16 de mayo de 2016
16.05.2016
primera división el Barça, campeón

El fiestón de Luis Enrique

El exentrenador del Celta, que superó su peor momento en el Barça para ganar la Liga, puede igualar el palmarés de Guardiola en sus dos primeros años si gana el domingo la Copa del Rey

16.05.2016 | 03:56

La huella de Pep Guardiola como entrenador del Barça fue tan profunda que sus sucesores se apresuraron a decir que era imposible superar su palmarés. Ocho años después de su debut, Luis Enrique está en condiciones al menos de igualarlo. Guardiola logró siete títulos en sus dos primeras temporadas (dos ligas, una Supercopa de España, una Copa del Rey, un Liga de Campeones, una Supercopa de Europa y un mundial de clubes). A punto de cerrar su segundo año en el Camp Nou, el técnico asturiano lleva seis títulos (dos ligas, una Copa del Rey, una Liga de Campeones, una Supercopa de Europa y un mundial de clubes) y el domingo puede alcanzar el séptimo en la final de la Copa del Rey frente al Sevilla. De momento, ayer celebró su segunda Liga.

"Si le damos la vuelta a esto, no me imagino el fiestón que nos vamos a correr". Son palabras de Luis Enrique el 19 de abril, en vísperas del partido frente al Deportivo en Riazor y después de haber dilapidado su gran ventaja en el liderato con un empate en Villarreal y tres derrotas consecutivas, frente al Madrid, Real Sociedad y Valencia. Mientras el entorno se echaba las manos a la cabeza y le pedía soluciones, Luis Enrique tiró de su experiencia como jugador y se reafirmó en los principios que le habían llevado a conquistar el triplete: más control de los partidos para mantener la portería a cero y confianza absoluta en el tridente para desequilibrar al rival. Resultado: cinco victorias, 24 goles a favor, cero en contra y alirón en Granada.

Condicionantes. Luis Enrique y su grupo de trabajo tuvo dos grandes condicionantes para afrontar la segunda temporada en el Barcelona: el éxito de la pasada temporada le obligó a competir a tope desde mediados de agosto, para buscar las dos Supercopas, y la sanción de la FIFA le impidió contar con refuerzos hasta enero. Así que el entrenador gijonés no pudo gestionar la plantilla como en su primer año, con las suficientes rotaciones para que los titulares llegasen en las mejores condiciones al momento en que se deciden los títulos, a partir de marzo. Tuvo que exprimir a sus futbolistas de confianza, con el agravante de la grave lesión de Rafinha, su jugador número 12, y la más leve de Messi, con el que no pudo contar durante dos meses. Se confianba en que la incorporación de Aleix Vidal y Arda Turan diera un respiro a los habituales, pero ninguno de los dos ha respondido a las expectativas.


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Una caída frenada a tiempo. Aunque se han barajado muchos motivos, algunos tropiezos del Barcelona parecieron relacionados con el exceso de confianza o la necesidad de dar descanso a titulares. El primer empate en el Camp Nou, frente al Deportivo (2-2), llegó tras desperdiciar dos goles de ventaja en los últimos minutos, coincidiendo con la entrada de Munir, Sergi Roberto y Mathieu por Sandro, Rakitic y Jordi Alba. Y el inicio de la mala racha coincidió con otro empate a dos en un partido que parecía encarrilado. Fue en El Madrigal, donde el Barça se había ido al descanso con 0-2, lo que consolidaba una ventaja de doce puntos sobre el Madrid y once respecto al Atlético. Luis Enrique sustituyó a Piqué y Arda Turan por Mathieu y Alves, y el Villarreal arrancó el empate. No parecía grave, pero tras el parón liguero por los compromisos de las selecciones todo se iba a torcer. A la derrota en el clásico le siguió la eliminatoria europea con el Atlético de Madrid, con la salida de Anoeta en el medio. Pese a los precedentes, Luis Enrique optó por dejar en el banquillo a Jordi Alba, Rakitic e Iniesta, que se unieron a la baja por sanción de Luis Suárez. A partir de ahí, con el Atlético empatado y el Madrid a un punto, el técnico aplicó la fórmula que siempre le había dado resultado: el once de gala. La reacción fue inmediata, aunque no se reflejó en el marcador frente al Valencia, que salió vivo del Camp Nou (1-2) gracias a Diego Alves y la mala puntería azulgrana. Luis Enrique mantuvo sus principios y tres días después, en Riazor, empezó la "operación quince puntos", culminada con éxito en Granada.

Números de líder. Si suele decirse que la Liga es el premio al más regular, los números del Barcelona son incontestables: 29 partidos ganados, cuatro empatados y cinco perdidos, máximo goleador (112 por los 110 del Madrid) y segundo menos goleado, con 29, a nueve del inaccesible Atlético). Tácticamente, Luis Enrique ha dado continuidad al dibujo y la disposición que estrenó en la pasada temporada frente al Atlético de Madrid: un 4-3-3, con Messi arrancando desde la derecha y Luis Suárez como referencia en el área. Sólo se animó a probar innovaciones tácticas en la vuelta de la eliminatoria de Copa frente al Valencia, amparado por el 7-0 de la Liga, cuando jugó con tres centrales. La ausencia de Messi durante dos meses también permitió algún matiz. Aunque procuró mantener los tres delanteros, habitualmente con Munir, en algún momento probó con cuatro centrocampistas, como con Sergi Roberto en el Bernabéu.

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