04 de noviembre de 2016
beisbol

Los Cubs entierran su maldición

El conjunto de Chicago, el eterno perdedor del deporte americano, rompe una legendaria sequía de 108 años sin conquistar las Series Mundiales

04.11.2016 | 10:02
Los jugadores de los Cubs festejan su victoria en el séptimo partido ante los Cleveland Indians. // Reuters

Hay días que quedan marcados en la historia del deporte. Ayer fue uno de ellos. Mientras Europa dormía, en Cleveland caía la que posiblemente fuese maldición más larga de la historia del deporte mundial. Los Chicago Cubs, el equipo unido durante todo el siglo XX a la etiqueta de "perdedor", ganaba las Series Mundiales 108 años después de su anterior título. Lo hizo en la prórroga del séptimo partido, tras remontar ante Cleveland un 3-1 que parecía definitivo.

El deporte americano no conocía una sequía semejante a la que atormentaba desde hace 108 años a los Chicago Cubs, equipo al que la fama de perdedor acabó por convertirse en parte inseparable de su escudo, en una marca en sí misma. Generaciones enteras de aficionados se fueron de este mundo sin disfrutar de la conquista de las Series Mundiales de béisbol. No había maldición como ésa. Cuando Marty McFly llega en la segunda entrega de "Regreso al Futuro" al año 2015 se encuentra un cartel que anuncia que los Cubs acaban de conquistar el título y no da crédito. Los guionistas no encontraron entonces nada más improbable que el título de los "cachorros". Pues resulta que fallaron por solo un año.

El Progressive Field de Cleveland asistió ayer a ese acontecimiento histórico. En la prórroga del séptimo partido, tras levantar una serie que hace cinco días perdían por 3-1 y parecía liquidada, los Chicago Cubs conquistaron su primer título en 108 años poniendo el punto final a la maldición más grande que ha perseguido a una franquicia en el deporte americano. Pura historia del béisbol que sirve para acabar también con la leyenda nacida hace setenta años, en 1945, cuando el conjunto de Chicago disputó por última vez una final de las Series Mundiales. Nació entonces la "maldición de la cabra". La culpa la tuvo un fervoroso seguidor de los Cubs llamado William Sianis, dueño de una famosa taberna de Chicago. Como acostumbraba, le acompañaba camino del Wrigley Field -el estadio cuyos muros siempre están cubiertos de hiedra-, "Murphy", la cabra que pagaba por su propio asiento en la grada. Pero aquel día, el 6 de octubre, los responsables del acceso le negaron la entrada al animal con la excusa de que su olor era insoportable y molestaba a los aficionados. Para Sianis no había negociación posible porque solo entendía el béisbol en compañía de su mascota. El tabernero, preso de la ira, lanzó entonces una maldición que al principio la gente se tomó a risa, pero que adquiriría su tono legendario con el paso de los años y de las decepciones: "Mi cabra trae suerte a los Cubs. Si se marcha, vamos a perder esta final y no volveremos a ganar nada nunca más". Palabras proféticas. Ni tan siquiera asomaron la nariz en una final.Se sucedían los batacazos, se multiplicaban las bromas de los aficionados y rivales y la leyenda de "Murphy" se agradaba en el imaginario popular. Sianis murió en 1970, pero el maleficio se extendió mucho más allá. Hubo intentos por vencer al sortilegio. Sam Sianis, sobrino del tabernero, fue llevado a Wrigley Field, junto a una cabra en 1984, 1989, 1994 y 1998, coincidiendo siempre con citas claves de la temporada. No funcionó. En 2003 un grupo de fans de los Cubs intentaron entrar en el Minute Maid Park, estadio de los Houston Astros, con otra cabra. Al serles denegada la entrada, como esperaban, sacaron un pergamino y lo leyeron ante los empleados del acceso, proclamando que la maldición quedaba revertida y que a partir de ese momento afectaría a los Astros. No imaginaron lo que se les venía encima. Esa misma temporada, los Cubs jugaron la final de la National League, esta vez contra Florida Marlins. Con 3-2 a favor en el playoff, a una sola victoria de las Series Mundiales, los Cubs ganaban por 3-0 en Wrigley Fied en la octava y penúltima entrada del sexto partido. Un bateador de los Marlins envió una bola alta y blanda al borde del límite del campo, tarea fácil para que la recogiera Moises Alou y sentenciara prácticamente el encuentro. Justo cuando estaba a centímetros de capturarla cómodamente en su guante, un adolescente aficionado de los Cubs, Steve Bartman, estiró la mano en un reflejo inconsciente, tocó la pelota que ya parecía embolsada en el guante de Alou y la desvió de su trayectoria, cayendo al suelo y permitiendo la carrera de los rivales. Fue un punto de inflexión del que Chicago no se recuperó, perdiendo el partido 3-8 y la eliminatoria por 3-4. Un año más tarde, aquella bola maldita fue comprada en subasta primero y electrocutada públicamente después en un restaurante del centro de Chicago hasta reducirla a cenizas. Siguieron los exorcismos sin suerte, algunos de ellos delirantes.

La solución la trajo debajo del brazo Theo Epstein. El máximo ejecutivo de los Cubs había tterminado en 2004 con el maleficio que acompañó a los Boston Red Sox durante más de ochenta años. Ahora sus ideas revolucionarias, la configuración de la plantilla y las decisiones que tomó en relación al equipo han llevado a los Cubs al título. Sucedió en el Progressive Field, en un partido que tenían en la mano, pero que se complicó con el arreón final de los Cleveland Indians que condujo el partido a las entradas extra. Y allí, la maldición de la cabra murió para siempre.

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