El Pontevedra anula al Izarra

Los de Luisito dominaron con seriedad en un ejercicio de paciencia - Borraron del terreno de juego a un rival que no disparó ni una sola vez a puerta en los noventa minutos - Barco, con otro tanto, pichichi granate

26.09.2016 | 04:47
Portela celebra su tanto en el partido de ayer ante la mirada de Jacobo Trigo. // Rafa Vázquez

Creer en una idea exige sostenerla aun cuando todavía no ha dado frutos evidentes, no desesperarse mientras está madura hasta alcanzar su estallido. El Pontevedra, aferrado a esa fe, hizo ayer de la paciencia su primer argumento futbolístico. Se propuso amarrar el balón desde el comienzo, tejió su juego poco a poco frente a un rival que no planteó más que un cerrojazo y nunca disparó a puerta y acabó por hallar una recompensa que pudo ser más abultada. Justa victoria y la cabeza de la liga no se escapa.

Las innovaciones de Luisito en el once inicial dotaron al centro del campo de empaque. Dos pivotes defensivos, Jacobo Trigo y Kevin, sostuvieron a un equipo que jugó desde el comienzo sin sufrir y en campo rival. El efecto que se podía temer, la falta de inspiración entre tanto defensor, quedó diluido en un ejercicio de posesión que hacia el minuto 15 era ya incontestable.

El conjunto granate insinuó su propuesta al principio y la impuso después. No se trataba de un desfile de ocasiones clarísimas, sino más bien de un incesante goteo de pequeños aciertos. Paso a paso se acercaba al área, rondaba la portería, forzaba acciones que prometían peligro aunque los remates no llegaran. Progresaba como si se tratara de fútbol americano, avanzando yardas hacia el gol. Primero una falta peligrosa centrada, luego una en un costado y finalmente la primera jugada clara.

En el 24 de juego Mouriño lanzó un córner que Barco remató libre dentro del área. La pelota fue a las manos de Navarro. Un minuto después un disparo desde fuera del área acabó junto a Añón, a quien la multitud de enemigos que le rodeaba le rebañó la bola. No eran pocas jugadas teniendo en cuenta que enfrente había una línea interminable de zagueros entregados a su trabajo.

Ante un Izarra cuya especialidad es morder en cada balón disputado, el Pontevedra igualó el pulso en rabia y lo empezó a ganar en ocasiones. De nuevo Barco enganchó un remate por alto, esta vez tan franco que la voz de "gol" recorrió la grada, pero no lo fue. Acto seguido, Trigo, vestido de extremo, sirvió un centro raso que el nueve convirtió en un disparo detenido por el guardameta y aún habría otro cabezazo sin premio en el 42.

Era ya, sin duda, un partido de color granate y con el descanso a la vuelta de la esquina persistía el empate a cero. Sobrepasado el 45, el Pontevedra lanzó un córner que se había producido dentro del tiempo reglamentario. Mouriño envió un centro de vuelo bajo que le cayó a Capi. El vigués escupió un remate entre un bosque de piernas que golpeó en el larguero y la fortuna, sonriendo a los audaces, dejó el rechace para Portela quien, esta vez sí, introdujo en balón en la portería. Gol con aire de psicológico para marcharse a los vestuarios.

La segunda parte comenzó con la dinámica del final de la primera. Trigo amplió su papel de revulsivo en el centro del campo. Curiosa evolución en unas semanas la de quien pasó de central a ser ayer una suerte de centrocampista box to box, que aparecía por ambos costados para generar superioridades. Transcurridos poco más de cinco minutos del segundo acto, Añón dibujó un sombrero para sortear a un defensor, tocó el balón para la llegada de Jacobo Trigo y el centro de este viajó a la cabeza de Mouriño. Todo funcionó con armonía salvo el remate, que se marchó alto.

Entonces los granates comenzaron a contemporizar. Pasaron un tramo de tranquilidad en el que el Izarra trató de estirarse y el Pontevedra de aprovechar esa circunstancia. Nunca hubo peligro para Edu, que pudo ayer vender su localidad en la portería a un aficionado sin que ello hubiera tenido efecto alguno en el partido. De cuando en vez reactivaba su mordiente el ataque local.

En una de esas ocasiones Jacobo picó un pase que Añón controló con el pecho y disparó a la izquierda de la portería por poco. Los relevos entraron en acción, Luisito movía las piezas y eso también le salió bien. Cuatro minutos después de esa jugada, en el 74, un cambio de juego hizo llegar la pelota al recién incorporado Álex González. El extremo hizo una clásica jugada de extremo. Controló orientado para iniciar la carrera, apuró hasta la línea de fondo y puso un centro al primer palo para que Barco se adelantara a su marca e hiciera el segundo tanto. Otra vez Barco, que ya lleva cuatro en liga, y sí, otra vez, un remate de cabeza tras un centro.

El mazazo fue definitivo para el Izarra. Durante los minutos posteriores fue tiempo para un par de detalles técnicos, un toque de espuela y un casi gol de cabezazo en plancha del extremo que no fue por la buena estirada del portero. Después el partido se fue durmiendo, descendiendo hacia un final siempre controlado por un gran Pontevedra.

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