fútbol adiós a una leyenda

Hijos biológicos y espirituales

Jordi, Eusebio o Stoichkov, representantes de la escuela del holandés en el Celta

25.03.2016 | 11:39

Johan Cruyff es, para el Celta, un rival en la cancha y el banquillo. Pero también una presencia paterna que se percibe al fondo, como inspiración. Las ondas de su poderoso influjo sobre el fútbol moderno alcanzan Vigo a través de sus hijos, el biológico y los espirituales. El club se unió ayer al luto mundial por "una leyenda del fútbol" y ha enviado sus condolencias a "familiares, amigos y al F.C. Barcelona".

A Johan lo conocieron los célticos como jugador en los setenta. El equipo olívico iba y venía. Coincidió en tres campañas con el holandés, al que sufrió en el Camp Nou (5-2 en la Liga 73-74, 4-0 en la 74-75, 4-0 en la 76-77) y disgustó en Balaídos (2-1, 1-0 y 0-0). Cruyff causaba baja la noche más gloriosa de aquella generación celeste. En la vuelta de cuartos de final de la Copa de 1977 (1-1 en Vigo) un Celta de suplentes y jóvenes eliminaba al Barça (1-2) con tantos de Poli y Félix Carnero. Última victoria en casa azulgrana, y única en su actual estadio, hasta el gol de Larrivey en noviembre de 2014.

De los duelos de esa década queda un relato frecuente para las noches de invierno: el marcaje de Jorge Santomé a Cruyff. Fue poco antes de la eliminatoria copera. Carmelo, el preparador del Celta, había instruido al moañés: "Si va al baño, tú vas con él". Santomé secó de forma implacable a Cruyff, al que ya incomodaba el roce físico a esas alturas de su carrera. El astro acabó yéndose a una esquina del campo y desde allí, junto al banderín, llamó al céltico. Santomé ("órdenes son órdenes", suele explicar) también lo persiguió a ese refugio. Cruyff le reconoció la tenacidad dándole la mano ante el asombro del Camp Nou.

Cruyff reaparece en el camino céltico como creador del "Dream Team". Los célticos, como tantos en esa época, son víctimas habituales y a veces con estrépito (6-0 en marzo de 1990). Pero se permiten algunas alegrías (3-2 en Balaídos en mayo de 1993) y respiran cuando el dogal se afloja: 1-1 en el Camp Nou en mayo de 1995 y 1-0 en Balaídos en enero de 1996. La obra de Cruyff se resquebraja en apariencia. La semilla ha sido plantada.

El Celta europeo no guarda una relación directa con su escuela, aunque Víctor Fernández surgiese en el Zaragoza del clima benigno propiciado por Cruyff. Horacio Gómez es de inclinación madridista. Los fichajes construyen el discurso. Johan, prejubilado como entrenador por sus dolencias cardiacas, se hace asiduo de Balaídos, sin embargo, entre enero y junio de 1999. Acude con su esposa y sus nietos. El Manchester United ha cedido a su hijo Jordi al Celta. La expectación que provoca el joven se va diluyendo. Debuta en una eliminatoria copera perdida ante el Deportivo. Las lesiones lo lastran. No cuaja en Vigo -Jordi, actual director del Macabi Tel Aviv, viajó ayer con urgencia a Barcelona-.

Johan retornará a la ciudad en 2001. La escuela de negocios que promueve ha firmado un acuerdo con el Centro de Iniciativas Personales. Lo recibe el alcalde, Lois Pérez Castrillo. Convertido en gurú, deambula por encima de las pasiones futbolísticas.

Es la ascensión de Carlos Mouriño a la presidencia del Celta la que despierta el "cruyffismo" en el club vigués. Mouriño es de filiación azulgrana. La cantera y el fútbol de toque conforman su credo. El proyecto tarda en florecer. Apuesta por discípulos de Cruyff: Stoichkov como el que menos aprovechó aquellas enseñanzas; Eusebio, que inicia la revolución; Luis Enrique, más yerno que hijo: no coincidó con él en Can Barça pero bebe de esa fuente. Todos lo lloran. "Es un día muy triste, un día duro, no esperaba esta noticia", declara Eusebio en San Sebastián. "Me inculcó esa idea de fútbol, de juego, esa idea de afrontar, no sólo los partidos sino la vida, de una determinada manera que ha sido muy importante para mí en el resto de mi carrera".

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