El estadio al revés

En Balaídos el minuto de silencio suena, el palco se moja y la afición jalea a su equipo cuando pierde 0-4

11.09.2016 | 02:00
El estadio guarda silencio en memoria de los fallecidos en el siniestro ferroviario. // R. Grobas

Balaídos ha sido especial desde que las ramas de los árboles eran palco preferente. Creció fiel a Vigo, construido a impulsos. Un estadio mestizo, como una de esas casas de aldea: piedra, ladrillo, acero y uralita. Sigue siendo especial, aunque se haya tapiado su foso medieval, donde habitaba el monstruo que devoraba balones, y a Pepe Bar le hayan nublado la vista.

Ahora Balaídos está experimentando esa lenta metamorfosis de la que aseguran que surgirá hermoso y homogéneo. Las obras, de momento, contribuyen a su apariencia de dibujo de Escher, con inmensos vomitorios que no se sabe a dónde conducen. Porque en Balaídos cuenta tanto lo sólido como lo vano, lo que es y su ausencia.

Comienza el partido con el minuto de silencio en memoria de los fallecidos en el accidente ferroviario. Luto sentido. Fueron ellos, familiares, amigos o conocidos. Hubiera podido ser cualquiera de los presentes. Memento mori, susurraba el viento. Suena "Negra sombra", solo la música. La letra se piensa: "Cando penso que te fuches...".

Es hora de aperitivo, de volver con los niños de la cancha o el parque, de irse reuniendo alrededor de la mesa. Se palpa en los asientos. Tebas percibe otra cosa en los que están vacíos. "En ocasiones veo chinos", le falta confesar. Aunque el mandarín se pronuncie con acento gallego. "Josep", propone la megafonía; "Señé", contesta la afición y podría detectarse cierto asombro. El catalán es el undécimo hombre o pasajero, Harry Lime o Alien, el inesperado. Y a la vez el que despertará más aplausos durante la primera parte. El pitido final desata la fiebre del bocadillo.

Es un ambiente tibio, en general, que el primer gol del Atlético amuerma. El hincha sabe que con los de Simeone ese 0-1 suele suponer la sentencia. Comienza a lloviznar, lo que conduce a una paradoja en la lucha de clases. En Balaídos, contra lo que se estila, se mojan los de palco. Abel Caballero no se cuenta entre ellos.

Algunos abandonan su asiento conforme caen los goles, especialmente aquellos padres de Tribuna que no desean que sus hijos vuelvan a casa con pulmonía. El goteo no cunde. A falta de cinco minutos se inicia el coro, como la pasada temporada ante el Valencia. De mayor devoción, porque aquel 1-5 cogió al equipo en las alturas de la tabla y este 0-4 lo retrata como colista. "Alé Celta, alé". Es Balaídos. Nada más puede explicarse.

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