09 de abril de 2018
09.04.2018
ciclismo

Primer adoquín para Peter Sagan

El campeón del mundo añade a su gran palmarés la París-Roubaix tras una lección de fuerza y estrategia

09.04.2018 | 11:26
Sagan festeja su victoria en el velódromo de Roubaix. // Reuters

El ciclista eslovaco Peter Sagan, del Bora-Hansgrohe, se impuso ayer en la 'Clásica de las clásicas', la París-Roubaix, disputada sobre 257 kilómetros, la que ha supuesto la primera coronación del tres veces campeón del mundo en el duro pavés de la prueba francesa y su segunda clásica de la temporada tras la Gante-Wevelgem. Por primera vez en su carrera este colosal ciclista subió al podio para recibir el "adoquín" con el que se reconoce al ganador de esta emblemática carrera en la que en esta ocasión no hubo demasiado barro, lo que suele transformar la clásica es una competición aún más peligrosa.

La también llamada 'Infierno del norte', reconocida así por su dureza (en 2017 solo finalizaron 102 de los 200 corredores que iniciaron la prueba), estuvo marcada por los 54,5 kilómetros de adoquines que tuvieron que afrontar los corredores.

En los primeros kilómetros de la prueba se estuvieron probando diferentes intentos de fuga que fueron neutralizados, hasta que varios competidores, entre los que se encontraba el español Marc Soler (Movistar Team), consiguieron una ventaja de hasta 8 minutos con el pelotón.

El recorrido, uno de los más conocidos de todo el calendario, contaba también con la entrada del bosque de Arenberg, recorrido calificado como 'Infierno del norte', en el que hay dos kilómetros solo de adoquines, y en el que muchos corredores, como Soler, se vinieron abajo, perdiendo sus posibilidades de cara a la victoria final.

Las caídas también fueron una constante durante toda la carrera. En una de ellas, algunos de los favoritos a la victoria final, Geraint Thomas, Martin y Kristoff, tuvieron que retirarse a consecuencia de los golpes producidos. El grupo posteriormente se dividió en tres: la cabeza de carrera, los perseguidores, liderados por Stybar, y el pelotón.

Después de una de las caídas, el ciclista belga Micchael Goolaerts, del Verandas, sufrió un paro cardíaco. El corredor tuvo que ser reanimado con un desfibrilador, y posteriormente fue trasladado a un hospital cercano.

Tras casi 100 kilómetros de escapada, finalmente se redució la ventaja entre los escapados y el pelotón, estando a poco más de 20 segundos entre los grupos de cabeza de carrera. Sagan estaba al acecho, esperando cualquier oportunidad que se le presentase y alcanzando a la escapada. A menos de 50 kilómetros para el final, tomó el mando de la prueba y comenzó a tirar del resto.

Van Avermaet lideraba el grupo perseguidor, y era el único que podía discutirle la prueba a Sagan, pero el ritmo del campeón del mundo era imposible de seguir. El corredor del Bora iba avanzando para llegar al velódromo de Roubaix, meta de la carrera, con un ritmo infernal, con la intención de una llegada en solitario al final. Solo el suizo Dillier (AG2R) le aguantaba el paso, aunque con dificultades.

Finalmente, teniendo al grupo perseguidor a más de un kilómetro, la batalla estaba entre Dillier y Sagan, que descartó la posibilidad de atacar antes. En el velódromo, el eslovaco tiró fuerte y, en su séptima participación, se hizo con una de las pocas clásicas que le faltaban a su extenso palmarés.

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