07 de diciembre de 2017
07.12.2017
natación paralímpica

Desde México se divisa Tokio

"Ha sido mucha presión", indica Chano sobre la conquista a sus 60 años de edad de un bronce mundial que le dará estabilidad financiera

07.12.2017 | 01:36
Chano Rodríguez, con el bronce cosechado en Ciudad de México.

Sabe bien que ha conquistado dieciséis medallas en cuatro presencias paralímpicas. Le dolió quedarse a 20 centésimas de la decimoséptima en sus quintos Juegos, los de Río; por el orgullo y porque se complicaba el nuevo ciclo. Chano se jugaba en México la beca que prolongase su aventura deportiva hasta Tokio 2020. Lo ha logrado con el bronce en 50 metros estilo libre de la categoría S5. Y aquí se le pierde la cuenta. En Mundiales y Europeos habrá ganado "más de cincuenta" medallas, calcula. Aunque esta última es especial: la primera ya entrado en su sexta década de existencia.

Chano Rodríguez está sentado en el borde de la piscina de Ciudad de México donde se disputan los Mundiales de natación paralímpica, esperando la señal de salida de la final. Al frente, esos cincuenta metros de agua que ha atravesado un millón de veces en entrenamientos y competiciones. Esta vez, sin embargo, el largo contiene angustias, polémicas, terremotos, desajustes horarios, mareos de altitud... Solo él sabe la tormenta que se oculta bajo la tranquila lámina. En poco más de medio minuto va a resolverse la viabilidad financiera de su objetivo olímpico. Chano quiere disputar en Tokio 2020 sus sextos Juegos. En Río no logró medalla por 20 centésimas y necesita el metal en el Mundial para lograr la beca. Aunque lo tenía previsto, no podrá competir en 100 metros. Se lo juega todo a una carta.

Chano ha marcado un tiempo de 35:50 en la semifinal. Le ha valido para clasificarse en segunda posición, pero sabe que no le resultará suficiente para subir al podio. Siente que ha nadado "con el paracaídas puesto", como en una serie de calentamiento. Su cuerpo no ha asimilado los 2.300 metros de altitud y las siete horas de diferencia horaria entre España y el huso central mexicano. Ahora son casi las dos de la noche en Vigo. Sonríe, sin embargo. Los técnicos acaban de proponerle un cambio táctico. Le han dado algunos consejos mientras calentaba y Chano ha palpado enseguida que recuperaba la chispa.

Restalla la orden. Chano se arroja con decisión. Comprueba en verdad que no golpea el agua como por la mañana, sino que se agarra a ella, impulsándose en cada brazada. "En esos momentos notas el subidón de la final y toda la energía de la gente que te apoya", relata. Daniel Días toma ventaja. Es lo previsto. Nadie le hace sombra al brasileño, que gana el oro con un crono de 32:66. Chano no se ceba ni duda. Compite incluso con el vietnamita Thanh Tung por la segunda plata. "Fue más listo que yo y metió la mano antes", acepta el vigués. Tung gana la plata con 34:59. Chano, el bronce con 34:66, casi un segundo menos que el registro de la semifinal, que efectivamente se le hubiera quedado escaso. El francés Theo Curin queda cuarto con 35:36.

El nadador olívico al fin puede respirar aliviado. Está satisfecho con su rendimiento. "El tiempo ha estado genial. Técnicamente he ofrecido un muy buen nivel. A mi edad sigo aprendiendo y sigo mejorando", celebra. La referencia biológica es inevitable porque Chano hace ya tiempo que cruzó las fronteras convencionales. En febrero cumplirá 61 años.

"Ha sido un camino muy largo y muy duro desde Río", resume Chano Rodríguez, que reconoce que la cuarta plaza de Río "era una espinita que tenía clavada". Con la aportación institucional estrangulada, había enfocado la preparación de toda la temporada a un Mundial que debía disputarse en septiembre. El terremoto que sufrió México obligó a aplazar la cita e incluso corrió peligro su disputa. Cuando se supo que se celebraría en diciembre, el entrenador de Chano, Alejandro Brea, y su preparador físico en iFit, Joan Rodríguez, recalibraron su programación. La psicóloga del Comité Paralímpico, Manuela Rodríguez, le ayudó a superar sus miedos. "Ellos siempre están ahí, con beca y sin beca", les agradece. "Pese a la experiencia, ha sido mucha presión. Pero los nervios y la ansiedad también me ayudan a mantener vivo el gusanillo. Al final, este deporte es aburrido: siempre mirando una raya y con un señor gritándote. Me mueve que la gente joven vea que uno siempre puede salir adelante pese a los problemas que tenga detrás".

Salvo sorpresa o cambio en el reglamento, el bronce le asegura la beca deportiva hasta el Mundial de 2019 en Singapur. "Estoy muy agradecido, pero es solo un peldaño más. Toca seguir trabajando y buscando apoyos", revela, pendiente de cerrar unas charlas patrocinadas por el Concello. En 2018 podrá preparar con tranquilidad los Europeos de agosto. E intentará convencer al seleccionador de que le deje acometer la travesía que sueña entre Salvora y Vigo. "Es el año para hacerla. Después será imposible". Porque en el horizonte de esa piscina ha acabado descubriendo la silueta de Tokio 2020, el "gran objetivo"; Juegos a los que llegará con 63 años. En Ciudad de México, como en cada campeonato, le preguntan por el secreto de su longevidad. Recita: "Ilusión, cabeza y constancia".

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