Michael Phelps desafía también al tiempo

El de Baltimore suma dos nuevas victorias, una de ellas en su prueba favorita, los 200 mariposa y se convierte en el primer nadador que gana un oro individual después de superar los treinta años de edad

11.08.2016 | 04:23
Michael Phelps, durante la final de los 200 metros mariposa. // Reuters

Después de cuatro Juegos Olímpicos y 22 medallas, Michael Phelps encontró una razón para volver a machacarse en la piscina y competir en Río de Janeiro después de atravesar un tiempo oscuro en el que se dejó caer y estuvo cerca de no regresar. "Sería fantástico ser el primer nadador en ganar un oro olímpico en una prueba individual con más de 30 años", anunció el entrenador norteamericano en busca siempre de una nueva motivación. Lo consiguió en la madrugada del miércoles, en su prueba favorita, los 200 mariposa, y tomándose la revancha del hombre que le batió en Londres, el sudafricano Chad Le Clos. Quizá por eso, en el podio no pudo contener la risa, feliz como un niño pequeño. Tanta emoción también justificó que rompiera el protocolo y se acercara a la grada para abrazar a su madre y su mujer, y darle un beso a su hijo de tres meses, Boomer, que algún día será consciente de que su padre fue un deportista de otra galaxia.

"Todavía me veo como un niño. Yo no quiero crecer". Son palabras de Michael Phelps el pasado mes de abril, cuando todavía no había nacido su hijo y podía tener dudas sobre su rendimiento en Río de Janeiro. Porque después de colgarse 22 medallas en tres Juegos Olímpicos, y de haber perdido el control de su vida tras los de Londres, no sabía cómo respondería su cuerpo a la máxima exigencia. El cuerpo de un hombre de 31 años, exigido al máximo desde que era un niño.

Y que volvió a responderle de forma excepcional, hasta el punto de añadir dos oros a la colección en apenas media hora. Porque tras el de los 200 mariposa, escoltado por el japonés Masato Sakai (plata) y el húngaro Tamas Kenderesi (bronce) contribuyó decisivamente al del 4x200 libre (junto a Connor Dwyer, Townley Haas y Ryan Lochte). Agotado por el esfuerzo, el fenómeno tardó en expresar su satisfacción por su vigésimoquinta medalla olímpica, 21 de oro. Una brutalidad que es difícil de comprender.

El brillo de Phelps, que aún aspira a cerrar su carrera con otras dos medallas en Río, ensombreció todo lo que ocurrió en un Centro Acuático entregado al fenómeno de Baltimore. A Phelps la medalla que más ilusión le hizo con diferencia fue la de los 200 mariposa, la distancia en la que siempre se ha sentido más feliz y que le generó un enorme dolor tras perder la medalla de oro por apenas cinco centésimas a manos de Le Clos en Londres. Ayer se impuso por apenas cuatro centésimas. Phelps fue capaz de sujetar las acometidas de los jóvenes Sakai (otro de esos japoneses que darán mucho que hablar en el futuro) y de Kenderesi, el hombre que tratará de heredar la grandeza de Lazlo Cseh. Los dos empujaron como fieras en las últimas brazadas, pero Phelps resistió como hace cuatro años Le Clos hizo a su ataque. Entonces, feliz se volvió y levantó los brazos para hacerse valer de nuevo. Un treinteañero que sigue en lo alto. Lo nunca visto en este deporte.

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