balonmano - División de Honor Plata

Melancolía de lluvia en el Central

El Octavio, que llegó a escalar del 15-24 al 26-28, pierde con el Barça B y desciende de forma matemática

09.05.2016 | 10:05
El Academia Octavio desciende a Primera Nacional. // Adrián Irago

A diez segundos del final la afición, escasa, podada a disgustos, arranca a aplaudir. Ovación triste, de funeral, como si lloviese dentro del pabellón. Después el Central deja de respirar. El silencio de la cancha, que tantas glorias celebró, retrata las penurias del deporte de élite de la ciudad. El Academia Octavio desciende a Primera Nacional. El balonmano vigués se queda sin representación en las principales categorías del balonmano español después de tres décadas. La previsibilidad del desenlace no mitiga la amargura.

Los chiquillos encarnados, cuyo prometedor futuro queda ahora en el aire, se han muerto al menos con dignidad. En el encuentro contra el Barcelona se resume el Octavio alicaído de esta campaña y el efervescente de la anterior. El 15-24 del minuto 42 certificaba la defunción. El equipo se dejaba llevar, meciéndose en sus infortunios y sus miserias, queriendo finiquitar ya su sufrimiento. ¿Cómo imaginar una última reacción? La hubo. Un arranque de coraje, un estertor rabioso que les permitió escalar hasta el 26-28 a más de dos minutos del final. Y ahí otra vez un mal rebote, un resquicio que se cierra o abre siempre contra los locales, ese centímetro y ese segundo de condena. Y sí, ya, el tiro de gracia.

El infierno del Octavio se sustenta en una trayectoria a largo plazo, en el peso de la economía, en el lastre del pasado, pero se pavimenta en detalles. Todo les ha pesado: un verano con demasiados retrasos, el calendario, las lesiones, las inconsistencias adolescentes... Aunque hayan sido muchos los pecados, el descenso es de matices. Como los del meollo de este partido contra el Barcelona. En el arranque los dos equipos se sienten sólidos en defensa y se masajean a gusto. Abundan los penaltis. Cerillo falla los dos suyos; Silva, uno de dos; el Barça mete dos de tres. El porcentaje de efectividad es similar en los contragolpes. Aunque parejos en dinámica de juego, la escuadra azulgrana empieza a abrir distancias con el 6-9.

Jabato apuesta por Tate en el avanzado, una alternativa poco empleada esta temporada. El Octavio recobra el resuello antes del descanso (de 9-14 a 11-14), pero enseguida vuelve a descolgarse. La diferencia crece hasta esos nueve goles.

Jabato agota los tiempos muertos. Lloria, que es la raza, grita: "Hay que creérselo". La reacción local también se alimenta de la impertinencia visitante. A algún joven del Barça B le puede la soberbia de una camiseta que en realidad aún no posee. Un pase colgado, una mirada de "no me toques", gestos tampoco excesivos pero que un desahuciado multiplica en su orgullo dolido. Silva se une al martilleo de Borja, que tiene una capacidad extraordinaria para concluir las jugadas contra lo que su cuerpo indica. Un talento que iba a criarse en casa y que ahora alguien deberá rescatar. Lorenzo Rueda vuelve a sacar al portero dezano Ledo y sofoca la rebelión roja.

Javier Rodríguez sigue pendiente de alguna plaza libre. Aún se debe pelear la penúltima plaza con el Cisne por si acaso. Si no, el equipo saldrá en Primera Nacional. Nadie conoce el futuro. Entre tanto, llueve fuera y llueve dentro.

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