El orgullo del celtismo supera sus propios límites

Jugadores y aficionados vivieron ayer en Balaídos una experiencia inolvidable de hermanamiento

12.02.2016 | 21:58
El equipo llegó a Balaídos rodeado de un pasillo de bengalas. // J. Lores

Veladas como las de anoche fraguan una conexión entre afición y jugador que perdura toda la vida. Algunos futbolistas podrán marcharse, otros se quedarán y algunos hasta se retirarán en el Celta, pero la experiencia vivida ayer no la olvidarán. Al margen de que el resultado le negase al Celta acceder a la que hubiese sido la cuarta final de Copa del Rey de su historia, el celtismo volvió a dar una lección de hermanamiento desde horas antes al partido.

La quedada organizada por las peñas hora y media antes del partido para acompañar con cánticos y bengalas a los jugadores en los últimos metros de su recorrido hasta Balaídos puso los pelos de punta a más de uno. Hasta el propio Berizzo, ahora técnico y en su día uno de los pesos pesados del vestuario, se quedó impresionado: "Ni en mi mejor época de futbolista, integrando el mejor Celta de la historia, recuerdo algo así y me emociona como entrenador".





Cada miembro de la plantilla y del cuerpo técnico vivió esos momentos con especial intensidad, lo que les ayudó a salir como locomotoras a por el Sevilla. "Isto é orgullo", dijo el portero Sergio Álvarez a través de su cuenta de Twitter. "Si tengo que morir, que sea de pie y con mi gente hasta el final", comentó Aspas. "Muchas gracias a la afición por vuestro apoyo. Perdimos pero queda demostrado que somos una familia", expresó Bongonda. Sergi Gómez, por su parte, también tuvo palabras de agradecimiento: "No pudo ser, pero una vez mas, lo dimos todo y luchamos hasta el final todos unidos". Otro que tampoco pudo ocultar su orgullo fue Fontás, que vivió el encuentro desde la grada: "¡Qué orgulloso estoy de formar parte de esta familia! Equipo y afición luchando juntos hasta el final!! Ahora más que nunca... HALA CELTA".

La afición nunca bajó los brazos y animó sin tregua a los suyos en todo momento. El gol de Banega, lejos de devolver a Balaídos a la realidad, revitalizó las energías de la grada, que no cesó en su empeño de apoyar al equipo. Hasta sonó la "Rianxeira", algo completamente insólito en una eliminación.











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