REDACCIÓN / VIGO
En aquellos días en los que se le detectaron por parte de la Agencia Antidopaje Frances los restos de "salbutamol" -permitido al corredor por la Unión Ciclista Internacional- en el cuerpo, Óscar Pereiro andaba ya cerca de los Alpes luciendo el maillot amarillo que un día antes había logrado.
La etapa decimocuarta no era una jornada tan normal como aparentó la propia carrera. Aquel 16 de julio fue un "cazador de etapas", Pierrick Fedrigo, el que llegó primero a la meta de Gap, 180 kilómetros después de la salida en Montelimar. Pero la atención de la afición gallega estaba centrada en la primera defensa del jersey de líder que hacía el ciclista de Mos. Y lo hizo sin sufrir lo más mínimo en una jornada, además, previa al descanso antes de afrontar el temible Alpe D´Huez. Óscar Pereiro disfrutaba de su llegada a la gloria, ajeno a todo lo que después significaría la ronda gala para él; y consciente de que utilizaba, por prescripción médica y con la autorización de la Unión Ciclista Internacional, el ventolín que le proporcionaria las cantidades de salbutamol necesarias para hacer frente a sus problemas de salud.
En la etapa decimosexta, un día después de perder en Alpe D´Huez ese maillot de primer clasificado por diez segundos, afrontó los 182 kilómetros entre Bourge D´Oisans y La Toussuire alimentado, principalmente, por la "pájara" de su rival Floyd Landis, que se dejó diez minutos en el intento.
El de Mos resistió, aunque no pudo con Rasmussen (Rabobank), primero de etapa, ni a Sastre, segundo a 1:41 del ganador. Pereiro alcanzaba la meta a 1:54, con dos segundos de adelante sobre Cadel Evans y Andreas Kloden. Hubo, eso sí, fiesta española porque era la confirmación de que el de Illes Balears estaba preparado para luchar por el podio. Él mismo lo admitía al finalizar una etapa al reconocer que la lucha por estar en el podio estaba en sus manos. El Col du Galibier, el Col de la Croix de Fer, el Col du Mollard y La Toussuire fueron testigos que animaron a Óscar Pereiro a creérselo en el Tour de Francia. En aquel entonces, él sabía que tomaba. Lo que desconocía era lo que iba a suceder después. Ni lo de Landis ni lo de ahora de "Le Monde". Con la misma tranquilidad afrontó una situación como otra.