiende este tipo de situaciones. A mí me llaman clientes preguntando qué pasa en Vigo, pidiendo explicaciones. Y es difícil explicarlo.
–¿Puede quebrar algún astillero?
–No lo descarto. Si la crisis y las restricciones financieras se mantienen, entra dentro de lo posible. Con las condiciones que hay hoy en día es muy complicado seguir trabajando. Porque hay que tener en cuenta que no están entrando pedidos. Hay que preguntarse desde cuándo no se firma un barco en la ría de Vigo… Pues desde hace un año largo, casi dos. Está claro que en el último, nada. Y en el anterior, tampoco recuerdo ninguna firma. Cuando hace unos años se hablaba de carga de trabajo hasta el año 2013-2014 era porque efectivamente en las carteras, además de los pedidos, había unos compromisos para construir algunos barcos más, pero se han cancelado.
–¿Cuándo empezará a escasear el trabajo?
–Aquí va a haber un problema gravísimo y no somos conscientes. A partir de mediados del año que viene el trabajo va a pasar de cien a cero. Porque aunque hay astilleros con carga de trabajo hasta mediados de 2011, para la mayoría de las auxiliares –sobre todo las de aceros– el trabajo se les termina antes.
–¿Se puede hacer algo?
–Desde luego agudizar la prudencia y trabajar. La crisis también es de confianza, y tenemos que intentar devolvérsela a nuestros clientes.
–¿Tendrá éxito la entrada del metal en la industria aeronáutica?
–Sí, pero se irán dando pasos lentamente. Este tipo de cambios no se improvisan. El paso a la aeronáutica viene de unos años atrás, y efectivamente hay un nicho de trabajo que se puede aprovechar. Estamos muy ilusionados con este tema, porque para muchas empresas puede ser otra válvula de escape.
–¿Persiste el riesgo de que algunas empresas se deslocalicen por esta razón?
–Sí, ese riesgo existe. Y de hecho hay muchas empresas del sur de Galicia que se están yendo al norte de Portugal. Hay una tendencia cada vez mayor, para evitar la conflictividad laboral y por las facilidades que dan allí. Pero a nadie le gusta irse. Todo esto me recuerda a cuando a finales de los setenta se vivió aquí una avalancha de contratos de pesqueros del País Vasco, no por mérito nuestro, sino por las duras huelgas que allí se vivieron. Espero que ahora no nos ocurra lo mismo.
–Ahora que la construcción naval se ha frenado, ¿es el momento de retomar el proyecto del centro de reparaciones navales?
–Sin duda. Desde ASIME siempre hemos sido grandes defensores de la reparación, porque creemos en ello. Un armador puede hacer un barco en cualquier parte del mundo, pero a la hora del mantenimiento rara vez vuelve al astillero de origen. Es fácil dejar de construir barcos, pero no lo es tanto dejar de mantenerlos. Es más, se nota un mayor crecimiento de la reparación cuando se frena la construcción, porque si un armador no puede construir un barco nuevo repara el que ya tiene. De todas formas, puede ser una válvula de escape, pero nunca sustituir a la construcción naval.
–Expertos sostienen que el futuro del naval pasa por concentrar la industria auxiliar, por crear empresas más fuertes y formar mejor a la plantilla.
–Sí, pero eso va a necesitar un tiempo de maduración importante. No se puede improvisar. En eso estamos trabajando desde la asociación, la Xunta y el Ministerio de Industria. Pero hay que ir paso a paso.
–¿Cómo ve el futuro de la automoción?
–Parece que la gente está un poco más animada, pero también eso es comprensible. Si alguien quiere ver algún brote lo verá verde. Ahora mismo parece ser que la actividad ha repuntado un poco, pero tenemos que ver por qué: las ayudas, el verano… De aquí a finales de año veremos si esta mejoría se mantiene.
–¿Se ha perdido mucho empleo este año?
–Sí, sobre todo durante el periodo de huelga. No sé si muchos de los puestos perdidos habrían desaparecido igual a lo largo del año.
–Dentro del sector del metal, ¿cómo están las empresas que se dedican a la construcción?
–Han sido las peor paradas. Muchas han desaparecido y las que aguantan tienen muchos problemas. Necesitarán tiempo.