pádel

El duelo eterno

Fernando Rey organiza en el Mercantil la sexta edición del memorial dedicado a Genaro Borrás, su "hermano" más que amigo desde la infancia y a la vez inevitable rival en varios deportes de raqueta

08.12.2015 | 02:26
Jugando al squash, modalidad en la que fueron pioneros en Galicia.

El VI Memorial Genaro Borrás se celebra en las instalaciones del Círculo Mercantil del 10 al 20 de diciembre. La participación estará entre los 150 y 170 jugadores. Habrá además un torneo de rostros populares. Fernando Rey es el alma de este torneo. El añorado traumatólogo, jefe de los servicios médicos del Celta y la selección, fue su amigo íntimo. La elección del pádel no es caprichosa. Fue el último refugio de Borrás tras una larga trayectoria en tenis y squash.

El duelo de las canchas cesó. El duelo del corazón nunca termina. Fernando Rey Tapias organiza en el Mercantil la sexta edición del torneo de pádel en memoria de Genaro Borrás. El traumatólogo, fallecido en 2008, queda para el siglo como jefe de los servicios médicos del Celta y la selección española de fútbol. Para Rey, Borrás fue amigo de infancia, juventud y madurez, "mi hermano", asegura. El dolor de su pérdida no se le mitiga. Ambos fueron también adversarios constantes en los deportes de raqueta durante cuarenta años. Duelistas eternos.

Jesuitas los unió primero, a la vez que separaba en parte sus trayectorias deportivas. Rey, tres años menor, portero prometedor, siguió el camino de Quique Costas y fichó por el Rápido. El colegio clausuró aquella vía. Borrás, "que era muy bueno a fútbol", se quedó confinado en el patio. "También jugaba bien al balonmano. Era un tipo habilidoso, el típico que podía hacer bien aquello en lo que se metiese",

Fue en las canchas de tenis donde coincidieron. Borrás se proclamó campeón infantil gallego. Se le podía pronosticar un largo reinado en diferentes categorías. Pero irrumpió Fernando Rey, que hasta casi el final de su adolescencia alternó tenis y fútbol. Así comenzó su larga serie de enfrentamientos, resueltos siempre a favor de Rey. "Fueron quizás cincuenta o sesenta partidos en campeonatos y torneos. Nunca me ganó", establece el gestor deportivo. "Y sin embargo, jamás le vi un mal gesto. Su 'fair play' era absoluto".

Rey dominó con mano de hierro el tenis gallego. Logró diez títulos ("dejé de ganarlo cuando me destrocé los meniscos en el fútbol"), muchas veces eliminando a Borrás en el camino. "Le derrotaba con facilidad gracias a mi agilidad. Aunque una vez me tuvo dos sets a uno. Las pasé moradas". Fue en squash, modalidad que ambos practicaron en Galicia como pioneros, donde más se acortaron las distancias. "Genaro jugaba mejor que yo. Era técnicamente muy bueno, un zurdo de golpes preciosos. A la gente le encantaba verlo jugar. Pero le faltaba un puntito de mala leche. Yo estaba mejor físicamente y era más competitivo", explica.

Entre partido y partido, con algún tipo de raqueta en la mano, la vida iba transcurriendo. Ambos cohabitaron en Santiago, mientras Rey estudiaba económicas y Borrás, medicina. Compartieron habitación en una residencia durante dos años y piso, durante otros dos. Rey, que tras dejar el Celta pasó por Compostela y Pontevedra, acabó retirándose como portero. Fue Borrás el que lo introdujo en la gestión al proponerle, con 29 años, para la dirección deportiva del Club de Campo.

También en la trayectoria profesional de Borrás influyó el tenis. Fue jugando contra Rogelio Chantada que éste, dueño del Coliseum y directivo del Celta, le comentó la posibilidad de sustituir a Babé como médico del club celeste. "Y así, mientras yo me alejaba del fútbol, él se metía de lleno", concluye Rey.

Borrás aparece en todas las fotografías de las glorias europas del Celta. Acudió a un sinfín de citas internacionales con España. "Si le preguntabas por su mejor recuerdo, sin embargo, te decía que era el ascenso del Celta en Sestao porque después todo se había mercantilizado. Así era Genaro", asegura Rey.

Borrás acabó pasándose al pádel, donde tampoco consiguió batir a Rey, a quién incluso ayudó a ganar algunos títulos más en tenis: "Recuerdo la final del campeonato gallego mixto en 2006, en el Club de Campo. En semifinales realicé un mal gesto con la rodilla y se me hinchó. Media hora antes de la final me lo encontré y le dije que no podría jugar. Pidió una jeringuilla y me sacó un litro de líquido del derrame. Jugué y ganamos, gracias a Tamara (Aranda, su actual pareja), y conmigo tirando globos":

Rey, por su parte, ayudaba a Borrás a colmar sus pasiones tenísticas. "Él quería ir a Wimbledon, pero siempre le coincidía con la selección. Su mujer, Ana, quiso hacerle un regalo por su aniversario. Le conseguí entradas para el torneo de Montecarlo. Desde allí me mandó un mensaje: 'Aquí muchos corren como locos detrás de la pelota y uno juega al tenis'". Borrás se refería a Federer: "Era un purista".

Fue en otro torneo, en el Masters de Madrid, cuando Rey le notó una extraña tos. "Al poco me dijeron que le habían descubierto un cáncer de pulmón". Meses después, el 15 de mayo de 2008, fallecía. "A Genaro, cuando empezamos a competir en la categoría +35 de squash, la palabra veterano le fastidiaba. Era un coqueto nato", asegura Rey, "Es de esas personas cuya muerte te choca más. Pero si lo pienso, tampoco soy capaz de imaginármelo viejo".

Cuarenta años de amistad quedaron truncados aquel día, convertidos en memoria. Fernando Rey intenta explicar la consistencia de su relación: "Quizás se debía a que éramos polos opuestos. Él era espartano, muy metódico; yo, noctámbulo. Yo soy radical; él tenía mano izquierda para dar y tomar. Con los años he reflexionado sobre ese rasgo de su carácter. Genaro se casó con una chica, María, de los Montenegro de Bouzas, que se habían ido a Canarias por la pesca. Una chica encantadora, a la que le dio un aneurisma con veintipocos. Hubo que operarla. Solo tenía un diez por ciento de posibilidades de sobrevivir. Ella recuperó la consciencia durante los dos días previos a la operación. Se la llevaron al quirófano. Y no volvió. Este hecho marcó de tal forma a Genaro que todo lo demás siempre le parecía relativo" y concluye, emocionado: "Era un tío impresionante? Impresionante".

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