La perfección como meta

El número uno tiene varios retos por delante

06.06.2016 | 01:47

Djokovic se consagra como un tenista obstinado hacia los propósitos que se marca. A diferencia de otros números 1 que en el pasado tropezaron en el Grand Slam de tierra batida, el serbio no ha parado hasta lograrlo. Con 54 victorias en Roland Garros es el cuarto tenista que más partidos ha vencido en el bosque de Bolonia, solo superado por Rafa Nadal (72), Federer (65) y el argentino Guillermo Vilas (58).

La obstinación es un signo de su personalidad, una seña de identidad de un perfeccionista enfermizo. Con ese principio como guía, Djokovic ha ido agregando a su paleta nuevos golpes, progresando en las diferentes superficies y fortaleciendo su mentalidad hasta el punto de que en el circuito se ha ganado el sobrenombre del "robot".

Una imagen que el serbio trata de matizar a base de golpes de humor, de concesiones a la grada en busca de una sonrisa, de saltarse el guión establecido para no caer en el estereotipo del tenista previsible. Con los años, el hombre que no dudaba en imitar los cabreos de McEnroe o las manías de Nadal fue serenando su personalidad y se ha convertido en un tenista más serio.

En la pista, el hombre que se venía abajo cuando el partido se ponía cuesta arriba, fortaleció también su carácter y dejó paso a su personalidad de fuerte luchador.

Pocos límites quedan al serbio. Los puntillosos anotarán que no ha ganado el Masters 1.000 de Cincinnati y el oro olímpico. O convertirse en el tercer tenista en ganar los 4 Grand Slam en el mismo año, algo que solo Budge y Laver han conseguido. O superar en grandes a Federer, que con sus 17 sigue a cinco. Aunque nunca lo reconocerá, esos números están en la mente del calculador tenista, nacido en una familia de restauradores serbios el 22 de mayo de 1987 en Belgrado.

Como su padre había sido esquiador, ese parecía el camino marcado para el joven, pero no fue esa su vocación. Desde muy pequeño empuñó una raqueta y se formó en la academia de Niki Pilic, en Múnich. En 2003 dio el salto profesional y pronto fue catalogado con un tenista de gran calidad que tenía que controlar sus impulsos.

En 2008 se alzó con su primer Grand Slam en Australia. Pero fue a partir de 2011 cuando dio el salto definitivo, coincidiendo con la adopción de una dieta sin gluten que el tenista no para de alabar y vender como una receta mágica. Ahí comenzaron a llover los títulos y alcanzó el número 1 del ránking que solo abandonó temporalmente tras un retorno de Nadal. Para entonces el serbio había convertido el tenis internacional en un triunvirato que, poco a poco, ha ido fagocitando para quedarse como el único jefe del tenis. Él, solo ante sus límites.

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