fútbol - Primera División

Al Barcelona le vale con un soplido

Diez minutos de inspiración permiten al equipo azulgrana remontar a un gran Atlético que rozó el empate con diez y aguantó casi una hora con nueve - Filipe y Godín vieron la roja por su incapacidad para medirse

31.01.2016 | 04:40
Messi y Luis Suárez se abrazan tras el segundo gol del Barcelona. // Efe

Como el Málaga y como el Athletic, el Atlético de Madrid no aprovechó lo suficiente su momento y dio margen para la remontada del Barça, el líder impasible. Aguantó como pudo la media hora de vendaval rojiblanco y esperó a que bajara la marea. Ventajas de tener de tu lado a jugadores como Messi o Luis Suárez, capaces de resolver en dos chispazos. Fue un soplo, apenas diez minutos del fútbol que se espera del campeón de todo, pero suficientes para desarmar a la mejor defensa de Europa. El Atlético fue un equipazo cuando se dedicó a jugar y se buscó la ruina al sacar su lado más pendenciero. Filipe Luis y Godín estropearon con su insensatez un estimable trabajo colectivo, que prolongó hasta el inicio del segundo tiempo, cuando Griezmann rozó el empate ya jugando con diez. Después, durante casi media hora con nueve, el Atlético aguantó heroicamente a un Barça paralizado.

Lucieron sus trajes de gala los dos entrenadores para gozo y disfrute del Camp Nou, que asistió a un primer tiempo digno de los dos colíderes del campeonato. Salió con los once esperados Simeone, aunque con un matiz importante: en vez de arrinconarle en la banda situó a Carrasco junto a Griezmann para hurgar en las dudas del Barça en defensa . Al atrevimiento de la presión adelantada que se está poniendo de moda, el Atlético le unió soltura y calidad en el movimiento del balón. Avisó Saúl a los dos minutos con un cañonazo que palmeó Bravo y recibió la recompensa poco después, tras una jugada por la derecha de Saúl que no encontró a Griezmann pero sí a Koke, sorprendentemente solo en el corazón del área, para superar con facilidad al portero chileno.

Con 80 minutos por delante, el 0-1 no alteró excesivamente al barcelonismo, pero sí lo que ocurrió durante un buen rato. Porque ni el Barça dio síntomas de reacción ni el Atlético apeló a su espíritu de resistencia. Guiado por un Augusto excepcional, con Saúl y Koke muy activos en los costados, el equipo rojiblanco siguió jugando en el campo rival y, de vez en cuando, asomando por el área del Barça. Incluso Augusto rozó el segundo con un tiro que pasó muy cerca del poste.

Luis Enrique retrasó a Busquets para dar salida al balón escoltado por los dos centrales y con los laterales más adelantados y bien abiertos. Los jugadores del Atlético empezaron a llegar tarde a la presión y, por fin, asomaron por el partido Messi y Neymar. También Iniesta, que escenificó el cambio de rumbo con un pase filtrado que dejó a Luis Suárez con ventaja en el área y que permitió a Oblak justificar su condición de portero menos batido de la Liga.

Sólo un minuto después prendió la chispa que convierte el juego pausado del Barça en un arma mortal. Neymar observó el desdoble de Jordi Alba, que ganó la línea de fondo y tuvo la sangre fría de frenarse en seco antes de dar un pase que fue mortal porque llegó a los pies de Messi. Aunque el Atlético no se arrugó y siguió amenazando con sus dos puñales, Griezmann y Carrasco, el partido ya tenía mejor pinta para el Barça. Y se decantó gracias a las alternativas que dado a este equipo un delantero como Luis Suárez. Bastó que Alves atendiese un desmarque del uruguayo entre sus compatriotas Giménez y Godín para que cayese el 2-1 porque el remate raso se coló entre las piernas de Oblak.

Quizá descorazonados por tan duro castigo, algunos jugadores del Atlético sacaron su perfil más oscuro. El más excitado pareció Filipe Luis, que tras librarse milagrosamente de una amonestación cavó su fosa y la del equipo con una plancha a Messi a la altura de la rodilla. En el descanso, Simeone no sólo recompuso el equipo, sino que convenció a sus jugadores para que creyesen. Y vaya si lo hicieron. Con el Barça en la inopia llegó una jugada por la derecha, con un centro de Carrasco que encontró a Griezmann en el área pequeña. Era gol o gol. Pero Bravo, que se lanzó a su derecha, salvó el empate con un rechace con los pies.

El Atlético estaba en el partido, hasta que lo sacó Godín con una entrada sin venir a cuento a Luis Suárez. Y entonces sí, nueve contra once, el partido agonizó con un Barça conformista y un Atlético que se marchó del Camp Nou con honra y sin puntos.

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